Página:Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de Chile - Tomo XXXIII (1843).djvu/300

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CÁMARA DE SENADORES

dad i de justicia no podrían poner a salvo los derechos de todos los ciudadanos. Las persecusiones de los españoles, las ciueldades de la titania, la perspectiva de una existencia independiente, los alicientes de la libertad, i la idea de un futuro lleno de grandeza, he aquí las grandes ideas que movieron en nuestia patria la revolucio, que ha llenado las esperanzas de todos los chilenos. Todo ha cambiado en nuestro pais, i con su prosperidad hemos visto aparecer la justicia, i tomar las instituciones aquel instinto reparador, que cicatrizando las heridas que la mas justa de las revoluciones no puede nunca evitar, acaba por hacer olvidar que alguna vez hubo confusion i abusos, que quizás fueron inevitables en las crisis violentas en que se vio nuestra patria.

Los dos hermanos que suscribimos, chilenos ámbos, hijos de una madre chilena, de una madre, cuyos servicios a la causa de la libertad son notorios de cuantos la conocieron, i que constan en el espediente que acompañamos, i de un padre que aunque español, era el modelo de las virtudes, i que apoyaba en nuestra madre el amor de su patria, i los servidos que hacia a las víctimas de la tiranía, sin saber cómo nos vimos envueltos en las confiscaciones, que despues de la batalla de Chacabuco se hicieron en los bienes de los españoles.

Nuestro padre, de quien no hai recuerdos sino de bondad, que jamas había hecho nada que lo comprometiere con la causa de la revolucion, a instigaciones de algunos que especularian con su desgracia, salió de nuestra patria huyendo las persecuciones que le aseguraron caerian sobre todo español, fuere cual fuere su conducta i carácter. El nos abrazó al partir, i nos dijo que tan luego como se restableciere el órden i se formare un Gobierno, él vendria a reunirse a su familia; nos encargó de conservar los pocos intereses de nuestra madre que no alcanzaban a cubrir su dote, i se fué en la esperanza de vernos pronto, lo que sus largos años no le permitieron, muriendo al poco tiempo.

Séanos peimitido, Soberano señor, esta corta disgresion i estos recuerdos de familia que pintan las escenas de la inociencia i de la virtud, i las circunstancias triviales que influyen sobre la suerte de los hombres.

Las pasiones en aquellas épocas de revolucion toman una vehemencia en que las ideas, los intereses i los compromisos, los hacen aparecer o como disculpable s i necesarias, i de mi padre, de quien nadie tenia una queja, se hizo un prófugo, i los bienes de dos chilenos inocentes, i de una madre mas patriota que los que se interesaban en nuestra ruina, son confiscados. Hablar en aquellos momentos era un crimen, pero tan pronto como se restableció un Gobierno, nuestras quejas por aquella tropelía se hicieron oir, i el mismo poder que decretó las confiscaciones mandó devolver todos los bienes, escepto una casa que por haberla ya rematado no reclamó nuestra madre. Miéntras se formaba un espediente, miéntras el Gobierno recojia algunas pruebas, que acreditasen qre los bienes eran de la dote de nuestra madre, otros en el puerto de Valparaíso activaban las dilijencias de enajenar aquellos fundos para privarnos de ellos. No es a nosotros a quien pertenece recordar aquellos exesos, que manchaban las mas justa de las revoluciones. Si era uní virtud pa a ciertos hombres perseguir i arruinar a los que llamaban godos, no lo era el sairificar dos jóvenes chilenos ni a su inocente madre, i mucho mas cuando este Gobierno se preparaba a hacer un acto de justicia que siempre lo honrará.

Instruido de la justicia i de la verdad, i despues de larga tramitacion, el Supremo Gobierno que tenia el poder de hacerlo, nos mandó devolver nuestras propiedades i cuando fuimos a recibirlas, ya se habia vendido ia casa sin mas objeto que privarnos de ella.

Esta venta, segun todas las pruebas aducidas, i presentadas en el espediente, fué hecha privadamente entre los ajentesque allí tenia el Gobierno i un ingles Batman, pues no aparece en ninguna de las oficinas de Valparaíso ni en el libro de los remates de la Tesorería donde existen todos los remates de aquella época, ninguna escritura de que se hubiese hecho en subasta publica corno lo previene la lei i se practicó en todos los demás remates. Pero no es nuestro ánimo, Soberano señor, hacer inculpaciones, sino reclamar lo que hizo un Gobierno justo, i que despues de veinticuatro años de libertad i de justicia no puede Vuestra Soberanía mirar con indiferencia. Era tal nuestra justicia, que éste es el único caso en todas las confiscaciones que entónces hubieron, pero ¿quién podria resistirá las pruebas que hemos dado? ¿no está en ese espediente la carta dotal de nuestra madre? ¿no está allí manifestado su patriotismo? ¿no está la vista fiscal, la devolucion a sus dueños de aquellos bienes? ¿no está la providencia de devolucion del Gobernador, Intendente, i poco despues la del Supremo Majistrado de la República, que con el poder de hacerlo ordena que nos entreguen nuestras propiedades?

¿Por acaso estas sentencias no llevan el sello de la legalidad? ¿no era éste el único poder que entornes dirijia la República i el que hasta ahora se respeta en las transacciones de aquellos tiempos? Pues bien, soberano señor, la nacion es la actual poseedora de la casa que nosotros reclamamos, i cuyos auténticos títulos nosotros presentamos en ese espediente; allí se verá el derecho de una lejítima posesion, interrumpida por un abuso de autoridad, que sólo duró mientras un Gobierno esclarecido se instruyó de su injusticia, i nos mandó reponer en nuestros de rechos

Hemos querido seguir por los Tribunales este