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MEXICO.

la ALAMEDA, un paseo de jardín tranquilo y retirado al que caballeros y doncellas usan antes del atardecer, para un paseo a la vista de los volcanes de Iztaccíhuatl y Popocatépetl, que enlaza la perspectiva hacia el oeste con sus cumbres de nieve eterna. Cerca del centro de la ciudad esta la gran plaza. Está rodeada en dos lados por edificios erigidos en arcos a través del cual la población circula como en Bolonia. En el lado norte se encuentra el Palacio del gobernador, ahora lleno de tropas; y directamente en frente está la Catedral, igual quizás en tamaño a la de México, pero se elevada sobre una plataforma de unos diez metros por encima del nivel de la Plaza, tiene mejor relieve y destaca entre los edificios colindantes con más audacia y grandeza.

Esta iglesia es, en todos sus detalles y arreglos la más magnífica en la República; y aunque no deseo ocupar el tiempo con una descripción de edificios religiosos, aun, con miras a otorgar cierta idea de la riqueza de este importante establecimiento en un país donde el sacerdocio sigue siendo muy poderoso, me aventuro a comentar sobre algunos de esos objetos que impactan el ojo de un viajero transitorio.

Se trata de esta catedral, me han dicho, que hay una leyenda de Puebla, que afirma que mientras estaba en proceso de construcción, creció misteriosamente durante la noche tanto como los albañiles lo habían hecho durante el día. Esto se dijo que era la labor de los Ángeles, y por lo tanto, la ciudad ha adquirió el Santo nombre de "Puebla de los Ángeles". Esto, sin embargo, sea como sea, la iglesia, aunque tampoco es exactamente digno de la divina concepción y ejecución, ni un milagro del arte, es de muy buen gusto y una de las mejores muestras de arquitectura que vi en México.

El material es basalto azul; las piedras son cuadradas por cincel; las uniones claramente señaladas; y todo tiene la apariencia de gran solidez, siendo apoyado por contrafuertes masivos y terminadas al occidente por altas torres llenas de campanas de tonos dulces y variados. Entre las Torres está la entrada principal, sobre el cual hay una escultura masiva de la historia de las escrituras en piedra y moldeada.

Entrando por este portal, el edificio, aunque alto y extenso, tiene su efecto enormemente empañado por las erecciones en la cripta, altar y coro, que llenan el edificio cerca del techo abovedado y elevado. Como de costumbre, la iglesia se divide en tres partes por hileras de masivas columnas. Fuera de estos, bajo los arcos inferiores, están los pasillos y en la pared están empotradas las capillas menores, por así decirlo, entre columnas, proyectadas desde el edificio principal por una baranda grácil y bonitas puertas de hierro forjado. Un riel similar también encierra el coro y otras partes del edificio; y todo, pintada de verde, es recogido con adornos dorados.

Desde el centro de la inmensa cúpula cuelga el gran candelabro- una masa pesada de oro y plata. Pesa toneladas. La suma en que se valora no mencionaré; pero puede juzgar su medida y precio por el hecho de que, cuando fueron limpiados minuciosamente hace algunos años, solo el costo de su purificación ascendió a ¡cuatro mil dólares!

El gran altar, también es un objeto llamativo. Fue erigido hace unos treinta años por uno de los obispos de Puebla y ofrece la mayor muestra