Página:R.E.-Tomo III-Nro.10-Id.02.djvu/2

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido validada
241
EL PESCADOR

 De la ciudad que dormida
Diviso allá en lontananza,
Do se dibujan sus torres
Como inmóviles fantasmas.

 Se encumbra inmensa á mi izquierda
La cadena de montañas
Que de este hermoso país
Son gigantes atalayas,

 Y en cuyas cumbres aun brillan
De nieve lucientes franjas;
Mientras cubren los castaños
De densa sombra sus faldas.

 ¡Todo es silencio en la tierra!
¡Todo es en el cielo calma,
Y frescura en el ambiente,
Y soledad por las playas!...

 A quebrantarse en su arena,
—Que ciñen de orlas de plata,—
Con monótono ruido
Llegan las olas sin pausa;

 Que solo ellas de la vida
Parece que impulsos guardan.
Cuando en reposo profundo
Naturaleza descansa.

 Por todo el líquido llano
Solo distingo una barca,
Que recogidas las velas
Allá se mece á distancia.

 Y á los cándidos albores
Que entre las brumas la alcanzan,
Parece cisne viajero
Que pliega al dormir sus alas,