Página:Platón - La República (1805), Tomo 1.djvu/42

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XXXVI

hacer á Dios peticiones indiscretas, no fuese que creyendo pedir un bien, le pidiese el mayor de todos los males. Por lo que se repetia con freqüencia esta breve oracion, que puede decirse encierra todas, sacada de un antiguo poeta: Gran Dios, concedednos lo que nos conviene, ora os lo pidamos, ora no; y alexad de nosotros quanto pueda dañarnos, aunque os lo pidamos. Miéntras que se ocupaba Sócrates en desterrar la supersticion del ánimo de los atenienses, trabajaba tambien infatigablemente por refutar la incredulidad de los que impugnaban la existencia de Dios, y el libertinage de los que veía tiranizados por sus pasiones, persuadido que no les faltaba mas de dar un paso para el ateismo.

Establecida insensiblemente su reputacion, vino bien pronto á ser el objeto de la envidia de los sofistas, que advertian despoblarse de cada dia en sus escuelas por escuchar las lecciones de nuestro filósofo. La atencion contínua que ponia en impugnar sus principio, y quitar la máscara á su ignorancia, contribuía en extremo á redoblar su ódio. Leemos en Platón que disputaba freqüentemente con ellos,