Púgil

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El rudo combate que hemos sostenido no ha debilitado nuestras fuerzas; las rebeldías de nuestras almas continúan lanzando el rayo acusador sobre las cabezas de los malvados. Nos hemos sentido al borde de un abismo, el de los odios de los poderosos, y hemos echado pie adelante sin un temblor en el corazón porque sabemos que el vértice es una cima cuando lo aborda la verdad.

Muchos de nuestros compañeros han caído, y sobre nosotros está suspendida la amenaza, una jauría famélica nos cerca esperando el momento de hincarnos el colmillo; hoy, mañana, a cualquier hora, en cualquIer sitio podemos sucumbir; pero mientras tanto nuestra pluma, barreta incansable y demoledora, sigue expugnando inexorable y tenaz las trincheras del crimen, abriendo el camino al porvenir vengador y justiciero, porque las venganza del pueblo son las justicias de los derechos del hombre cuando éstos juzgan a los privilegios del amo.

Nuestro silencio sólo puede ser conseguido con la muerte; pero aun así, la pluma rebelde que empuñamos seguira implacable mercenando el manto del césar para enseñar a la espada el camino de su podrido corazón; el espíritu inmortal de la revolución, identificado en ella, encontrará cien manos dispuestas a sucedemos en la brega. Bien pueden los tiranos eliminarnos como a nuestros camaradas; no adelantarán con ello una sola pulgada: lograrán tan sólo hacer más grande la hoguera de la rebelión, alcanzarán más presto el último collar: el del dogal.

Nuestro batallar es épico; tenemos por armas nuestras cadenas, que romperemos en la frente de los déspotas; no nos cubriremos los pechos: desnudos como están los ofreceremos al golpe de los esbirros. Hemos planteado el dilema en esta forma: la vida o la muerte; la vida para nosotros es el triunfo, la muerte es la sola fuerza que nos puede cortar al paso.

Estamos de pie, no doblaremos la rodilla ante ningún poder. Damos frente al enemigo; no volveremos la espalda ante ningún peligro.

Práxedis G. Guerrero

Revolución, N° 26 del 14 de Diciembre de 1907.