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La bruja del ideal

Despierto jamás hubiera concebido el asunto, ni vislumbrado las formas bajo las cuales se presentó á mi mente dormida el sueño que ahora apénas acertaré á expresar con una torpe pluma, á la que faltan los colores y la vida que animaron mi encantada vision.

Hasta dudo si tengo el derecho de firmar este escrito, de cuya inspiracion soy irresponsable. ¿Por qué no? Si la vida es un sueño que se efectúa, y el sueño una vida que se imagina; si las ideas son sueños de un despierto y el sueño ideas de un dormido; si sueño y verdad son cuasi sinónimos en una existencia en que lo real y lo ideal apénas tienen trazados sus linderos y determinada su esencia; si pensar y soñar tienen cierta identidad, son funciones de un mismo objeto, con distintos accidentes; en fin, si fué mi cerebro, mi yo el que imaginó dormido lo que ahora expongo despierto, bien puedo reclamar la gloria ó censura como autor, sin necesitar justificar la legitimidad y procedencia de mis inspiraciones.

Suponian los Romanos que los sueños verdaderos salian por una puerta de cuerno, los falsos por una puerta de marfil, y que el laurel inspiraba los sueños de la inmortalidad. Mi sueño ha entrado por la puerta de una prosáica almohada, pero me ha ofrecido una cosa más grande que la inmortalidad: la felicidad de un momento, cuyo recuerdo indeleble é inefable vivirá en mi corazón con más fuerza que el recuerdo de las más bellas realidades de mi vida. Dicho esto, vamos al cuento soñado, ó al sueño contado, que ámbas cosas puede ser.


II.

Hallábame yo sin saber cómo ni cuándo, ni por qué, en medio de un campo delicioso. Las admirables descripciones del inmortal poema de Milton apénas podrian dar una idea de aquel espléndido paraiso por donde yo vagaba, libre como el Adan bíblico, salvo el traje y la inocencia, y perdido como Dante en medio del camino de la vida.

Si Milton no podria pintar aquel Eden de mi sueño, ménos lograria yo hacerlo amontonando esas consabidas frases de aves canoras, susurros del aura, besos del céfiro, tapiz de la pradera, murmullo del arroyuelo; frases que son las vulgares lantejuelas