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MÉXICO.

las cualidades de estos hombres, están de acuerdo con una estimación alta del soldado mexicano, aunque no piensan asi del oficial mexicano. Esto con toda probabilidad, surge de la forma irregular en la que las personas llegan al comando y la falta de educación solderesca y disciplina. Los oficiales han sido, muy frecuentemente, tomados de pronto de la vida privada o actividades no bélicas y de repente se encuentran a la cabeza de las tropas, sin un conocimiento de sus funciones, en la barraca, campamento o campo, o una estimación debida de las virtudes de obediencia, y de que coraje disciplinado derivado de una autosuficiencia perfecta en cada situación de emergencia. Ha sido el resultado de este lamentable estado de cosas, que, en los conflictos con los tejanos, mientras que los hombres a menudo parecían deseosos de luchar, carecían de oficiales que estaban dispuestos a llevarles de lleno al combate (mêlée).

No puede imaginar nada más extraño, que la manera en que este ejército es reclutado. Tal vez se necesitaban unos hombres para completar una nueva Compañía, y un sargento con su guardia se envía inmediatamente a inspeccionar los indios y mestizos vecinos. El subalterno encuentra una docena o más trabajando en los campos; y, sin siquiera la formalidad de una solicitud, inmediatamente escoge a sus hombres y les ordena a las filas. Si intentan escapar o resistir, son inmediatamente lazados; y, al anochecer, todo el grupo marcha, amarrados en pares, al cuartel del pueblo o la guarnición del Palacio, con una procesión larga y lúgubre de esposas e hijos, llorando y aullando por la pérdida de sus parejas maritales. Al día siguiente los "voluntarios" son entregados al Sargento de entrenamiento; y a menudo se ríen muy efusivamente del singular grupo presentado por estos soldados recién capturados, en su primer desfile bajo su tutor militar Solo la mitad de ellos siempre son indios y el resto, probablemente, léperos. Uno tiene un par de pantalones, pero sin camisa; otro una camisa y un par de calzones; otro se esconde, tanto como puede, bajo su manta y sombrero de ala ancha; otro tiene calzones y una gorra militar. Pero el objeto de aspecto más ridículo que recuerdo haber visto en México, fue un gordo y grasiento lépero, que había logrado conseguir un par de pantalones que sólo alcanzaba sus caderas y se mantenían por una correa alrededor de su lomo, junto con un antiguo abrigo de uniforme demasiado corto para él tanto en las mangas como en el frente. ¡Como no tenía la suerte de poseer una camisa, un vasto continente de estómago relucía brillante al sol entre las nada sociables prendas! ¡Mantenía cabeza, soportada por un cuerpo alto, más alta que cualquier hombre en la escuadra y marchaba magníficamente—especialmente en el "paso cerrado!"

El entrenamiento de estos hombres es constante y severo. El sargento es generalmente un soldado bien entrenado y consiste en el uso de dura vara ante el menor síntoma de negligencia. En pocas semanas, después de que las nuevas tropas adquieren la rutina normal del deber, se les da uniforme, desfilan por las calles, y apenas creería jamás que fueron