Periódico El Hurón - Prospecto

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Periódico El Hurón

Prospecto

"Ya tenemos Patria, ya la tenemos consolidada, ya no nos agita la idea de que pudiéramos perder el fruto de tantos trabajos y de tanta sangre..."; ¿Será cierto americanos?... Así lo dice la Gaceta del Gobierno [1] ¿pero qué nos dice esa Gaceta? Es verdad que acabábamos de conseguir una victoria tan remarcable que no era extraño que el ánimo se exaltase, que la imaginación se dejase conducir hacia los fantasmas del deseo: un paisano vuestro, americanos, participó también de este sueño agradable; exacto observador de la marcha de la revolución, de la ignorancia, crímenes y sangre que la han acompañado las más veces, meditaba profundamente en su retiro sobre los males que de todas partes amenazaban al país, cuando resonó en sus oídos la victoria de Maipú. El horroroso cuadro que ocupaba su imaginación desapareció en aquel momento; y luego que la sorpresa y la admiración le dieron lugar a entrar en nuevas reflexiones, una inclinación invencible le empeñó en desechar las tristes ideas que le habían poseído para entregarse todo al placer de la victoria; la ilusión hizo su efecto; ya le parecía que las Provincias Unidas, fuertes y respetadas, iban a mejorar a pasos agigantados en su orden interior; calmarán las pasiones, se decía a sí mismo, el Gobierno, libre de riesgos, convertirá su atención a la prosperidad de los pueblos, y combinará los elementos que tiene en su poder para preparar su felicidad, haciéndoles gozar los bienes de una administración liberal y benéfica.

¡Vana esperanza! ¡El fruto de la victoria, las ventajas imaginadas se convierten en manos de los tiranos en tósigo y en puñales con que adormecen al pueblo y le hieren alevosamente en sus más caros intereses...! Esa misma Gaceta se dio al público asegurándole que teníamos patria consolidada cuando debiera presentarse teñida en la sangre de dos ciudadanos [2] que acababan de asesinarse faltando a las fórmulas de la ley y a todos los derechos. Es un engaño, americanos, no sólo no la tenemos consolidada, pero ni aun puede asegurarse que tenemos patria: no somos más que una multitud de hombres divididos entre sí y juguete de un pequeño número que a virtud de las intrigas más detestables ha adquirido el poder de disponer de nuestra suerte; poder tan ominoso que va a destruir hasta nuestras esperanzas si se le permite afianzarse en la impunidad, pero tan débil que se desvanecerá como el humo ante la majestad del pueblo cuando éste conozca su verdadera situación y use de sus derechos.

El que suscribe hace mucho tiempo que ve y llora los males públicos; hace mucho tiempo que para tormento suyo está en todos los secretos de los tiranos; cansado de consideraciones y agitado por el riesgo inminente de su patria, va a despertar al pueblo haciéndole el servicio más importante que puede tributarle: con este objeto se propone dar a luz un periódico bajo el título de El Hurón, donde se manifestará la conducta pública y secreta del Gobierno en todos los ramos de la administración, y la de los individuos que tienen el verdadero influjo en los negocios y son los compañeros y agentes de sus crímenes; si se le deja llevar a cabo sus trabajos este papel será la verdadera historia de la revolución en el estado presente; de sus rasgos resultará el cuadro en que los americanos vean con horror la suerte que les espera. Sin resentimiento y sin aspiraciones el editor no es conducido ni por el soplo empañado de la envidia, ni por el sórdido interés de su elevación o de su venganza: la austera verdad dirigirá su pluma apoyada en hechos y documentos; que los que se consideren calumniados usen de iguales armas por medio de la imprenta; pero que no se libren su defensa a la persecución y al espionaje, funesto recurso de los tiranos, no harían más que justificarme ante el sagrado tribunal de la opinión pública que nos va a juzgar.

Triste y penoso empeño es el que el editor toma sobre sí: los incautos, los que bajo el velo de la tranquilidad pública aman una calma engañosa, aquellos que temen con horror las convulsiones populares y que prestando una fe fanática al simulacro de la autoridad gustan el reposo sin advertir que acaso duermen el sueño de la muerte, equivocarán su objeto y culparán su conducta; pero el editor, fiando su justificación al convencimiento que producirán sus escritos, aspira únicamente a que no se le juzgue sin oírle. Entretanto protesta que solo la salud del pueblo, suprema entre todas las leyes, ha podido moverle a esta resolución dolorosa; antes de determinarse ha meditado profundamente y si algo tiene de qué arrepentirse es de no haberse sobrepuesto antes de ahora a las consideraciones que le detenían. En otros períodos de la revolución se han sentido males de consecuencia, pero había al menos la esperanza de la variación de gobernantes que ofrecían los estatutos y reglamentos; actualmente se ha unido a la malignidad el descaro y la audacia dando en rostro a los pueblos con el Directorio ilimitado ¿qué remedio puede esperarse de un Gobierno corrompido?

En vano sería detenerse en el descrédito y escándalo que causará en las naciones extranjeras el cuadro de nuestra situación, porque cuando sus desastrosos efectos se hacen notables a la expectación del mundo, la verdadera ignominia es sufrirlos con apatía y frialdad, ¿ni de qué serviría el silencio cuando las prensas de Estados Unidos derraman por todas partes los periódicos en que abominan los horrores, la ineptitud y la ignorancia del presente Gobierno? ¿Cuándo sus costas están sembradas de las víctimas de su despotismo? ¿Cuándo Portugal se burla de su cobardía o de su imbecilidad? ¿Cuándo las naciones todas fijan la atención en ella, y cuándo la falta de una administración vigorosa nos priva de la responsabilidad en que pudieran fundarse las relaciones exteriores?

La relajación y el despotismo han llegado ya a un extremo; vuestra suerte, americanos, no puede hacerse más lamentable porque vosotros la conozcáis; los males de una convulsión, por graves que fuesen, serían menores que los que os amenazan; a cualquier parte que volváis los ojos, no veréis sino crueles imágenes de dolor e inquietud; sin crédito entre las naciones, sin alianza con alguna de ellas; una considerable parte del territorio [3] entregada al extranjero ambicioso; otra de no menos importancia amenazada [4], el resto del país acaso puesto a precio; el ejército de la capital desatendido, unas veces en manos de hombres ineptos que cubren de vergüenza nuestras armas, otras estacionado para ser el apoyo de los tiranos; el ramo de hacienda desquiciado por una ignorancia profunda; los fondos públicos dilapidados; el comercio abatido; autorizado el contrabando, las pasiones sin freno robándonos el fruto de la victoria; los pueblos oprimidos... tiranizados por un puñado de hombres miserables, hábiles solo en la intriga y en la crueldad... esa es, americanos, la situación a que ellos os han conducido; su audacia crece con la paciencia o la ignorancia del pueblo; ya no hay asilo seguro de sus excesos; la fama, la vida, la honra de los ciudadanos, todo está en su poder; ya la seguridad individual [5] es una voz insignificante; la libertad de imprenta, aparente [6]; las propiedades no son respetadas; la quietud de las familias, el sagrado de la fe conyugal atacado [7]... ¿Qué nos queda que perder? ¿Para qué guardar silencio? Cuando el editor no tuviera otro objeto dejaría al menos a la posteridad una triste lección en la historia de los monstruos que ha abortado la naturaleza para desgracia de vuestra patria.

Pero otras esperanzas le animan y conducen en este empeño: está en posesión de todas las intrigas y manejos de los gobernantes; va a descubrirlos; penetrará en sus gabinetes, en sus cuevas; trazará los sucesos con delicadeza minuciosa; les seguirá paso a paso en su marcha; analizará todas sus relaciones y desenvolverá el carácter de cada uno con escrupulosa exactitud. Un cuadro de esta naturaleza arrojará de sí un tejido espantoso de crímenes horrendos y dejará en manos de los pueblos los medios de convencerse de su vedad y de evitarlos; una multitud de instrumentos inocentes de las intrigas y maquinaciones dejarán de prestarse a ellas, y los tiranos temblarán, sin duda, cuando a las primeras indicaciones observen que El Hurón los va a sacar a luz cuales ellos son; sus almas cobardes abandonarán acaso el teatro de los crímenes o enmendarán su conducta. ¡Ojalá de ese modo dispensasen al editor la penosa tarea de continuar su historia! Pero si incrédulos o audaces diesen lugar a terminarla, está persuadido de que el pueblo ultrajado despertará del letargo en que yace, y el acceso de su justa irritación pisará la cerviz de esos monstruos librando a la tierra de tan peligroso contagio.

Ellos se empeñarán probablemente en burlar nuestros esfuerzos, como el áspid herido vomita su veneno; al leer este prospecto volverán contra él sus armas aleves para sofocarle; medidas de secreta policía, seducción, espionaje, vigilancia inquisitorial, proscripciones, calabozos, puñales..., todo se preparará para evitar la circulación de este papel y sacrificar a su autor. En cuanto a éste, será vano su empeño; está en medio de ellos y espera ver luchando en sus pálidos semblantes el temor con el despecho, y reírse de su rabia impotente; se esforzará también en vencer los obstáculos para la publicación de sus escritos en las provincias de la Unión, y aunque no se resuelve a fijar los días en que saldrán a luz, se empeñará en que aparezca un número en cada semana; mas si por un accidente inesperado consiguiese el Gobierno impedirlo, ésta será la mejor prueba tanto de sus crímenes como de vuestro abatimiento. Americanos: el editor fía en parte a la energía del pueblo el triunfo que se promete. Cuando Junius escribía sus célebres cartas, el pueblo inglés no hubiera soportado que se le prohibiese su lectura; y, cuando Augusto vio publicados sus defectos no se ocupó de perseguir a los que los divulgaban.

El editor no puede proponerse un orden señalado de materias; aunque los vicios más graves de la administración le ocuparán especialmente, para que el pueblo pueda penetrar el laberinto de que se compone, no es menos esencial detenerse en el carácter de cada uno de sus agentes; por eso hará que El Hurón saque en cada número un gazapo de su cueva.

Como en este trabajo habrá variedades peregrinas, no se cuidará de guardar método en el estilo, la pluma correrá libremente del modo que la imaginación sea afectada y no será extraño que muchas veces se manifieste con exaltación; ¡tan horribles y tristes objetos deben ocupada!

Tendrán lugar en este periódico algunas traducciones de papeles públicos en cuanto puedan dar idea del concepto y juicio de los extranjeros sobre el gobierno actual.

Tal es el prospecto de El Hurón: de parte del editor está desempeñar su objeto; de la vuestra, americanos, justificar su esperanza; sois los mismos que venciendo en un momento glorioso los inconvenientes de tres siglos de ignorancia y esclavitud, os lanzasteis intrépidos en la carrera de la inmortalidad; en vano la fortuna os vendió caros sus favores, la discordia y la guerra os devoraron caudales ingentes y vidas preciosas; nada ha sido bastante a arredraros; vuestros fuertes brazos arrojando despedazadas las cadenas del despotismo español han conducido el carro revolucionario por encima de sacrificios dolorosos, por medio de riesgos inminentes, pero siempre con dirección al augusto templo de la libertad; Ibais ya a tocar el término de vuestro alto destino afirmándoos en el rango de nación libre e independiente, cuando una porción de vampiros en quienes fiasteis la suerte de la patria ha engañado vuestra confianza; con la virtud en los labios y la corrupción en el alma os han adormecido por el cansancio de las convulsiones y por la ilusión de la victoria.

Despertad de una vez, americanos, que esa calma funesta en que jamás se produjeron los hechos heroicos, ni las concepciones del genio, es ya para vosotros un veneno mortal; abrid los ojos y veréis que a vuestra sombra, que con vuestras armas se sacrifican los ciudadanos virtuosos, se os forman nuevas cadenas y se abre, por fin, el abismo en que va a sepultarse la patria y sus esperanzas; buscad por todas partes la libertad, la ley, la justicia, y por todas encontrareis aquel mismo ídolo que pisasteis orgullosos, ese fiero despotismo que, lanzando de una mano la proscripción, la venganza y la muerte, toma con la otra un trono extranjero que pretende fijar en la capital para que asegure sus crímenes y vuestra esclavitud perpetua. ¡Americanos! el riesgo es inminente, es de momentos, ocupaos sin cesar en vuestros intereses, de vuestra fama, de vuestra vida; oíd de antemano la historia, las generaciones venideras, los manes sangrientos de vuestros hijos y hermanos sacrificados por la libertad de la patria: todos se fijan en vosotros y todos bendicen vuestra energía o detestan vuestro silencio: elegid, americanos, entre ignominia y vergüenza eterna, o gloria inmarcesible.

El Impresor.- Atendiendo a las dificultades que presenta el Gobierno de Buenos Aires para la introducción de este periódico en los pueblos de su jurisdicción, se advierte a los suscriptores que ocurran al Novoyá en casa de don Antonio Pereira, en donde se entregarán presentadas que sean las órdenes de los interesados.- Su precio es gratis.- IMPRENTA FEDERAL.- Por William P. Griswold y John Sharpe.

Notas del editor[editar]

  1. Gaceta del Gobierno de Buenos Aires, de abril 22 de 1818.
  2. Los patriotas de Chile don Juan José y don Luis de Carrera que tantas veces se batieron con gloria defendiendo la libertad de su patria. ¡Almas grandes, dignas de mejor suerte! Vuestra sangre pide venganza contra los asesinos, pero no la pedirá en vano.
  3. La desgraciada Banda Oriental entregada a los portugueses que fueron llamados con ansia por el ex-Director Álvarez en la época de su gobierno, según documentos que se manifestarán de él y su secretario Tagle.
  4. Entre Ríos inundado con la sangre americana por las órdenes del tirano Pueyrredón.
  5. Estaba reservado a este Gobierno proscribir una porción de ciudadanos, y publicar un manifiesto estableciendo en principio que para tales ejecuciones deben ahorrarse las fórmulas del juicio y los trámites de la ley. ¡Americanos! ¿es compatible este lenguaje con la ilustración del siglo XIX? ¿Se usaría de otro en la Corte Otomana?
  6. Solo tiene libertad para escribir el editor de la Gaceta del Gobierno a título de su miserable e indecente docilidad, y el prudente Camilo Henríquez que conociendo los bueyes con que ara se reduce a traducciones y discursos sobre el teatro; pero si aparece una Crónica Argentina, a pesar de la Junta protectora, se despacha a su autor a que escriba en Filadelfia. ¿Cómo se ha de escribir donde la palabra es contrabando y se persiguen hasta los pensamientos? En efecto, el señor secretario Tagle no ama los hombres pensadores sino los fieles.
  7. Maridos y padres de familia: el editor os manifestará con documentos la guerra que os amenaza, para que evitéis como un contagio funesto la inmediación de los seductores poderosos: no es solo el secretario Tagle, célebre ya por si torpeza, sino también sus prosélitos los que preparan peligro a cuanto hay de honesto y virtuoso.

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