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CANTO DÉCIMOCUARTO

solamente para nosotros, y algún día recibiréis la muerte de este mismo modo. Mirad á Prómaco, que yace en el suelo, vencido por mi pica, para que la venganza por la muerte de un hermano no sufra dilación. Por esto el hombre que es víctima de alguna desgracia, anhela dejar un hermano que pueda vengarle.»

486 Así se expresó. Sus jactanciosas frases apesadumbraron á los argivos y conmovieron el corazón del aguerrido Penéleo, que arremetió contra Acamante; pero éste no aguardó la acometida. Penéleo hirió á Ilioneo, hijo único que á Forbante—hombre rico en ovejas y amado sobre todos los teucros por Mercurio, que le dió muchos bienes—su esposa le pariera: la lanza, penetrando por debajo de una ceja, le arrancó la pupila, le atravesó el ojo y salió por la nuca, y el guerrero vino al suelo con los brazos abiertos. Penéleo, desnudando la aguda espada, le cercenó la cabeza, que cayó á tierra con el casco; y como la fornida lanza seguía clavada en el ojo, cogióla, levantó la cabeza cual si fuese una flor de adormidera, la mostró á los teucros, y blasonando del triunfo, dijo:

501 «¡Teucros! Decid en mi nombre á los padres del ilustre Ilioneo que le lloren en su palacio; ya que tampoco la esposa de Prómaco Alegenórida recibirá con alegre rostro á su marido cuando, embarcándonos en Troya, volvamos á nuestra patria.»

506 Así habló. Á todos les temblaban las carnes de miedo, y cada cual buscaba adonde huir para librarse de una muerte espantosa.

508 Decidme ahora, Musas que poseéis olímpicos palacios, cuál fué el primer aquivo que alzó del suelo cruentos despojos, cuando el ilustre Neptuno, que bate la tierra, inclinó el combate en favor de los aqueos.

511 Ayax Telamonio, el primero, hirió á Hirtio Girtíada; Antíloco hizo perecer á Falces y á Mérmero, despojándolos luego de las armas; Meriones mató á Moris é Hipotión; Teucro quitó la vida á Protoón y Perifetes; y el Atrida hirió en el ijar á Hiperenor, pastor de hombres: el bronce atravesó los intestinos, el alma salió presurosa por la herida, y la obscuridad cubrió los ojos del guerrero. Y el veloz Ayax, hijo de Oileo, mató á muchos; porque nadie le igualaba en perseguir á los guerreros aterrorizados, cuando Júpiter los ponía en fuga.