Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/108

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de mundo. Nadie se atreve á ser el mismo: es menester hacer como los demas, es la primera máxima de la sabiduria. Esto se hace, esto no se hace, he aquí la decision suprema. Establecidas asi estas reglas, todo el mundo hace á la vez la misma cosa en las mismas circunstancias: todo se hace por tiempos, como en las evoluciones de un regimiento en batalla, y sin duda podria decirse que somos como otras tantas figurillas clavadas en una misma tabla, ó sujetas con un mismo hilo.

 Bajo cualquier aspecto que se miren las cosas, todo en la sociedad no es mas que charla, fárrago y discursos sin consecuencia. Tanto sobre la escena como en el mundo, en vano se quiere escuchar lo que se dice: nada se aprende de lo que se hace. ¿Y que necesidad hay de aprenderlo? Tan pronto como ha hablado un hombre, ¿se ha informado uno de su conducta? ¿No lo ha hecho todo? ¿No está ya juzgado? El hombre de bien del dia no es el que hace buenas acciones, sino el que dice bellas cosas; y un solo discurso, hecho sin reflexion, puede causar un daño irreparable al que lo pronuncia, que no borrarian cuarenta años de integridad. En una palabra, aunque las obras de