Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/153

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Credo en lengua chilena. Tomé el libro i comencé a leer el Credo. Lenglier i la china lo repetian. Para celebrar la ceremonia, Pulqui descargó una escopeta vieja que tenia. Hicimos algunos regalos al padre, a la madrina, i a la donosa comadre María; i en verdad que era una guapa moza, de mejillas rosadas como manzanas de abril, de formas bien proporcionadas aunque un poco viriles, i de una cabellera negra, tan abundante, que cuando la destrenzaba, le caia en las espaldas como un manto.

No llegando los peones nos pusimos en camino; nos dirijiamos hacia la casa de Antinao, dejando a la derecha las de Trureupan; pero no contaba yo, con la cortesia de mi digno amigo, el cacique. Estaba como a doscientos metros delante de su habitacion; cuando oí a mis espaldas un ruido de caballos i ví venir a la cabeza de sus mocetones al indio gordo montado. ¡Cómo habria podido montar a caballo con su corpulencia mi honrado amigo! fué un problema cuya solucion no busqué. Nos separamos buenos amigos, i de una carrera alcanzamos la casa de Antinao. El valle en cuya entrada habitan Trureupan i Huentrupan, tiene en su oríjen un ancho de dos o tres millas; es limitado al Norte por una cadena de montañas cubiertas de bosques, ramificacion de la barrera septentrional del lago de Lacar, i al Sur por otra cadena de cerros estériles i desnudos, ramificacion de la barrera Sur. Estas montañas del Sur tienen un aspecto particular; del terreno arenoso que las constituye, salen de cuando en cuando prismas basálticos verticales en figura de murallas, prismas escalonados unos sobre otros, que dan a estos cerros el verdadero aspecto de fortificaciones con bastiones: pequeñas manchas verdes simulan las troneras; especialmente uno marcado en el mapa, detras de las casas de Trureupan, que es mui notable; lo he bautizado con el nombre de Cerro de la Fortaleza. Al cabo de ocho o diez kilómetros, se ancha mucho mas el valle, para concluir en vegas húmedas, i a la izquierda viene a juntarse con otro valle, que se estiende hacia el Norte. Como el valle en donde caminábamos se cubre de agua en invierno con las avenidas de los riachuelos, no se pasa por el fondo, sino por las faldas de las montañas al Sur; i en verano, por costumbre, se sigue el mismo camino. Continuamos por el sendero que va serpenteando caprichosamente por la falda de los cerros, unas veces mas arriba, otras mas abajo, encontrando de cuando en cuando bosques de pinos.

Mi grande i buen amigo el cacique Huentrupan como es costumbre hacerlo con las personas de consideracion, nos habia dado a Hue-