Página:Los zapatos colorados.djvu/38

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido validada
36
ANDERSEN.

 Y el maldito gato se acercó de nuevo á la jaula y volvió á mirar fijamente al pajarillo que revoloteaba lleno de espanto prorumpiendo en gritos lastimeros. « ¿No hay nadie en casa? gritaba tambien Juan; ¿ no hay nadie en la vecindad que pueda venir á socorrernos?

 No parecía sino que el gato adivinaba lo que estaba pasando, pues encorvó el espinazo para dar el salto. Juan agarró la manta de la cama y la agitó para ahuyentar al animal; luego se la arrojó, pero sin lograr que se alejase, ántes bien, saltó sobre una silla y de allí al antepecho de una ventana junto á la jaula.


Los zapatos colorados pg 38.jpg
...dió Juan un agudo chillido.


 La sangre hervia en las venas del pobre enfermo que no pensaba mas que en el riesgo que corria su querido pajarito y en el atrevimiento cruel del gato.