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CÁMARA DE DIPUTADOS

pueda despacharse el sobrante de nuestros consumos, libre tambien de la matadora competencia europea. El consumo nacional no basta para sostener las fábricas, ofrece apénas un estrecho i miserable círculo que debemos ensanchar abriendo salidas al estranjero. I no hai quizá sobre la tierra otros mercados en donde las producciones nacionales puedan ser admitidas sino en las Repúblicas que ántes fueron colonias españolas. Ellas están en el mismo grado de civilizacion que nosotros i sus exijencias pueden ser satisfechas por nuestros productos, cuyo mediano grado de perfeccion corresponde al estado de cultura en que ellas se encuentran. Es preciso que estas Repúblicas se coaliguen para darse una mútua i ventajosa proteccion económica; único sistema que puede sacudir el yugo industrial que pesa igualmente sobre todos ellos. Si por desgracia no comprendieren sus verdaderos intereses, si cada estado viese cerradas las puertas de los mercados vecinos por un parapeto de mercaderías europeas, debíamos desesperar para siempre de tener industria.

Es indispensable pues, asegurarnos de las plazas del Pacífico por medios de tratados en que concedamos a las Repúblicas hermanas los mismos favores que deseamos se nos conceda, favores tales que compensen la superioridad de la industria europea.

No quiero por esto abogar en favor del sistema de lejislacion restrictiva, ni creo que por tales medios lleguemos a producir lo que la naturaleza o el estado de las cosas no nos permite; pero si no nos es posible elevarnos a la produccion de esquisitos i primorosos artefactos, no se negará la posibilidad de beneficiar las primeras materias i de crear con ellas artículos que pueda satisfacer casi del todo nuestras necesidades. Puede ser tambien que algunos de aquellos acontecimientos políticos e industriales que ocurran inesperadamente aunque con frecuencia en el mundo, nos proporcione una gruesa inmigracion i con ella mayor cantidad de fondos i de hombres útiles. ¿Quién puede calcular el desarrollo de nuestras fuerzas industriales en lo venidero?

Pues bien, cosas puede haber en que sea necesario alterar nuestra lejislacion económica, ampliarla o restrinjirla para acomodarla a la fluctuacion de las cosas humanas. Si no tenemos hoi industria fabril ¡no la tendremos mañana! ¿no estamos por ventura en un estado esencialmente de marcha?

En estas circunstancias renunciar como lo propone el tratado que la Cámara va a discutir, la facultad de arreglar como nos convenga en lo futuro las leyes económicas i ceñirnos desde luego a la lei inflexible de la mas absoluta igualdad comercial con todas las naciones de la tierra, ¿no es, por no decir otra cosa, una solemne imprudencia? ¿No es atarnos las manos para que no podamos curarnos nuestras propias heridas? ¿No es establecer un principio que nos echa ciegos en el porvenir, i que desde luego pugna con el órden instable de la naturaleza?

El Gobierno de la República ha profesado hasta aquí la doctrina que contiene este informe. El se habrá negado a tratar con las potencias europeas previniendo sus pretensiones i la terquedad con que las sostiene. El habia entrado en convenio con aquellos estados, solamente que se mostraban dóciles a la razon, conviniendo en la justicia con que queríamos reservarnos la facultad de conceder favores especiales a las Repúblicas Americanas; i sobre esta base, se ajustó el tratado con los Estados Unidos en 12 de Octubre de 1834. En la convencion celebrada con el Perú en... de 1835 comenzó a realizar sus votos concediendo la rebaja de la mitad de derechos a los productos de manufacturas Peruanas que se introducían en Chile i ohteniendo igual beneficio por su parte. Es doloroso ver ahora que ese mismo Gobierno ha abandonado aquella política cuerda i renunciado todos sus principios cuando no aparece motivo alguno que justifique esta estraña transicion. Porque en efecto ¿cuál es la ventaja que asegura a Chile en compensacion de la renuncia que hace de la facultad de arreglar sus relaciones económicas del modo que le convenga? ¿Será acaso la de comerciar con las posiciones de la Australasia? ¿Pero qué importa el comercio eventual de trigos, único artículo que podemos ofrecer a aquellas colonias en concurrencia disputada con todas las naciones de la tierra si la comparamos con el tráfico permanente, estensivo, variado, que podemos obtener con el litoral del Pacífico, bajo el abrigo de favores especiales?

Se dirá talvez que las otras Repúblicas Americanas se hallan ligadas por pactos con Inglaterra i Francia, para concederles los favores de la nacion mas privilejiada.

En efecto, el jeneral Santa Cruz, cuya política ha sido bajo tantos respectos ominosa a los intereses americanos, sacrificó en aquellos pactos a estrechas miras personales el bienestar de los pueblos que mandó; empero es su ejemplo digno de ser imitado. ¿Porque ha habido un Gobierno que ha hollado los principios protectores de la industria americana, se seguirá que nosotros debemos abandonarlos tambien? Tan léjos de eso, Chile debe insistir, alzar la voz, predicar constantemente la buena doctrina i promover incesantemente por medio de sus legaciones La Liga Comercial Americana. Gobiernos mejor intencionados sucederán al del Jeneral Santa Cruz, i escucharán su voz. Aun antes que el se esfuerce en este glorioso empeño, ya el Congreso de Bolivia, por lei de 2 de noviembre del presente año, ha autorizado a su Gobierno para rebajar los derechos que graviten sobre los productos de la industria de los estados limítrofes, luego que obtengan de este la correspondiente reciprocidad. ¿Por qué no obtendríamos el ascenso del