Página:Obras poéticas de Campoamor.djvu/39

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pues se deshace al tocarlo,
como la dicha de un sueño.

 De alguna sé que la palma
ganar en la lid podria...
Mas cesa, esperanza mia,
no así me inquietes el alma,

 Que no han de empañar ahora,
al recordar mis amores,
otras lágrimas las flores
que las que les dió la aurora.

 Esa florida guirnalda,
ya despojada de abrojos,
ha de hechizarme los ojos
sobre la tez de una espalda.

 Venid, venid, peregrinas,
matando, niñas, de amores.
Justo es que goceis las flores
alguna vez sin espinas.

 Y no direis que inhumano
vuestro placer no prevengo,
cuando por vosotras tengo
llena de heridas la mano.

 ¿Y á quién, al verla, no asombra
esa guirnalda gentil,