Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/132

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épico de veinte i cuatro cantos, adornado con el retrato del héroe. Tigre como perro bien criado, se despidió lanzando una mirada de agradecimiento al carpintero que se alejaba, mirada que nos manifestó que si la conducta de Mancilla, no habia sido sin mancilla en cuanto a la embriaguez, al ménos lo fué en cuanto a los cuidados que habia prodigado a nuestro perro. Otra vez, antes de alejarse, volvió a decirme el carpintero, que auguraba mal de mi viaje, i añadió: que él, por todo el oro del mundo, i ni aun por barriles de aguardiente, consentiria en ponerse otra vez en las manos de la canalla de la otra banda.

14 de febrero.—El sábado tenia todavía algunos caballos que comprar; para pasar el tiempo, resolví ir a dar un paseo a Maihué que dista como cuatro kilómetros de Arsquilhne. En Maihué podia vera Juan Negron, llamado también Juan chileno, a Melipan, el autor de las calumnias que se hablan corrido, i en fin, a Matías González, intelijente lenguaraz, cuyas luces necesitaba para resolver algunas cuestiones de etimolojía jeográfica. Juan Negron o Juan chileno si se cree a lo que él decía, era un hombre importante en el otro lado de la cordillera. Salido muí jóven de Osorno, habia vivido en Valparaíso, en casa de la familia de don Miguel Fuentes. Al presente, podia tener cerca de treinta años; de color oscuro, como todos sus semejantes de sangre mezclada, parecia uno de esos trozos de madera groseramente tallado a cuchillo para darle forma humana, i servir de juguete a los niños. Pero, a pesar de su aspecto grotesco tenia Juan chileno pretensiones a la elegancia; i en efecto, un hombre que se titulaba lenguaraz mayor de los caciques, un hombre que habia sido fotografiado a costa del Gobierno arjentino, i a quien el mismo Gobierno arjentino habia regalado un uniforme militar i un sable, no era, ni podia ser un hombre ordinario: le creimos todo al principio, en nuestras primeras relaciones. Entonces, Juan chileno descansaba de sus fatigas i peregrinaciones en casa del cacique Cayo-antí, en Maihué, donde habia establecido su cuartel jeneral. En ese momento Juan estaba algo enfermo: el hombre que habia soportado las fatigas de numerosas peregrinaciones, que mas de una vez había arrostrado los laquis de los indios, habia sucumbido a los ataques del pequeño dios malígno: Cupido le había atravesado el corazón con una flecha, ¿flecha de qué madera? De madera de la hermosa Manuela, hija de Matías Gonzalez, que vivia en las cercanias. ¿En dónde la vista de la Dulcinea de Maihué, habia herido con una descarga eléctrica al sensible Juan probablemente bajo la bóveda verde de algún i manzano i quién sabe