Página:La Ilíada (Luis Segalá y Estalella).djvu/72

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
66
LA ILÍADA

mos al pie de su muralla, consagrada á Marte; mientras que aquéllos perecieron por sus locuras. No nos consideres, pues, á nuestros padres y á nosotros dignos de igual estimación.»

411 Mirándole con torva faz, le contestó el fuerte Diomedes: «Calla, amigo; obedece mi consejo. Yo no me enfado porque Agamenón, pastor de hombres, anime á los aqueos, de hermosas grebas, antes del combate. Suya será la gloria, si los aqueos rinden á los teucros y toman la sagrada Ilión; suyo el gran pesar, si los aqueos son vencidos. Ea, pensemos tan sólo en mostrar nuestro impetuoso valor.»

419 Dijo, saltó del carro al suelo sin dejar las armas, y tan terrible fué el resonar del bronce sobre su pecho, que hubiera sentido pavor hasta un hombre muy esforzado.

422 Como las olas impelidas por el Céfiro se suceden en la ribera sonora, y primero se levantan en alta mar, braman después al romperse en la playa y en los promontorios, suben combándose á lo alto y escupen la espuma; así las falanges de los dánaos marchaban sucesivamente y sin interrupción al combate. Los capitanes daban órdenes á los suyos respectivos, y éstos avanzaban callados (no hubieras dicho que les siguieran á aquéllos tantos hombres con voz en el pecho) y temerosos de sus jefes. En todos relucían las labradas armas de que iban revestidos.—Los teucros avanzaban también, y como muchas ovejas balan sin cesar en el establo de un hombre opulento, cuando al ser ordeñadas oyen la voz de los corderos; de la misma manera elevábase un confuso vocerío en el ejército de aquéllos. No era igual el sonido ni el modo de hablar de todos y las lenguas se mezclaban, porque los guerreros procedían de diferentes países.—Á los unos los excitaba Marte; á los otros, Minerva, la de los brillantes ojos, y á entrambos pueblos, el Terror, la Fuga y la Discordia, insaciable en sus furores y hermana y compañera del homicida Marte, la cual al principio aparece pequeña y luego toca con la cabeza el cielo mientras anda sobre la tierra. Entonces la Discordia, penetrando por la muchedumbre, arrojó en medio de ella el combate funesto para todos y acreció el afán de los guerreros.

446 Cuando los ejércitos llegaron á juntarse, chocaron entre sí los escudos, las lanzas y el valor de los hombres armados de broncíneas corazas, y al aproximarse las abollonadas rodelas se produjo un gran tumulto. Allí se oían simultáneamente los lamentos de los moribundos y los gritos jactanciosos de los matadores, y la tierra manaba sangre. Como dos torrentes nacidos en grandes manantiales se despeñan por los montes, reunen las fervientes aguas en hondo ba-