Página:La Ilíada (Luis Segalá y Estalella).djvu/292

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se detenía y daba grandes voces; pero nunca se retiraba por completo. Como los pastores pasan la noche en el campo y no consiguen apartar de la presa á un fogoso león muy hambriento; de semejante modo, los belicosos Ayaces no lograban ahuyentar del cadáver á Héctor Priámida. Y éste lo arrastrara, consiguiendo inmensa gloria, si no se hubiese presentado al Pelida, para aconsejarle que tomase las armas, la veloz Iris, de pies ligeros como el viento; á la cual enviaba Juno, sin que lo supieran Júpiter ni los demás dioses. Colocóse la diosa cerca de Aquiles y pronunció estas aladas palabras:

170 «¡Sus, Pelida, el más portentoso de los hombres! Ve á defender á Patroclo, por cuyo cuerpo se ha trabado un vivo combate cerca de las naves. Mátanse allí, los aqueos defendiendo el cadáver, y los teucros, acometiendo con el fin de arrastrarlo á la ventosa Ilión. Y el que más empeño tiene en llevárselo es el esclarecido Héctor, porque su ánimo le incita á cortarle la cabeza del tierno cuello para clavarla en una estaca. Levántate, no yazgas más; avergüéncese tu corazón de que Patroclo llegue á ser juguete de los perros troyanos; pues será para ti motivo de afrenta que el cadáver reciba algún ultraje.»

181 Respondióle el divino Aquiles, el de los pies ligeros: «¡Diosa Iris! ¿Cuál de las deidades te envía como mensajera?»

183 Díjole la veloz Iris, de pies ligeros como el viento: «Me manda Juno, la ilustre esposa de Júpiter, sin que lo sepan el excelso Saturnio ni los demás dioses inmortales que habitan el nevado Olimpo.»

187 Replicóle Aquiles, el de los pies ligeros: «¿Cómo puedo ir á la batalla? Los teucros tienen mis armas, y mi madre no me permite entrar en combate hasta que con estos ojos la vea volver, pues aseguró que me traería una hermosa armadura fabricada por Vulcano. Y en tanto, no sé de cuál guerrero podría vestir las armas, á no ser que tomase el escudo de Ayax Telamonio; pero creo que éste se encuentra entre los combatientes delanteros y pelea con la lanza por el cadáver de Patroclo.»

196 Contestóle la veloz Iris, de pies ligeros como el viento: «Bien sabemos nosotros que aquéllos tienen tu magnífica armadura; pero muéstrate á los teucros en la orilla del foso para que, temiéndote, cesen de pelear; los belicosos aqueos, que tan abatidos están, se reanimen, y la batalla tenga su tregua, aunque sea por breve tiempo.»

202 En diciendo esto, fuése Iris, ligera de pies. Aquiles, caro á Júpiter, se levantó, y Minerva cubrióle los fornidos hombros con la égida floqueada y circundóle la cabeza con áurea nube, en la cual