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MÉXICO.

Además de esto, el follaje es mas lleno, los bosques más gruesos, el cielo más suave, y todo da indicios de la influencia de un clima tropical e insulso.

Una curva de la carretera alrededor de un precipicio, nos reveló la ciudad de Cuernavaca, situada más allá del bosque en el regazo del Valle, mientras que en el este las montañas se perdieron en la llanura, como una línea distante del mar. Nuestro grupo se reunió, el anuncio de la primera vista de nuestro puerto de destino para la noche. Los novatos en viaje mexicano decidieron, que no podía estar más de un par de leguas de lejos; pero el camino fue largo fue el cansado camino, descendiendo y descendiendo, sin apenas percibir disminución de distancia, antes de llegar a la ciudad.

En el transcurso de esta tarde pasamos por varios pueblos indios y vimos mucha gente trabajando en los campos por el lado de la carretera. Dos cosas me impactaron: primero, las casuchas miserables en que se alojan los indios, en comparación con las cuales una perrera decente en casa sería un hogar confortable; y segundo, el hecho de que este, aunque es sábado, no era día de reposo para estas personas que siempre trabajan, pero pobres y sin economía. Muchas de las criaturas miserables estaban ¡bajo un techo de paja, puesto sobre la tierra con un agujero en un extremo para arrastrarse dentro!

¿Cuál puede ser el beneficio de una forma republicana de Gobierno para masas de tal población tan? No tienen ninguna ambición para mejorar su condición, o en un país tan rico podría mejorar; están contentos de vivir y acostarse como bestias del campo; no tienen ninguna capacidad para autogobernarse, y no pueden tener ninguna esperanza, cuando una vida tan dura no permite evitar tal miseria. ¿Es posible que estos hombres se conviertan en republicanos? Me parece que la vida de un negro, con un buen amo, en nuestro país, está mucho mejor que la degradación bestial de los indios aquí. Con nosotros, él es al menos un hombre; pero en México, aun los instintos de su naturaleza humana apenas se conservan.

Es cierto que estos hombres son libres y tienen incuestionable libertad, después de levantar su cosecha de frutas o verduras, para trotar con él cincuenta o sesenta millas, a pie al mercado, donde el producto de su trabajo es, en pocas horas, gastado, en la mesa de juegos de azar o la pulquería. Después de esto tienen la libertad, tan pronto son sobrios, a trotar nuevamente a sus perreras en las montañas, si antes no son lazados por algún Sargento de reclutamiento y obligados a ser "voluntarios" en el ejército. Pero ¿cuál es el valor de dicha libertad sin propósito o el valor de la vida de tan sin propósito? No hay un solo ingrediente de un espíritu noble y altivo de campesinos de montaña en ellos. Mezclados en sus razas, han sido esclavizados y degradados por la conquista; molidos a un servilismo abyecto durante el Gobierno Colonial; con espíritus corruptos por los ritos supersticiosos de un sacerdocio ignorante; y ahora, sin esperanza, sin educación, sin otro interés en su bienestar, que el de algún