Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/177

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de bien; y la muger mas honesta del mundo quizá es la que menos sabe lo que es honestidad. Pero no es menos cierto que un talento cultivado hace por sí solo el comercio agradable, y ese una cosa bien triste para un padre de familia que se complace en su casa, verse precisado á encerrarse en ella dentro de sí mismo, y no poder hacerse oir de nadie.

 Por otra parte, ¿como educará á sus hijos una muger que no tiene el mas mínimo hábito de reflexionar? ¿Como distinguirá lo que les conviene? ¿Como los dispondrá á las virtudes que no conoce, ó al mérito de que ninguna idea tiene? No sabrá mas que adularlos ó amenazarlos, hacerlos insolentes ó timidos: hará de ellos unos monos adiestrados, ó unos pillos atolondrados; jamas buenos talentos, ni hijos amables.

 No conviene pues á un hombre de educacion unirse á una muger que no la tenga, ni por consiguiente de un rango en que no podria tenerla; pero yo querria cien veces mejor una jóven sencilla y educada groseramente, que una erudita coqueta que viniese á establecer en mi casa un tribunal de literatura del que ella fuese la presidenta.