Parte oficial de la Batalla de Riobamba

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Rio Bamba, Abril 25 de 1822.

Exmo. Señor—

El dia 12 del presente se acercaron á esta villa las divisiones del Perú y Colombia y ofrecieron al enemigo una batalla decisiva. El primer escuadron del regimiento de Granaderos á caballo de mi mando, marchaba á vanguardia descubriendo el campo, y observando que los enemigos se retiraban atravesé la villa, y á la espalda de una altura en una llanura me vi repentinamente al frente de tres escuadrones de caballeria, fuertes de 120 hombres cada uno, que sostenian la retirada de su infanteria: una retirada hubiera ocasionado la pérdida del escuadron y su deshonra, y era el momento de probar en Colombia su coraje: mandé formar en batalla, poner sable en mano y los cargamos con firmeza. El escuadron que formaba 96 hombres parecia un peloton respecto de 400 hombres que tenian los enemigos: ellos esperaron hasta la distancia de 15 pasos, poco mas ó menos, cargando tambien: pero cuando oyeron la voz de á degüello y vieron morir á cuchilladas tres ó cuatro de los mas valientes, volvieron caras y huyeron en desórden. La superioridad de sus caballos los sacó por entonces del peligro con pérdida solamente de 12 muertos, y fueron á reunirse al pié de sus masas de infanteria. El escuadron llegó hasta tiro y medio de fusil de ellos, y temiendo un ataque de las dos armas, le mandé hacer alto, formarlos, y volver caras por pelotones: la retirada se hizo al tranco del caballo, cuando el General Tobia, puesto á la cabeza de sus tres escuadrones, los puso á la carga sobre el mio. El coraje brillaba en los semblantes de los bravos Granaderos, y era preciso ser insensible á la gloria para no haber dado una segunda carga. En efecto, cuando los 400 godos habian llegado á cien pasos de nosotros, mandé volver, caras por pelotones y los cargamos segunda vez: en este nuevo encuentro se sostuvieron con alguna mas firmeza que en el primero, y no volvieron caras hasta que vieron morir dos capitanes que los animaban. En fin los godos huyeron de nuevo, arrojando al suelo las lanzas y carabinas y dejando muertos en el campo cuatro oficiales y 45 individuos de tropa.—50 Dragones de Colombia que vinieron á reforzar el escuadron lo acompañaron en la segunda carga y se condujeron con braveza. Nosotros nos paseamos por encima de sus muertos á dos tiros de fusil de sus masas de infanteria, hasta que fué de noche, y la caballeria que sostenia antes la retirada de su infanteria fue sostenida después por ella. El escuadron perdió un granadero muerto, y dos heridos, despues de haber batido á un número tan superior de enemigos en el territorio de Quito. Entre tantas acciones brillantes de los oficiales y tropa del escuadron, es difícil hallar la de mas mérito: sin embargo es preciso nombrar al valiente sargento mayor graduado, capitan D. Alejo Bruix, al teniente D. Francisco Olmos, á los sargentos Diaz y Vega y al granadero Lucero. Tengo el honor de asegurar á V. E. mis respetos, y que soy su atento servidor Q. S. M. B.— Juan Lavalle. Al Exmo. Sr. D. José de San Martin, Capitan General en jefe del ejército libertador del Perú y protector de su libertad.