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CANTO DÉCIMOQUINTO

batalla! Júpiter nos concede un día que lo compensa todo, pues vamos á tomar las naves que vinieron contra la voluntad de los dioses y nos han ocasionado muchas calamidades por la cobardía de los viejos, que no me dejaban pelear cerca de aquéllas y detenían al ejército. Mas si entonces el longividente Júpiter ofuscaba nuestra razón, ahora él mismo nos impele y anima.»

726 Así dijo; y ellos acometieron con mayor ímpetu á los argivos. Ayax ya no resistió, porque estaba abrumado por los tiros: temiendo morir, dejó la cubierta, retrocedió hasta un banco de remeros que tenía siete pies, púsose á vigilar, y con la pica apartaba del navío á cuantos llevaban el voraz fuego, en tanto que exhortaba á los dánaos con espantosos gritos:

733 «¡Amigos, héroes dánaos, ministros de Marte! Sed hombres y mostrad vuestro impetuoso valor. ¿Creéis, por ventura, que hay á nuestra espalda otros defensores ó un muro más sólido que libre á los hombres de la muerte? Cerca de aquí no existe ciudad alguna defendida con torres, que nos proporcione refugio y cuyo pueblo nos dé auxilio para alcanzar una ulterior victoria; sino que nos hallamos en la llanura de los troyanos, de fuertes corazas, á orillas del mar y lejos de la patria. La salvación, por consiguiente, está en los puños; no en ser flojos en la pelea.»

742 Dijo, y acometió furioso con la aguda lanza. Y cuantos teucros, movidos por las excitaciones de Héctor, quisieron llevar ardiente fuego á las cóncavas naves, á todos los mató Ayax con su larga pica. Doce fueron los que hirió de cerca, delante de los bajeles.