Página:Mitos y fantasías de los aztecas.djvu/82

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momento histórico y crisis que se vivía en el Anáhuac. Aprendió y usó las formas culturales de los milenarios pueblos del Anáhuac, para sorprenderlos con su mente criminal y rapaz. Cortés a cada paso que daba se jugaba la vida, con los españoles y con los indígenas, debido a que a los dos engañó y traicionó.

La mentira de que él era el embajador y capitán de Quetzalcóatl, y que éste lo había enviado desde el otro lado del mar, del Oriente, para entrevistarse con las autoridades de México Tenochtitlán para rectificar las reformas de Tlacaelel. Primero, le daban el estatus de representante de la divinidad ancestral del Anáhuac. Cortés se aprovechó y abusó de ese estatus con los pueblos originarios que creían en “su palabra”. Segundo, además que una serie de “casualidades y confusiones”, presagios y símbolos se conjuntaron para que fuera creído su discurso. Tercero, el mezclar y confundir a propósito la figura de Quetzalcóatl con el rey de España. La religión cristiana con la religión de Quetzalcóatl, que esencialmente tienen los mismos valores y el mismo mensaje. Y el afirmar reiteradamente que se estaba cumpliendo la profecía tan esperada por unos y tan temida por otros, del regreso de Quetzalcóatl.

Cortés y su banda de forajidos fueron tratados como embajadores de una divinidad. Escuchados y creídos sus falaces argumentos que siempre buscaron enfrentar y dividir a los pueblos originarios que vivían un momento de decadencia, divisionismo y fatalismo.

Las intrigas de Cortés.

Por todo lo anterior, la fortaleza de Cortés era la debilidad de los pueblos del Anáhuac. La historia hispanista nos pinta a un prohombre, un héroe de la civilización judeocristiana luchando con un puñado de “valerosos soldados” por la grandeza de la corona española y la expansión de la religión católica.

Abriendo “las puertas de la historia” a una de las gestas

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