Página:Los ladrones de Londres.djvu/29

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No lo dudo. ­—-dijo el magistrado fijando sus anteojos en la punta de las narices, y buscando con la vista el tintero,

Este era el momento crítico para la suerte de Oliverio, Si el tintero hubiese estado en el sitio en que le creia el magistrado, indudablemente hubiera sumerjido en el su pluma, hubiera firmado el acta, y Oliverio hubiera sido llevado sin mas dilacion; pero como cabalmente estaba bajo sus ojos, es de aqui que naturalmente lo buscó por todo el pupitre sin poder encontrarlo. En esta pesquiza fijó la vista en linea recta ante si y su mirada se encontró con el rostro pálido y lívido de Oliverio, quien apesar de los guiños significativos y las advertencias edificantes de Mr. Bumble, que continuaba en pelliznarle, contemplaba con una espresion de horror mezclada de espanto la fisonomía repugnante de su futuro patron. Esta espresion era demasiado signifícativa para que un magistrado por ciego que fuera dejase de apercibirla.

El viejo cesó en sus pesquizas; dejó su pluma sobre la mesa y miró alternativamente á Oliverio y á Mr. Limbkins, quien tomó un polvo afectando un aire candido é indiferente á la vez. ­ Hijo mio!― dijo el magistrado inclinándose sobre el pupitre.

Oliverio Se estremeció al sonido de esta voz. En ello tenia escusa; estas palabras eran dictadas por la benevolencia, y ordinariamente los sonidos estraños nos espantan. Tembló de pies á cabeza y rompió en copioso llanto.

―Hijo mio!-—prosignió el magistrado—estais pálido y pareceis espantado!

Decid; que teneis?

Oliverio cayó de rodillas, juntó sus manos y esolamó con tono suplioante:

Volvedme a la prision, al aposento negro! Dejad que me muera de hambrem azotadme, matadme si quereis; pero por piedad, no me envieis con ese hombre espantoso!

No esperaba menos!-dijo Mr, Bumble elevando los ojos