Página:Rosario de sonetos líricos.djvu/121

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y la de Dios espera, que abomina
del que cede. Tu ensangrentada huella
por los mortales campos encamina

hacia el fulgor de tu eternal estrella;
hay que ganar la vida que no fina,
con razón, sin razón ó contra ella.


En el tren, entre Salamanca y Béjar

1 X 10.