Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/67

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 Quien no se incomoda viendose despreciado y aborrecido de sus criados, y se cree sin embargo bien servido de ellos, es porque se contenta con ver una exactitud aparente, sin cuidarse de mil males secretos que incesantemente le hacen, y cuyo origen jamas percibe. Pero ¿donde está el hombre, se me dirá, tan falto de honor para poder soportar los desprecios de todos los que le rodean? ¿donde la muger bastante perdida para ser insensible á los ultrajes? ¿Cuantas señoras en Paris y Londres se creen muy honradas y respetadas, y se derretirian en lágrimas si oyesen lo que se dice de ellas en su antecámara? Felizmente para su reposo se tranquilizan sobre esto, teniendo por imbéciles á estos Argos, lisonjeandose de que nada ven de lo que ellas mismas no se dignan ocultarles. Asi los criados en su sediciosa obediencia casi no les ocultan á su vez el desprecio que les merecen. En fin, amos y criados conocen mutuamente que no vale la pena el hacerse estimar unos de otros.

 En todas las cosas el ejemplo de los amos es mas fuerte que la autoridad, y no es natural que sus criados quieran ser mas honrados que ellos.