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Página:Tradiciones peruanas - Tomo III (1894).pdf/404

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Tradiciones peruanas

Vivo está (y aún creemos que con residencia en Lima) el sacerdote que en aras de la patria supo hacer el sacrificio de sus escrúpulos y sentimientos religiosos.

Gracias á él los peruanos tuvieron balas para continuar el combate á la luz del sol.

Aquellas balas hicieron maravillas sobre la tropa enemiga.

Háganse ustedes cargo..... Eran balas del Niño Dios!

Á las seis de la mañana el coronel García cayó mortalmente herido, y llamando á su segundo le dijo: —Comandante Mostajo, bátase hasta quemar el último cartucho.

—Muera usted tranquilo, ni coronel, que el honor militar quedará á salvo.

Y a las siete de la mañana, agotadas ya sus municiones, aquellos valientes soldados de Bolivia se rindieron á discreción.

Hurra por los vencidos y por los vencedores!

La victoria premió la audacia del mayor Buendía y el patriótico entusiasmo de los tarapaqueños, que casi sin armas ni organización, se lanzaron contra una aguerrida columna militar.

FIN DEL TOMO

TERCERO