Página:Los ladrones de Londres.djvu/110

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— 106 — ―— Allá lo veremos. -― dijo Mr. Brownlow procurando ocultar su despecho. ― Si; allá lo veremos. —― repuso Grimwig con sonrisa burlo na — Allá lo veremos! Como si la suerte lo hubiera dispuesto á propósito, en medio de este altercado entró la señora Bedwin trayendo un paquete de libros que aquella misma mañana Mr. Brownlow habia comprado al mismo vendedor de libros viejos que ha figurado ya en esta historia , el que depositó sobre la mesa y se dispuso á salir del aposento. Decid al muchacho que espere Señora Bedwin. ―dijo Mr. Brownlow. ―Tiene que volverse algo. ­-Se ha marchado. ―Llamadle, que importa. Ese hombre no es rico y sus libros no están pagados: tambien tiene que volverse otros. La puerta fué abierta. Oliverio corrió por un lado y la cria da por otro mientras desde el lindar la Señora Bedwin llamaba al muchacho; pero este estaba ya muy lejos y Oliverio y la criarla volvieron sofocados sin haber podido alcanzarla. ―— Lo siento mucho. ­― esclamó Mr. Brownlow - hubiera querido que esos libros hubiesen sido devueltos esta misma tarde. ——Devolvedlos por medio de Oliverio. ―dijo Grimwig con malicia ― Estais seguro que los devolverá fielmente. - Oh! si , señor ! Permitid que los devuelva: os lo suplico — dijo Oliverio — Correre todo el camino y pronto estaré de vuelta. Mr. Brownlow iba á contestar que no debía salir fuera por lo que fuera, cuando una mirada maligna de su viejo amigo le decídió á dejar partir al niño, para que por un pronto regreso probase al momento a este último la injusticia de sus sospechas , sobre ese punto al menos. Pues bien! Si; ireís amigo mio. ―dij0 Mr. Brownlow Los libros están sobre una silla de mi despacho; subid á buscarlos. Oliverio ufano de poder hacerse útil, volvió con mucha dili-