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LAS FUERZAS EXTRAÑAS

ciones físico-químicas mucho más poderosas y complicadas que la suya (como que él es una en el planeta) supone una inteligencia mucho más vasta, así sea ella la causa (esplritualismo) ó el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?

¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto como ser, que el planeta—el ser enorme—en el cual aquél no es sino una célula?...[1].

Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante del asunto.

Si la radioactividad de la materia en forma de luz, calor, electricidad, olor, sonido, es un trabajo de regreso hacia la energía absoluta, percibir esas manifestaciones por medio de los sentidos es incorporarlas á dicha energía, es decir al pensamiento. Esto explica á la vez la percepción y la naturaleza etérea (radioactividad absoluta) del pensamiento. De aquí que el mejor aparato para apoderarse de la energía etérea, sea el hombre, que al llevarla en sí está en ella y es ella, como entidad espiritual naturalmente.

Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo fenómeno olfatorio ó gustativo, son trabajos de desintegración de la materia, y toda percepción

  1. El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.