Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/84

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no hubiera omitido, pero que Rainsay habiera dejado de escribir, aunque lo hubiera sabido.

 Un dia de estío que hacia mucho calor, el vizconde de Turena con una bata blanca y un gorro estaba puesto á la ventana de su antecámara: viene uno de sus criados, y engañado por el vestido le tiene por un ayuda de cocina con quien gastaba este criado gran familiaridad: se acerca poco á poco por detras, y con una mano no muy ligera le da un gran golpe sobre las nalgas. El hombre á quien se había dado, vuelve al instante la cara: el criado vé temblando la de su amo: se arrodilla asombrado: «Señor, dice, he creído que era Jorge. — Y aun cuando hubiese sido Jorge, esclama Turena frotandose el trasero, no era menester pegar tan recio. Historiadores, ved aquí pues lo que no os atreveis á decir; pero á fuerza de dignidad os haceis despreciables. En cuanto á tí, buen joven, que lees este rasgo y que sientes con enternecimiento toda la dulzura de alma que demuestra, aun en el primer movimiento, lee tambien todas las pequeneces de este grande hombre desde que se trató de su nacimiento y de su nombre: piensa que es el