Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/208

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boca i no estaban distantes de soltar su palabra habitual coilá, (mentira): pero Inacayal atestiguaba la verdad de mis palabras con pequeñas alocuciones que él acompañaba a manera de parafráxis. Otraxis historias que nunca cansan a los indios, son las de ladrones; no las de ladrones homicidas, están demasiado habituados a escenas de asesinatos para que semejentes relatos hagan impresion en el espíritu de ellos, sino las proezas de rateros; cada uno desea ser el héroe de ellas. Miéntras mas hábil es el indio para robar, mas se granjea la estimacion de sus compañeros; tambien habrian trasnochado escuchándome, pero con el cansancio del dia tenia ganas de dormir, me acosté i pasé una buena noche envuelto en mi huaralca, no obstante el frio intenso de la pampa i las idas i venidas de los caballos que se dirijian al agua.

14 de marzo.—A la mañana siguiente cuando despertamos ya el fiel Dionisio habia encendido el fuego; hicimos un lijero almuerzo de guanaco, i ensillados los caballos, nos pusimos a marchar: al poco rato hallamos una vega en donde bebieron los caballos hasta saciarse i nos dirijimos al nordeste. Este dia me quedé con la caballada; de tiempo en tiempo el viejo Puelmai venia a dar el itinerario al jefe de ella; el camino era fácil de seguir, estando trazado por las llamas de las yerbas que los indios de adelante encendian en su paso, señal que servia de guia a la comitiva i mostraba a las tolderías el punto de la cacería. En el camino, solo los valles ofrecían pastajes; en las alturas, la falta de agua i la naturaleza del suelo dejan crecer a una que otra planta espinosa.

De tiempo en tiempo veíamos dibujarse sobre la cresta de las lomas el perfil de avestruces i guanacos perseguidos por los cazadores, sobre una pequeña eminencia nos juntamos con unos ocho indios que acababan de balear dos choiques i se entregaban a las delicias de un apol al que me invitaron. Mientras que nos fortaleciamos con la sangre caliente del animal, nos llamó la atencion el ladrido de muchos perros que a toda carrera pasaban cerca de nosotros: perseguian a dos zorros que habian salido de sus cuevas i que en pocos instantes cedieron a las mordeduras de los ájiles galgos.

Desde donde estábamos, veíamos a nuestra izquierda la cabeza blanca del volcan Lagnin, i delante de nosotros un lago de forma circular, como de una milla de diámetro. El indio a quien pregunté el nombre, me dijo que se llamaba Huinculmapú, pero queria designar el punto de la pampa en donde nos hallábamos, porque mapú quiere decir tierra, i huincul colina, eminencia, tierra de las emi-