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MÉXICO.

Naciones, habituadas a ser gobernadas durante siglos no pueden gobernarse a si mismas en un minuto. Las personas deben aprender a pensar por sí mismos y, para ello, debe ser instruido. La agricultura debe ser apreciada, y los agricultores ser elevados en la sociedad;—para hacerse ricos por su trabajo y cultivados por el estudio. La clase mecánica debe ser ambiciosa de ser algo más que el mero siervo de necesidades del capitalista;—en fin, todas las clases deben quitarse de encima ese letargo, que, derivados de viejos hábitos, o de un clima enervante, los hace sirvientes del momento, y contentos con existencia desnuda.

Como la agricultura del país está principalmente en manos de ricos propietarios y de la iglesia, esa rama de independencia no tiene ninguna influencia general. La masa de la clase mecánica es extremadamente pobre, e indescriptiblemente ignorante; grandes porciones de otras clases son avariciosamente jugadoras y fanáticas, mientras que sobre todas se extiende ese poder espiritual, que todavía ejerce una influencia poco inferior al ejército.

Tal población,—ignorante, pobre y servil,—se interesa poco en política; y está a merced de ser gobernada sabiamente y con justicia. Si los salarios son buenos y cosechas abundantes, el granjero y mecánico están contentos, siempre que los impuestos no son altos. En un suelo que produce tan fácil y abundantemente y a una temperatura tan buena, los hombres son naturalmente indolentes. Es más fácil, así provistos con lo necesario para vivir, ser gobernado que gobernar,—sobre todo, si no sienten la presión de la corona, o los golpes del cetro. Son, por tanto, dóciles, tranquilos y listos a pasar de un jefe a otro sin consulta. Además de esto, siempre hay que recordar, que México es de todos los países civilizados quizás el menos accesible, tanto desde el extranjero como de su interior;—sus costas devastadas por fiebres peligrosas; su territorio amontonado en un istmo entre dos grandes continentes en el norte y el sur y dos grandes océanos al este y oeste. Se puede literalmente llamar como una nación colgando a los lados de la montaña; el Atlántico atronando su base por un lado y el Pacífico por el otro; sin vapores, ferrocarriles o medios para la fácil transmisión de documentos—por los que no sólo las noticias del día y de todo el mundo podrán transmitirse a cada cabina de sus bosques; pero por lo que las personas pueden viajar, fácil y barato y así convertirse en tejido de amistad, familia y amables relaciones. Es un asunto de tanta importancia hacer un viaje de un centenar de millas,*[1] como era con nosotros durante la revolución; ¡ya que no sólo están obligados a viajar en lentas carretas, por malos caminos en mulas y caballos, pero deben ir acompañados de una horda de sirvientes y animales cargados, una montaña de ropa de cama, equipaje y utensilios de cocina y, además, ser vigilados por temor de los ladrones! Así, mientras que no hay ninguna intercomunicación extensa, hay menos quizás desde el extranjero; y, por supuesto, las opiniones de Europa y América solo pueden tener poca influencia sobre una nación

  1. * El año pasado sólo mil ciento nueve personas llegaron como pasajeros a Veracruz, y cuatrocientas cincuenta y nueve dejaron ese puerto, por lo que el promedio de aumento de la población por inmigración fue de solo seiscientos catorce a través de esa ciudad.