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MÉXICO.

Sin embargo, no existe un corazón más amable, en la tierra; que para él y su esposa mexicana, estoy en deuda por muchas horas agradables, encantadas por la música exquisita de la una y la historia de aventuras salvajes del otro.

TEXCOCO.

8 de octubre. Nos levantamos temprano. Cada síntoma de la tormenta de ayer fue barrido del cielo—un día claro y hermoso, suave como nuestro junio.

Después del desayuno salimos a hacer arreglos para nuestro viaje a Teotihuacán, pero nos enteramos que la persona que nos proporcionaría caballos había ido en una expedición a capturar un toro a una hacienda vecina. Por lo que, resultó, imposible hacer cualquier excursiones a los alrededores, este día, nos entretuvimos paseando por la ciudad y ver todo lo que es interesante en el tema de investigación antigua.

En la época de la conquista, Texcoco era la segunda ciudad del Imperio Mexicano; y lo que debió haber sido en el esplendor y vastedad, puede ser juzgados desde el relato que he dado de la Capital propia. Situado, entonces, en la orilla del lago, (el lugar desde el cual Cortez lanzó sus bergantines cuando invadió México por agua,), entonces, tal vez se parecía a Pisa tanto en poder como importancia; pero todo rastro de su antiguo esplendor ha desaparecido, y se ha reducido a poco más que un pueblo respetable, donde unos pastores, pescadores y agricultores se han unido para protección mutua y tráfico. La gran Plaza está desierta y silenciosa—la gente atiende sus tiendas y casas como en días festivos—una quietud universal descansa sobre toda la ciudad—y una apatía general parece prevalecer tanto en relación con el presente como el futuro.*

Particularmente me sorprendió con una mala cosa del carácter de los Texcocanos—un desprecio por sus muertos. Al pasar por la parte occidental de la ciudad llegamos a la iglesia parroquial, que estaba siendo reparada. Al entrar en la plaza enfrente, tropecé con un cráneo humano; un poco más lejos, encontré los nichos en los muros llenos de ellos;— el piso del edificio estaba tomado, las sepulturas habían sido limpiadas y rascadas, sin embargo aún había muchos restos humanos repartidos en la parte inferior y el hedor era intolerable. Toda la superficie del patio estaba sembrada con costillas y huesos de fémur—mandíbulas bajas—dientes—y fragmentos de cráneos y una enorme pila de ricos moldes negros, moteado con huesos humanos, teas tiradas en una esquina—con el contenido de los sepulcros dentro.

* Cuando Cortéz entró en la ciudad de Tezcoco, el último día del año 1530, los nobles salieron a reunirse con él, y lo condujeron a uno de los palacios de los finado rey Nezahualtcoyotl, que era lo suficientemente grande segun el conquistador, "para contener no sólo los seiscientos españoles que estaban ahí, sino también muchos más.—Clavigero, libro x, vol. 2, p. 133.