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CARTA XXXIII.


PROSPECTOS POLÍTICOS DE MÉXICO.

Hay en México solo dos clases importantes de personas, sin ningun grupo numeroso y distintivo de abogados o comerciantes iluminados, quienes, junto con los educados y respetables mecánicos y agricultores, podrían contrarrestar la influencia de la Iglesia y el ejército.

Casi cada hombre respetable que se encuentra en las calles, lleva algunas insignias militares en su persona; y cuando las tropas están fuera, con frecuencia las encontrará comandada por muchachos imberbes de no más de quince o dieciséis años. De esta manera, las familias importantes y extensas conexiones están protegidas por un patrocinio que ascendió en el año de 1841, (como hemos visto,) a la enorme suma de ocho millones de dólares.

La otra clase importante (pero con menor poder,) está compuesto por el clero, quienes,—recordarán las estadísticas ya registrada en estas cartas,—han acumulado una gran parte de los bienes inmuebles de la República, además de la inmensa riqueza personal que hincha sus arcas.

Así, entre el ejército y la iglesia, (uno por la influencia directa de autoridad y fuerza y la otra con armas espirituales tan temibles) toda la nación es dominada por solo dos influencias, mientras que el fuerte de la población es demasiado ignorante y desunida, y los hombres de riqueza y educación son demasiado indolentes o pacíficos, para intervenir en nombre del progreso democrático de su país. Se advierte este doble dominio por el constante sonido de tambor y campana, que suena en los oídos de mañana a medianoche y ahoga los sonidos de industria y trabajo.

Pronto se percibirá, que, en tal estado de la sociedad, no hay nadie para expresar una desinteresada opinión pública en favor de instituciones realmente libres, ni para sostenerlas con energía varonil.

Confieso que he estudiado la historia de sus conmociones civiles sin satisfacción, en busca de las causas de esta situación política de México. Siempre me han parecido (como dije antes,) que son completamente sin propósito y más bien trastornos momentáneos que revoluciones bien planeadas. Han sido totalmente sin progreso y un principio nunca forzado o decidido.

El resultado es, que en tal sistema tan torpe de luchas, las personas no ha tenido ni paz ni progreso, mientras una incesante conmoción