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CARTA Á FILENA.

 Desde entonces no reposa
Mi alma, y sín cesar me quejo:
Desde entonces, niña hermosa,
De tu boca temblorosa
Guardo en mis labios el dejo.

 Es una dicha y la lloro;
Pero con tanto egoismo
La guardo como un tesoro.
Que algunas veces, yo mismo
Me parece que la ignoro.

 Que á más de ser yo muy hombre,
Tu concepto me es sagrado;
Y, para que más te asombre,
Desde entonces he encerrado
En mi corazón tu nombre.

 Solo si alguien por antojos,
O porque ve que ya apunta
La amarillez en mis ojos.
Lastimado, me pregunta
La causa de mis enojos;

 Porqué á las gentes esquivo
Y en amoroso embeleso
Vagando voy pensativo.
Respondo: «¡Me han dado un beso
Y desde entonces no vivo!»

Postdata.

 Pero, oye y valga verdad:
Si no tienes otro medio
De mostrarme tu piedad,
Vuelve á aplicarme el remedio.....
Y siga la enfermedad.


A. García Gutiérrez.
TOMO II.
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