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LAS FUERZAS EXTRAÑAS

plantas que por mi intermedio consiguió, entre otras la jarilla cuyas propiedades emenagogas habíale yo descripto, dieron pie para una súplica á que su amabilidad defirió de buen grado. Le pedí autorización para asistirá sus experimentos, siendo testigo de ellos desde entonces.

Tenía el doctor, en el pasaje X, un laboratorio al cual se llegaba por la sala de consultas. Todos cuantos le conocieron, recordarán perfectamente éste y otros detalles, pues nuestro hombre era tan sabio como franco y no hacía misterio de su existencia. En aquel laboratorio fué donde una noche, hablando con el doctor sobre las prescripciones rituales que afectan á los cleros de todo el mundo, obtuve una explicación singular de cierto hecho que me traía muy atareado.

Comentábamos la tonsura, cuya explicación yo no hallaba, cuando el doctor me lanzó de pronto este argumento que no pretendo discutir:

—Sabe usted que las exhalaciones fluídicas del hombre, son percibidas por los sensitivos en forma de resplandores, rojos los que emergen del lado derecho, azulados los que se desprenden del izquierdo. Esta leyes constante, excepto en los zurdos cuya polaridad se trueca, naturalmente, lo mismo para el sensitivo que para el imán. Poco antes de conocerle, experimentando sobre ese