Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/217

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 Pero generalmente el hombre no está destinado á permanecer en la infancia. Sale de ella al tiempo prescrito por la naturaleza, y este momento de crisis, aunque bien corto, tiene influencias muy largas.

 Asi como el bramido del mar precede de lejos á la tempestad, asi esta tempestuosa revolucion se anuncia por el murmullo de las nacientes pasiones. Una sorda fermentacion avisa de que el peligro se acerca. Mudanza en el genio, frecuentes enfados, una continua agitacion de ánimo, hacen casi indisciplinable al niño: se hace sordo á la voz á que ántes era dócil; es un leon con la calentura. A los signos morales de un genio que se altera se unen mudanzas sensibles en su figura. Se desenvuelve su fisonomía, y se imprime en ella un carácter: el vello suave que crece bajo sus mejillas pardea y toma consistencia: muda su voz, ó mas bien la pierde: no es niño ni hombre, y no puede tomar el tono de ninguno de los dos. Sus ojos, los órganos del alma, que hasta aquí nada han dicho, adquieren lenguage y espresion: un fuego naciente los anima; sus miradas mas vivas tienen todavía una santa inocencia, pero no su primera simplicidad: