Pepín, Pepe y don José

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Ni fu ni fa
Pepín, Pepe y don José

de Vital Aza




Con una renta muy sana
llegó a su pueblo, a Quintana,
–(un rinconcito de Asturias),–
Pepe el tuerto, o Pepe Murias
procedente de la Habana.

Compró una casa y un huerto
y allí construyó un chalé,
de muy mal gusto por cierto,
y el que fue Pepín el tuerto,
es hoy todo un Don José.

Vive el hombre holgadamente
sin ocupación ninguna;
le admira toda la gente
y no hay vecino pudiente
que no envidie su fortuna.

Cansado de trabajar
es hoy feliz a su modo,
y orgulloso debe estar,
que hasta le consulta en todo
el alcalde del lugar.

Don Blas, el cura, lamenta
que esté en Quintana metido
un hombre con esa renta,
y creyéndole aburrido
ayer le echaba esta cuenta:

–Oye, Pepe; tú dirás
lo que a ti te dé la gana;
pero juro a fe de Blas
que me parece que estás
muy aburrido en Quintana.

¡Y es natural que así sea!
¿A qué te entierras aquí?
Ha sido una mala idea;
que esto al fin es una aldea
sólo buena para mí.

Me dijiste hace pocos días
que de rentas reunías
diez mil pesetas.
–Sí tal.
–Pues tú con eso podrías
vivir en la capital.
–Sí, señor. Se lo concedo.
Ya sé de un modo evidente
que con mi rentita puedo
establecerme en Oviedo
y vivir perfectamente.

Pero aquí me moriré.
No se canse usted, don Blas.
No voy a Oviedo.
–¿Por qué?
–Porque aquí soy Don José,
y en Oviedo...¡un tuerto más!