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MÉXICO.

do su opinión en Gomara y Bernal Díaz, se aventura a diferir con Clavijero. Díaz dice que hubo solo una y aquellos que leen su obra, en el original, no dejará de ser impresionados con el aire de precisión y de verdad con la que se da toda la historia de ese valiente antiguo soldado de principio a fin.

No se trata, sin embargo, de que hubo al menos una torre, elevada a casi cincuenta y seis pies de altura. Estaba dividida en tres pisos, la baja de piedra y mortero; las otras de madera, perfectamente forjado y pintado. La parte inferior de este edificio era el santuario; donde, Díaz refiere, que había dos altares altamente adornados erigidos para Huitzilopochtli y Tezcatlipoca, sobre los cuales las imágenes del ídolo estaban colocadas en estado.

Ante de estas torres, o torre, en dos jarrones o altares, "tan altos como un hombre," se mantenía un fuego día y noche, y su extinción accidental era temida, como augurio de la ira del cielo.

Además de este gran Teocalli, había otros cuarenta templos dedicados a los dioses, dentro de la zona de la pared cubierta de serpiente. Había un Tezcacalli, o "Casa de los espejos," cuyas paredes estaban cubiertos con materiales luminosos brillantes. Allí estaba el Teccixzcalli, una casa adornada con conchas, a la que el soberano se retiraba a veces para ayunar, solitud y oración. Había templos para Tezcatlipoca, Tláloc y Quetzalcóatl—el Santuario de este último era circular, mientras que los de los demás eran cuadrados, "La entrada" dice Clavijero, "a este santuario era por la boca de una enorme serpiente de piedra, con colmillos; y los españoles que, tentados por su curiosidad, se aventuraron a entrar, después confesaron su horror cuando contemplaron el interior." Se dice que entre estos templos había uno dedicado al planeta Venus; y que sacrificaban presos, en el momento de su aparición, ante de un gran pilar, en el que estaba grabada la figura de una Estrella.

Los colegios de los sacerdotes y sus seminarios, fueron igualmente diversos y tal vez numerosos; "pero sólo cinco son particularmente conocidos, aunque deben haber más, por la prodigiosa cantidad de personas que se encontraron en ese lugar consagrado al culto de los dioses".

Además de estos edificios de retiro religioso y aprendizaje, hubo una casa de entretenimiento para dar cabida a extraños de eminencia, que vinieron piadosamente para visitar el templo o para ver la "grandiosidad de la Corte". Había estanques, donde los sacerdotes se bañaban a medianoche, y muchas hermosas fuentes, una de las cuales era considerada sagrada y sólo usada en las fiestas más solemnes.

Luego había jardines donde se cultivaban hierbas de olor dulce y flores para la decoración de los altares, y en las que alimentan los pájaros utilizados en sacrificios a ciertos ídolos. Se dice que hubo incluso un pequeño bosque o arboleda llena de "colinas, rocas y precipicios," desde que, en una de sus fiestas solemnes, los sacerdotes hacían imitaciones de persecución.

Sin entrar en una descripción más amplia de los templos mexicanos y la vida, carácter y ocupaciones del sacerdocio, concluiré