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LA ILÍADA

765 Como el Euro y el Noto contienden en la espesura de un monte, agitando la poblada selva, y las largas ramas de los fresnos, encinas y cortezudos cornejos chocan entre sí con inmenso estrépito, y se oyen los crujidos de las que se rompen; de semejante modo teucros y aqueos se mataban, sin acordarse de la perniciosa fuga. Alrededor de Cebrión se clavaron en tierra muchas agudas lanzas y aladas flechas que saltaban de los arcos; buen número de grandes piedras herían los escudos de los combatientes; y el héroe yacía en el suelo, sobre un gran espacio, envuelto en un torbellino de polvo y olvidado del arte de guiar los carros.

777 Hasta que el sol hubo recorrido la mitad del cielo, los tiros alcanzaban por igual á unos y á otros, y los hombres caían. Cuando aquél se encaminó al ocaso, los aqueos eran vencedores, contra lo dispuesto por el destino; y habiendo arrastrado el cadáver del héroe Cebrión fuera del alcance de los dardos y del tumulto de los teucros, le quitaron la armadura de los hombros.

783 Patroclo acometió furioso á los teucros: tres veces los atacó, cual otro Marte, dando horribles voces; tres veces mató nueve hombres. Y cuando, semejante á un dios, arremetiste, oh Patroclo, por cuarta vez, vióse claramente que ya llegabas al término de tu vida, pues el terrible Febo salió á tu encuentro en el duro combate. Mas Patroclo no vió al dios; el cual, cubierto por densa nube, atravesó la turba, se le puso detrás, y alargando la mano, le dió un golpe en la espalda y en los anchos hombros. Al punto los ojos del héroe sufrieron vértigos. Febo Apolo le quitó de la cabeza el casco con agujeros á guisa de ojos, que rodó con estrépito hasta los pies de los caballos; y el penacho se manchó de sangre y polvo. Jamás aquel casco, adornado con crines de caballo, se había manchado cayendo en el polvo, pues protegía la cabeza y hermosa frente del divino Aquiles. Entonces Júpiter permitió también que lo llevara Héctor, porque ya la muerte se iba acercando á este caudillo. Á Patroclo se le rompió en la mano la pica larga, ponderosa, grande, fornida, armada de bronce; el ancho escudo y su correa cayeron al suelo, y Apolo desató la coraza que aquél llevaba. El estupor se apoderó del espíritu del héroe, y sus hermosos miembros perdieron la fuerza. Patroclo se detuvo atónito, y entonces clavóle aguda lanza en la espalda, entre los hombros, el dárdano Euforbo Pantoida; el cual aventajaba á todos los de su edad en el manejo de la pica, en el arte de guiar un carro y en la veloz carrera, y la primera vez que se presentó con su carro para aprender á combatir, derribó á veinte gue-