Poemas (Catulo) selección

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
​Carmina (Selección), 1-9 y 61-68
Traducción de
Mario Colago Sánchez​
 de Catulo

I. ad Cornelium

Cui dono lepidum novum libellum
arida modo pumice expolitum?
Corneli, tibi: namque tu solebas
meas esse aliquid putare nugas.
Iam tum, cum ausus es unus Italorum
omne aevum tribus explicare chartis . . .
Doctis, Iuppiter, et laboriosis!
Quare habe tibi quidquid hoc libelli—
qualecumque, quod, o patrona virgo,
plus uno maneat perenne saeclo!

¿A quién regalo mi ingenioso librito nuevo,
recién pulido con la árida piedra pómez?
Pues, a ti, Cornelio; porque tú solías
valorar que mis bagatelas significaban algo.
Ya entonces, cuando te atreviste tú, el único de los itálicos,
a desarrollar toda la historia en tres tomos
sabios, ¡por Júpiter!, y elaborados.
Por eso, acepta cualquier cosa que en este librito haya,
sea lo que sea. ¡Ojalá que, oh virgen protectora,
permanezca inalterable más de un siglo!


II. fletus passeris Lesbiae

Passer, deliciae meae puellae,
quicum ludere, quem in sinu tenere,
cui primum digitum dare appetenti
et acris solet incitare morsus,
cum desiderio meo nitenti
carum nescio quid lubet iocari
et solaciolum sui doloris,
credo ut tum gravis acquiescat ardor:
tecum ludere sicut ipsa possem
et tristis animi levare curas!

Gorrión, delicias de mi amada,
con el que ella suele jugar, tenerlo en su regazo,
ofrecerle la punta de su dedo cuando se le acerca
e incitarlo a que le dé agudos picotazos,
cuando al brillante objeto de mi deseo
le agrada jugar a no sé qué cosa querida
y que le supone un pequeño alivio a su dolor;
es entonces cuando creo que se le calma su profundo ardor.
¡Ojalá pudiera yo, como ella, jugar contigo
y aliviar las tristes cuitas de mi alma!

IIb.

Tam gratum est mihi quam ferunt puellae
pernici aureolum fuisse malum,
quod zonam soluit diu ligatam.

Tan grato es para mí como se cuenta que
fue para la veloz muchacha la manzana de oro,
que desató el ceñidor que largo tiempo la había atado.


III. fletus passeris Lesbiae

Lugete, o Veneres Cupidinesque,
et quantum est hominum venustiorum:
passer mortuus est meae puellae,
passer, deliciae meae puellae,
quem plus illa oculis suis amabat.
nam mellitus erat suamque norat
ipsam tam bene quam puella matrem,
nec sese a gremio illius movebat,
sed circumsiliens modo huc modo illuc
ad solam dominam usque pipiabat.
qui nunc it per iter tenebricosum
illuc, unde negant redire quemquam.
at vobis male sit, malae tenebrae
Orci, quae omnia bella devoratis:
tam bellum mihi passerem abstulistis
o factum male! o miselle passer!
tua nunc opera meae puellae
flendo turgiduli rubent ocelli.

¡Llorad, oh Venus y Cupidos,
y todos cuantos seáis hombres refinados!
El gorrión de mi amada ha muerto;
el gorrión, delicias de mi amada,
que ella amaba más que a sus propios ojos;
porque era dulce como la miel y conocía a ella
en persona tan bien como una niña a su madre,
y no se movía de su regazo,
sino que, saltando alrededor unas veces por aquí, otras por allá,
piaba sin cesar a su única dueña.
El que ahora va por un camino tenebroso
hacia allí de donde se niega que alguien regrese.
¡Malditas seáis, malvadas tinieblas
del Orco, que devoráis todas las cosas bellas!:
tan hermoso gorrión me habéis arrebatado.
¡Oh desgracia, oh pobrecito gorrión!
Ahora, por tu causa, los ojitos de mi amada,
hinchaditos, están rojos de llorar.


IV. de phasello

Phaselus ille, quem videtis, hospites,
ait fuisse navium celerrimus,
neque ullius natantis impetum trabis
nequisse praeterire, sive palmulis
opus foret volare sive linteo.
et hoc negat minacis Hadriatici
negare litus insulasve Cycladas
Rhodumque nobilem horridamque Thraciam
Propontida trucemve Ponticum sinum,
ubi iste post phaselus antea fuit
comata silva; nam Cytorio in iugo
loquente saepe sibilum edidit coma.

Aquella barquita que veis, huéspedes,
se dice que fue la más rápida de las naves
y que el ímpetu de ningún navío flotante
pudo adelantarla,
bien se tratara de ir velozmente con los remos o con la vela.
Y se dice que esto no lo niegan la costa del amenazante Adriático
o las islas Cícladas,
ni la conocida Rodas, ni la espantosa Tracia
Propóntida o el terrible golfo póntico,
donde ésa, luego barquita, antes fue
frondoso bosque; porque en la cima del Citorio
a menudo exhaló un silbido con su habladora cabellera.

Amastri Pontica et Cytore buxifer,
tibi haec fuisse et esse cognitissima
ait phaselus: ultima ex origine
tuo stetisse dicit in cacumine,
tuo imbuisse palmulas in aequore,
et inde tot per impotentia freta
erum tulisse, laeva sive dextera
vocaret aura, sive utrumque Iuppiter
simul secundus incidisset in pedem;
neque ulla vota litoralibus deis
sibi esse facta, cum veniret a mari
novissimo hunc ad usque limpidum lacum.
sed haec prius fuere: nunc recondita
senet quiete seque dedicat tibi,
gemelle Castor et gemelle Castoris.

Amastris póntica y Cítoro que produces bojes,
para ti esto fue y es conocidísimo
-presume la barquita-. Desde su más remoto origen
se dice que se asentó en tu cumbre,
que empapó sus remos en tu superficie,
y que de allí llevó a su dueño por tantos desenfrenados mares,
ya si por la derecha o por la izquierda el soplo la llamaba,
ya si Júpiter hubiera soplado favorable al mismo tiempo sobre ambas escotas;
y que, para su interés, no se hizo voto alguno a los dioses de las costas,
al venir del mar más lejano hasta este lago, siempre transparente.
Pero esto sucedió antaño; ahora, en oculta
quietud, descansa vieja y se consagra a ti,
gemelo Cástor y gemelo de Cástor.


V. ad Lesbiam

Vivamus mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum severiorum
omnes unius aestimemus assis!
soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut ne quis malus invidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

¡Vivamos y amemos, Lesbia mía!
¡Y las habladurías de ancianos más severos,
todas, nos importen un bledo!
Los soles pueden morir y renacer:
nosotros, en cuanto la efímera luz se apague,
habremos de dormir una única noche eterna.
Dame mil besos, luego cien,
luego otros mil, luego cien otra vez,
luego sin cesar otros mil, luego cien.
Luego, cuando muchos miles hayamos hecho,
perderemos la cuenta para no saberla
o para que ningún malvado pueda mirarnos con malos ojos,
cuando sepa que es tan grande el número de besos.


VI. ad Flavium

Flavi, delicias tuas Catullo,
ni sint illepidae atque inelegantes,
velles dicere nec tacere posses.
verum nescio quid febriculosi
scorti diligis: hoc pudet fateri.
nam te non viduas iacere noctes
nequiquam tacitum cubile clamat
sertis ac Syrio fragrans olivo,
pulvinusque peraeque et hic et ille
attritus, tremulique quassa lecti
argutatio inambulatioque.
nam iniusta prevalet nihil tacere.
cur? non tam latera ecfututa pandas,
ni tu quid facias ineptiarum.
quare, quidquid habes boni malique,
dic nobis: volo te ac tuos amores
ad caelum lepido vocare versu.

Flavio, si tus delicias
no fueran sosas y toscas,
lo habrías querido decir a Catulo y callar no podrías.
Pero no sé qué clase de calenturienta
prostituta aprecias: esto te avergüenza confesarlo.
Pues, que tú no pasas las noches solitarias
lo grita, en vano callada, tu cama
con guirnaldas y perfumada de aceite sirio,
y la almohada, exactamente ésta y aquélla,
aplastada, y el agitado
crujido y el bamboleo de tu tembloroso lecho.
De nada sirve callar tus adulterios.
¿Por qué? No mostrarías tan consumidos tus costados
si tú no estuvieras haciendo tantas tonterías.
Por lo cual, todo lo que tienes de bueno y de malo,
dímelo: quiero llevaros, a ti y a tus amores,
hasta el cielo con mi ingenioso verso.


VII. ad Lesbiam

Quaeris, quot mihi basiationes
tuae, Lesbia, sint satis superque.
quam magnus numerus Libyssae harenae
lasarpiciferis iacet Cyrenis
oraclum Iovis inter aestuosi
et Batti veteris sacrum sepulcrum;
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtivos hominum vident amores:
tam te basia multa basiare
vesano satis et super Catullo est,
quae nec pernumerare curiosi
possint nec mala fascinare lingua.

Preguntas cuántas sesiones de besos
de ti, Lesbia, serían para mí suficientes y de sobra.
¡Cuán gran número de arena libia
se extiende por Cirene, rica en laserpicio,
entre el templo del ardiente Júpiter
y el sepulcro sagrado del viejo Bato;
o cuántas estrellas contemplan, cuando calla la noche,
los furtivos amores de los mortales!
Besarte tan gran cantidad de besos
es suficiente y de sobra para el loco de Catulo;
tantos que ni podrían contar totalmente los curiosos
ni embrujar con su mala lengua.


VIII. ad se ipsum

Miser Catulle, desinas ineptire,
et quod vides perisse perditum ducas.
fulsere quondam candidi tibi soles,
cum ventitabas quo puella ducebat
amata nobis quantum amabitur nulla.
ibi illa multa cum iocosa fiebant,
quae tu volebas nec puella nolebat,
fulsere vere candidi tibi soles.
nunc iam illa non vult: tu quoque impotens noli,
nec quae fugit sectare, nec miser vive,
sed obstinata mente perfer, obdura.
vale puella, iam Catullus obdurat,
nec te requiret nec rogabit invitam.
at tu dolebis, cum rogaberis nulla.
scelesta, vae te, quae tibi manet vita?
quis nunc te adibit? cui videberis bella?
quem nunc amabis? cuius esse diceris?
quem basiabis? cui labella mordebis?
at tu, Catulle, destinatus obdura!

Desdichado Catulo, ¡ojalá dejes de hacer tonterías
y consideres perdido lo que ves que se ha perdido!
Brillaron en otro tiempo para ti radiantes soles,
cuando frecuentabas por donde tu amada te llevaba,
querida por mí como ninguna será amada.
Allí se hacían entonces muchas cosas divertidas
que tú querías y tu amada no dejaba de querer.
Brillaron, es verdad, para ti radiantes soles.
Ahora ya ella no quiere: tú, impotente, tampoco quieras,
y a la que huye no persigas, ni vivas desdichado,
sino que con mente obstinada resiste, manténte firme.
¡Adiós, amada! Ya Catulo resiste,
y no te buscará ni te hará ruegos en contra de tu voluntad.
Pero tú te lamentarás cuando no se te pida nada.
¡Ay de ti, impía! ¿Qué vida te aguarda?
¿Quién se te acercará ahora? ¿A quién le parecerás bella?
¿A quién amarás ahora? ¿De quién se dirá que existes?
¿A quién besarás? ¿A quién le morderás los pequeños labios?

¡Pero tú, Catulo, resuelto, manténte firme!


IX. ad Veranium

Verani, omnibus e meis amicis
antistans mihi milibus trecentis,
venistine domum ad tuos penates
fratresque unanimos anumque matrem?
venisti. o mihi nuntii beati!
visam te incolumem audiamque Hiberum
narrantem loca, facta, nationes,
ut mos est tuus, applicansque collum
iucundum os oculosque suaviabor.
o quantum est hominum beatiorum,
quid me laetius est beatiusve?

Veranio, de todos mis amigos
el preferido para mí entre trescientos mil,
¿acaso has vuelto a casa, junto a tus penates
y a tus unánimes hermanos y a tu anciana madre?
Has regresado. ¡Oh noticias para mí dichosas!
Volveré a verte sano y salvo y te escucharé
hablar de las regiones, las hazañas y los pueblos de los iberos,
según es costumbre tuya, y, abrazándome a tu cuello,
besaré tu agradable boca y tus ojos.
¡Oh, cuántos hombres más felices existen!,
¿qué cantidad de ellos hay más alegre o dichosa que yo?



LXI. epythalamius Iunie et Mallii

Collis o Heliconii
cultor, Uraniae genus,
qui rapis teneram ad virum
virginem, o Hymenaee Hymen,
     o Hymen Hymenaee;

cinge tempora floribus
suave olentis amaraci,
flammeum cape laetus, huc
huc veni, niveo gerens
     luteum pede soccum;

excitusque hilari die,
nuptialia concinens
voce carmina tinnula,
pelle humum pedibus, manu
     pineam quate taedam.

Oh habitante del monte Helicón,
descendiente de Urania,
que arrebatas para el esposo una tierna doncella.
¡Oh Himeneo Himen,
oh Himen Himeneo!

Ciñe tus sienes con flores
de la dulcemente olorosa mejorana,
toma alegre el velo rojo.
Aquí, ven aquí, calzando en tu níveo
pie el zapato ligero de color azafrán;

y animado por el día jovial,
entonando cantos nupciales
con tu sonora voz,
pon en movimiento la tierra con tus pies,
agita con tu mano la antorcha nupcial de madera de pino.


namque Iunia Manlio,
qualis Idalium colens
venit ad Phrygium Venus
iudicem, bona cum bona
     nubet alite virgo,

floridis velut enitens
myrtus Asia ramulis,
quas Hamadryades deae
ludicrum sibi roscido
     nutriunt umore.

quare age, huc aditum ferens,
perge linquere Thespiae
rupis Aonios specus,
nympha quos super irrigat
     frigerans Aganippe.

Porque, en efecto, Junia viene a Manlio
cual habitante del monte Idalio,
Venus, vino al frigio juez.
Con buen presagio
se casa una buena muchacha,

resplandeciente como en sus floridas
ramas los mirtos de Asia,
que las diosas hamadríades
para su entretenimiento
nutren con néctar de rocío.

Ven, pues, encaminando hacia aquí tu paso,
apresúrate a dejar las grutas aonias del muro tespio,
a las que riega desde lo alto la ninfa
Aganipe refrescándolas.


ac domum dominam voca
coniugis cupidam novi,
mentem amore revinciens,
ut tenax hedera huc et huc
     arborem implicat errans.

vosque item simul, integrae
virgines, quibus advenit
par dies, agite in modum
dicite, o Hymenaee Hymen,
     o Hymen Hymenaee.

ut libentius, audiens
se citarier ad suum
munus, huc aditum ferat
dux bonae Veneris, boni
     coniugator amoris.

Y a su casa llama a la dueña
deseosa de su reciente esposo,
encadenando su alma con el amor,
como tenaz hiedra que a uno y otro lado,
errante, enreda al árbol.

Y vosotras igualmente, al mismo tiempo, castas
doncellas, a quienes espera
un día similar, ¡vamos!, cantad a compás:
"¡Oh Himeneo Himen,
oh Himen Himeneo!";

para que con mayor agrado, al oír
que se le hace venir para su
oficio, encamine hacia aquí su paso
el guía de la buena Venus,
el enlazador del buen amor.


quis deus magis est ama-
tis petendus amantibus?
quem colent homines magis
caelitum, o Hymenaee Hymen,
     o Hymen Hymenaee?

te suis tremulus parens
invocat, tibi virgines
zonula solvunt sinus,
te timens cupida novus
     captat aure maritus.

tu fero iuveni in manus
floridam ipse puellulam
dedis a gremio suae
matris, o Hymenaee Hymen,
     o Hymen Hymenaee.

nil potest sine te Venus,
fama quod bona comprobet,
commodi capere, at potest
te volente. quis huic deo
     compararier ausit?

¿A qué dios deben implorar más
los amados amantes?
¿A cuál de los habitantes del cielo venerarán más los mortales?
¡Oh Himeneo Himen,
oh Himen Himeneo!

Tembloroso te invoca para los suyos el padre,
en tu honor las doncellas
desatan los lazos de su ceñidor pequeño.
Con anhelante oído, te acecha, inquieto,
el reciente marido.

Tú en persona a las manos del impetuoso joven
entregas a la florida muchachita,
apartándola del regazo de su madre.
¡Oh Himeneo Himen,
oh Himen Himeneo!

Nada sin ti puede lograr Venus,
que la buena fama apruebe,
de provecho; pero puede
si tú lo quieres. ¿Quién a este dios
osaría compararse?



LXII. exametrum carmen nuptiale

Vesper adest, iuvenes, consurgite: Vesper Olympo
exspectata diu vix tandem lumina tollit.
surgere iam tempus, iam pinguis linquere mensas:
iam veniet virgo, iam dicetur hymenaeus.
Hymen o Hymenaee, Hymen ades o Hymenaee!

Véspero viene. ¡Levantáos, jóvenes!: Véspero, desde el Olimpo,
eleva apenas por fin sus luces, que tanto tiempo hemos esperado.
Ya es el momento de levantarse, ya de dejar las colmadas mesas:
ya va a llegar la novia, ya se va a cantar el himeneo.
¡Himen oh Himeneo, ven, Himen oh Himeneo!


Cernitis, innuptae, iuvenes? consurgite contra;
nimirum Oetaeos ostendit Noctifer ignes.
sic certe est: viden ut perniciter exsiluere?
non temere exsiluere: canent quod vincere par est.
Hymen o Hymenaee, Hymen ades o Hymenaee!

¿Distinguís, solteras, a los jóvenes? ¡Levantáos frente a ellos!
Claramente el Lucero vespertino muestra sus fuegos del Eta.
Así es en verdad: ¿no ves cómo de rápido se han elevado de un salto?
No por casualidad lo han hecho: cantarán porque les conviene vencer.
¡Himen oh Himeneo, ven, Himen oh Himeneo!


non facilis nobis, aequales, palma parata est:
aspicite, innuptae secum ut meditata requirunt.
non frustra meditantur: habent memorabile quod sit;
nec mirum, penitus quae tota mente laborant.
nos alio mentes, alio divisimus aures;
iure igitur vincemur: amat victoria curam.
quare nunc animos saltem convertite vestros:
dicere iam incipient, iam respondere decebit.
Hymen o Hymenaee, Hymen ades o Hymenaee!

Compañeros, no nos han puesto fácil la victoria:
examinad cómo las solteras reflexionan consigo lo que han preparado.
No meditan en vano: tienen algo que puede ser digno de recuerdo;
y no es sorprendente, pues ellas se esfuerzan a fondo con toda su alma.
Nosotros hemos dividido la mente por un lado, los oídos por otro;
así pues, por derecho propio nos vencerán: la victoria ama el esmero.
Por lo cual, ahora al menos fijad vuestra atención:
van a empezar a cantar ya, será conveniente responder de inmediato.
¡Himen oh Himeneo, ven, Himen oh Himeneo!


Hespere, quis caelo fertur crudelior ignis?
qui natam possis complexu avellere matris,
complexu matris retinentem avellere natam,
et iuveni ardenti castam donare puellam.
quid faciunt hostes capta crudelius urbe?
Hymen o Hymenaee, Hymen ades o Hymenaee!

Héspero, ¿quién lleva por el cielo fuego más cruel?
Tanto que serías capaz de separar a una hija del abrazo de su madre,
del abrazo de la madre arrancar a la hija que se aferra,
y al apasionado joven regalarle una casta muchacha.
¿Hacen los enemigos algo más cruel que conquistar una ciudad?
¡Himen oh Himeneo, ven, Himen oh Himeneo!


Hespere, quis caelo lucet iucundior ignis?
qui desponsa tua firmes conubia flamma,
quae pepigere viri, pepigerunt ante parentes,
nec iunxere prius quam se tuus extulit ardor.
quid datur a divis felici optatius hora?
Hymen o Hymenaee, Hymen ades o Hymenaee!

Héspero, ¿qué fuego en el cielo luce más dichoso?
Porque tú puedes, con tu llama, dar firmeza a las bodas prometidas
que fijaron los varones y, de antemano, pactaron sus padres;
y no se han unido antes de que se manifieste tu brillo.
¿Qué cosa más deseable conceden los dioses que esta hora feliz?
¡Himen oh Himeneo, ven, Himen oh Himeneo!


Hesperus e nobis, aequales, abstulit unam.

  • * * * * * * *
  • * * * * * * *

namque tuo adventu vigilat custodia semper.
nocte latent fures, quos idem saepe reuertens,
Hespere, mutato comprendis nomine Eous.
at lubet innuptis ficto te carpere questu.
quid tum, si carpunt, tacita quem mente requirunt?
Hymen o Hymenaee, Hymen ades o Hymenaee!

Compañeras, Héspero se ha llevado a una de nosotras...


Porque, en efecto, con tu llegada siempre está en vela la guardia.
De noche se esconden los ladrones a los que tú mismo a menudo, en tu regreso,
Héspero, sorprendes, cambiando tu nombre por el de Aurora.
Mas, ¡cómo les place a las solteras denigrarte con fingida queja!
Pero, ¿qué importa, si difaman con corazón callado a quien reclaman?
¡Himen oh Himeneo, ven, Himen oh Himeneo!



LXIII. de Berecinthia et Athi

Super alta vectus Attis celeri rate maria,
Phrygium ut nemus citato cupide pede tetigit
adiitque opaca silvis redimita loca deae,
stimulatus ibi furenti rabie, vagus animis,
devulsit ili acuto sibi pondera silice.

Llevado Atis sobre profundos mares en veloz navío,
en cuanto tocó el bosque frigio ansiosamente con presuroso pie
y se acercó a los umbrosos parajes de la diosa, ceñidos de bosques,
aguijoneado allí por un enloquecido furor, extraviado en su alma,
se arrancó con una piedra afilada el peso de las ingles.


itaque ut relicta sensit sibi membra sine viro,
etiam recente terrae sola sanguine maculans,
niveis citata cepit manibus leve typanum,
typanum tuum, Cybelle, tua, mater initia,
quatiensque terga tauri teneris cava digitis
canere haec suis adorta est tremebunda comitibus:

Y así, cuando, abandonados sus miembros, se sintió sin virilidad,
manchando la superficie de la tierra con su sangre todavía fresca,
cogió, rápida, con sus níveas manos un ligero tamboril,
tu tamboril, madre Cibeles, el de los misterios de tu culto;
y, golpeando la ahuecada piel de toro con sus delicados dedos,
se dispuso, trémula, a cantar así a sus compañeras:


'agite ite ad alta, Gallae, Cybeles nemora simul,
simul ite, Dindymenae dominae vaga pecora,
aliena quae petentes velut exules loca
sectam meam exsecutae duce me mihi comites
rapidum salum tulistis truculentaque pelagi
et corpus evirastis Veneris nimio odio;
hilarate erae citatis erroribus animum.

"¡Vamos!, id juntas, Galas, a los profundos bosques de Cibeles;
id juntas, rebaño errante de la ama del Díndimo,
vosotras que, buscando como desterradas parajes ajenos,
al seguir mi ruta como compañeras mías bajo mi guía,
habéis atravesado el agitado mar y las turbulencias del piélago
y habéis despojado de virilidad vuestro cuerpo por un odio excesivo a Venus.
Alegrad el ánimo de vuestra señora con los rápidos giros de vuestra danza.


mora tarda mente cedat: simul ite, sequimini
Phrygiam ad domum Cybebes, Phrygia ad nemora deae,
ubi cymbalum sonat vox, ubi tympana reboant,
tibicen ubi canit Phryx curvo grave calamo,
ubi capita Maenades ui iaciunt hederigerae,
ubi sacra sancta acutis ululatibus agitant,
ubi suevit illa divae volitare vaga cohors,
quo nos decet citatis celerare tripudiis.'

Que se retire de vuestro pensamiento la pesada demora; id juntas, seguidme
a la frigia morada de Cibeles, a los bosques frigios de la diosa,
donde la voz de los címbalos suena, donde los tamboriles retumban,
donde el flautista frigio arranca a su caña curva graves sonidos,
donde las Ménades cubiertas de yedra sacuden con violencia sus cabezas,
donde celebran sus sagrados misterios con agudos alaridos,
donde acostumbra revolotear el famoso cortejo errante de la diosa,
adonde es oportuno que vayamos de prisa con rápidas danzas."


simul haec comitibus Attis cecinit notha mulier,
thiasus repente linguis trepidantibus ululat,
leve tympanum remugit, cava cymbala recrepant,
viridem citus adit Idam properante pede chorus.
furibunda simul anhelans vaga vadit, animam agens,
comitata tympano Attis per opaca nemora dux,
veluti iuvenca vitans onus indomita iugi:
rapidae ducem sequuntur Gallae properipedem.

En cuanto Atis, falsa mujer, ha cantado esto a sus compañeras,
el cortejo danzante de repente empieza a dar alaridos con lenguas agitadas,
brama el ligero tamboril, resuenan los cóncavos címbalos,
rápido el coro con presuroso paso se dirige al verdeante Ida.
Poseída y al mismo tiempo jadeando, errante e intranquila,
acompañada del tamboril, va Atis, guía a través de los umbrosos bosques,
como novilla indomable que evita el peso del yugo:
veloces siguen las Galas a su guía de pies ligeros.


itaque, ut domum Cybelles tetigere lassulae,
nimio e labore somnum capiunt sine Cerere.
piger his labante languore oculos sopor operit;
abit in quiete molli rabidus furor animi.
sed ubi oris aurei Sol radiantibus oculis
lustravit aethera album, sola dura, mare ferum,
pepulitque noctis umbras vegetis sonipedibus,
ibi Somnus excitam Attin fugiens citus abiit:
trepidante eum recepit dea Pasithea sinu.

Y así, cuando llegaron, agotaditas, a la morada de Cibeles,
tras el excesivo esfuerzo, las vence un sueño sin Ceres.
Un largo sopor les cubre los ojos con languidez vacilante;
en la dulce quietud se desvanece la furiosa locura de su alma.
Pero, cuando el Sol de dorado rostro iluminó con sus brillantes ojos
el blanco éter, la dura tierra, el fiero mar,
e impulsó las sombras de la noche con sus vigorosos caballos,
entonces a Atis, ya despierta, la abandonó, huyendo raudo, el Sueño:
lo acogió en su regazo palpitante la diosa Pasitea.


ita de quiete molli rapida sine rabie
simul ipsa pectore Attis sua facta recoluit,
liquidaque mente vidit sine quis ubique foret,
animo aestuante rursum reditum ad vada tetulit.
ibi maria vasta visens lacrimantibus oculis,
patriam allocuta maesta est ita voce miseriter:

Así, tras el dulce descanso, sin el impetuoso furor,
en cuanto la mismísima Atis trajo a la memoria sus actos en su corazón
y vio con mente despejada dónde estaba y sin quiénes,
volvió sobre sus pasos hacia las olas con ánimo muy agitado.
Allí, contemplando el vasto mar, con los ojos llenos de lágrimas,
así se dirigió a su patria conmovedoramente con voz lastimera:



LXIV. Argonautia et epythalamium Thetidis et Pelei

Peliaco quondam prognatae vertice pinus
dicuntur liquidas Neptuni nasse per undas
Phasidos ad fluctus et fines Aeetaeos,
cum lecti iuvenes, Argiuae robora pubis,
auratam optantes Colchis avertere pellem
ausi sunt vada salsa cita decurrere puppi,
caerula verrentes abiegnis aequora palmis.

Cuentan que pinos nacidos antaño de la cumbre del Pelión
navegaron por las líquidas olas de Neptuno
hasta la corriente del Fasis y los confines de Eetes,
cuando selectos jóvenes, flor y nata de la juventud argiva,
deseosos de arrebatar el vellocino de oro a los de Cólquide,
osaron surcar el salobre mar con rápida popa,
barriendo la azulada superficie con remos de abeto.


diva quibus retinens in summis urbibus arces
ipsa levi fecit volitantem flamine currum,
pinea coniungens inflexae texta carinae.
illa rudem cursu prima imbuit Amphitriten;
quae simul ac rostro ventosum proscidit aequor
tortaque remigio spumis incanuit unda,
emersere freti candenti e gurgite vultus
aequoreae monstrum Nereides admirantes.

La mismísima diosa que conservaba su fortaleza en las partes más altas de la ciudad
les hizo un carro que revoloteaba con ligero soplo,
uniendo maderas de pino entrelazadas a la curvada quilla.
Aquélla fue la primera que inició en la navegación a la inexperta Anfitrite;
y, en cuanto hendió con su espolón la superficie expuesta al viento
y las olas erizadas por los remos se pusieron blancas de espumas,
alzaron sus rostros desde el luminoso torbellino del mar
las marinas Nereidas, que se admiraban del prodigio.


illa atque haud alia viderunt luce marinas
mortales oculis nudato corpore Nymphas
nutricum tenus exstantes e gurgite cano.
tum Thetidis Peleus incensus fertur amore,
tum Thetis humanos non despexit hymenaeos,
tum Thetidi pater ipse iugandum Pelea sensit.

Aquel día y no otro vieron
los mortales con sus propios ojos a las Ninfas marinas, de cuerpo desnudo,
asomando hasta los senos desde el blanco torbellino.
Se cuenta que entonces Peleo se enamoró de Tetis,
que Tetis entonces no desdeñó la boda con un humano,
y que el mismísimo Padre pensó entonces que Peleo se debía unir a Tetis.


o nimis optato saeclorum tempore nati
heroes, salvete, deum genus! o bona matrum
progenies, salvete iterum...
vos ego saepe, meo vos carmine compellabo,
teque adeo eximie taedis felicibus aucte,
Thessaliae columen Peleu, cui Iuppiter ipse,
ipse suos divum genitor concessit amores.
tene Thetis tenuit pulcerrima Nereine?
tene suam Tethys concessit ducere neptem,
Oceanusque, mari totum qui amplectitur orbem?

¡Oh, héroes nacidos en tan añorado momento de los siglos,
salud, estirpe de dioses! ¡Oh, buena progenie de las madres,
salud de nuevo...!
A vosotros yo, a menudo, con mi canto os invocaré,
y especialmente a ti, enaltecido por felices nupcias,
insigne Peleo, pilar de Tesalia, a quien el mismísimo Júpiter,
el mismísimo padre de los dioses, concedió a su amada.
¿Acaso no te retuvo la bellísima Tetis, hija de Nereo?
¿No te autorizó Tetís a que te casaras con su nieta,
y Océano, que abraza el orbe todo con el mar?


quae simul optatae finito tempore luces
advenere, domum conventu tota frequentat
Thessalia, oppletur laetanti regia coetu:
dona ferunt prae se, declarant gaudia vultu.
deseritur Cieros, linquunt Pthiotica Tempe
Crannonisque domos ac moenia Larisaea,
Pharsalum coeunt, Pharsalia tecta frequentant.

En cuanto llegaron esos deseados días, cumplido el tiempo,
Tesalia toda asiste en reunión a la casa,
de alegre multitud se colma el palacio:
llevan regalos en sus manos, muestran su alegría en el rostro.
Queda desierta Cieros, abandonan Tempe de Ptía,
las casas de Cranón y las murallas de Larisa;
van juntos a Farsalia, pueblan las moradas farsalias.


rura colit nemo, mollescunt colla iuvencis,
non humilis curvis purgatur vinea rastris,
non glebam prono convellit vomere taurus,
non falx attenuat frondatorum arboris umbram,
squalida desertis rubigo infertur aratris.
ipsius at sedes, quacumque opulenta recessit
regia, fulgenti splendent auro atque argento.

Nadie cultiva los campos, se reblandecen los cuellos de los novillos,
no se limpia la viña a ras de suelo con los curvos rastrillos,
el toro no remueve la gleba con la inclinada reja del arado,
la hoz de los podadores no atenúa la sombra del árbol,
en los arados abandonados se extiende una áspera herrumbre.
En cambio, las moradas de Peleo, por dondequiera que se recorra el opulento palacio,
resplandecen con el fulgor del oro y de la plata.


candet ebur soliis, collucent pocula mensae,
tota domus gaudet regali splendida gaza.
pulvinar vero divae geniale locatur
sedibus in mediis, Indo quod dente politum
tincta tegit roseo conchyli purpura fuco.
haec vestis priscis hominum variata figuris
heroum mira virtutes indicat arte.

Brilla el marfil en los tronos, relucen las copas en la mesa,
toda la espléndida casa goza con el tesoro real.
Allí, en medio del palacio, se sitúa el gran lecho nupcial de la diosa,
tallado en índico marfil,
al que cubre una púrpura teñida con el rosáceo tinte de molusco.
Esta manta, en colores bordada con antiguas imágenes de hombres,
muestra las cualidades de los héroes con admirable arte.


namque fluentisono prospectans litore Diae,
Thesea cedentem celeri cum classe tuetur
indomitos in corde gerens Ariadna furores,
necdum etiam sese quae visit visere credit,
utpote fallaci quae tum primum excita somno
desertam in sola miseram se cernat harena.

Pues, al estar mirando desde la rumorosa costa de Día,
contempla Ariadna, con indómitas pasiones en su corazón,
que Teseo se aleja con su rápida flota,
y ni siquiera todavía se cree estar viendo lo que ve,
puesto que entonces por primera vez, al despertar de un sueño falaz,
descubre que, desdichada, ha sido abandonada en la solitaria arena.



LXV. ad Hortalum

Etsi me assiduo confectum cura dolore
     sevocat a doctis, Hortale, virginibus,
nec potis est dulcis Musarum expromere fetus
     mens animi, (tantis fluctuat ipsa malis:
namque mei nuper Lethaeo gurgite fratris
     pallidulum manans alluit unda pedem,
Troia Rhoeteo quem subter litore tellus
     ereptum nostris obterit ex oculis.

  • * * * * * * *


Aunque a mí, abatido por un dolor continuo, la preocupación me
aparta de las sabias vírgenes, Hortalo,
y la disposición de mi ánimo no es capaz de producir los dulces frutos de las Musas
(en tan grandes desgracias se agita mi alma:
porque hace muy poco la ola que mana del abismo Leteo
bañó el palidito pie de mi hermano,
al que, arrebatado de mis ojos,
la tierra de Troya deshace al pie de la costa del Reteo.


numquam ego te, vita frater amabilior,
aspiciam posthac? at certe semper amabo,
     semper maesta tua carmina morte canam,
qualia sub densis ramorum concinit umbris
     Daulias, absumpti fata gemens Ityli).

¿Nunca más, hermano más amado que mi vida,
te volveré a ver? Pero, en verdad, siempre te querré,
siempre poemas de duelo por tu muerte cantaré,
como los que bajo las espesas sombras de las ramas canta
la de Dáulide, lamentando los infortunios del desaparecido Itilo).


sed tamen in tantis maeroribus, Hortale, mitto
     haec expressa tibi carmina Battiadae,
ne tua dicta vagis nequiquam credita ventis
     effluxisse meo forte putes animo,
ut missum sponsi furtivo munere malum
     procurrit casto virginis e gremio,
quod miserae oblitae molli sub veste locatum,
     dum adventu matris prosilit, excutitur;
atque illud prono praeceps agitur decursu,
     huic manat tristi conscius ore rubor.

Pero, sin embargo, en medio de tan grandes tristezas, te envío, Hortalo,
estos versos imitados del Batíada,
para que no pienses que tus palabras, confiadas en vano a los errantes vientos,
se han escapado de mi memoria,
como la manzana, enviada por el prometido en furtivo regalo,
del casto regazo de la doncella se escurre,
y a la pobre, al olvidarse de que la ha colocado bajo su suave vestido,
mientras da un salto ante la llegada de su madre, se le escapa;
y la manzana rueda, veloz, en precipitada caída,
y a ella, afligida, le aflora en el rostro un rubor revelador.



LXVI.

Omnia qui magni dispexit lumina mundi,
     qui stellarum ortus comperit atque obitus,
flammeus ut rapidi solis nitor obscuretur,
     ut cedant certis sidera temporibus,
ut Triviam furtim sub Latmia saxa relegans
     dulcis amor gyro devocet aereo:

El que distinguió todas las luces del inmenso firmamento,
el que descubrió la salida y el ocaso de las estrellas,
cómo se oscurece el llameante resplandor del sol abrasador,
cómo desaparecen los astros en momentos precisos,
cómo un dulce amor, que aleja a hurtadillas a Trivia bajo las rocas de Latmio,
la hace volver con su vuelta etérea;


idem me ille Conon caelesti in limine vidit
     e Bereniceo vertice caesariem
fulgentem clare, quam multis illa dearum
     levia protendens bracchia pollicita est,
qua rex tempestate novo auctus hymenaeo
     vastatum finis iuerat Assyrios,
dulcia nocturnae portans vestigia rixae,
     quam de virgineis gesserat exuviis.

ese mismo, el famoso Conón, vio, en el umbral celeste, que yo,
la trenza de la cabeza de Berenice,
brillaba distinguidamente; a quien ella
prometió, extendiendo sus delicados brazos, a muchas de las diosas,
en el tiempo en que el rey, lleno de vigor por unas bodas recientes,
había ido a devastar los territorios asirios,
llevando los dulces vestigios de la disputa nocturna
que por el botín de la virginidad había sostenido.


estne novis nuptis odio Venus? anne parentum
     frustrantur falsis gaudia lacrimulis,
ubertim thalami quas intra limina fundunt?
     non, ita me divi, vera gemunt, iuerint.
id mea me multis docuit regina querellis
     invisente novo proelia torva viro.
et tu non orbum luxti deserta cubile,
     sed fratris cari flebile discidium?

¿Acaso tienen odio a Venus las recién casadas?
¿No se burlan ellas de las alegrías de sus padres con falsas lagrimitas,
que derraman en abundancia tras los umbrales de la habitación nupcial?
¡Qué los dioses me asistan!: no son de verdad sus gemidos.
Eso me enseñó mi reina con sus muchas quejas
cuando su reciente esposo iba a ver fieros combates.
¿No es verdad que tú, abandonada, no lloraste por tu huérfano lecho,
sino por la lamentable partida de tu querido hermano?


quam penitus maestas exedit cura medullas!
     ut tibi tunc toto pectore sollicitae
sensibus ereptis mens excidit! at ego certe
     cognoram a parva virgine magnanimam.
anne bonum oblita es facinus, quo regium adepta es
     coniugium, quod non fortior ausit alis?
sed tum maesta virum mittens quae verba locuta es!
     Iuppiter, ut tristi lumina saepe manu!

¡Cuán profundamente devoró el pesar tus apesadumbradas entrañas!
¡Cómo entonces tú, llena de angustia en tu corazón,
arrebatados los sentidos, perdiste la cordura! Pero yo, bien es cierto,
te había conocido magnánima desde que eras pequeña.
¿Acaso has olvidado la brillante acción por la que conseguiste una boda real,
y a la que no se ha atrevido ningún otro más valiente?
Pero, ¡qué desdichadas palabras dijiste entonces al despedir a tu marido!
¡Por Júpiter, cuántas veces te secaste los ojos con tu triste mano!


quis te mutavit tantus deus? an quod amantes
     non longe a caro corpore abesse volunt?
atque ibi me cunctis pro dulci coniuge divis
     non sine taurino sanguine pollicita es,
si reditum tetulisset. is haud in tempore longo
     captam Asiam Aegypti finibus addiderat.
quis ego pro factis caelesti reddita coetu
     pristina vota novo munere dissolvo.

¿Qué gran dios te ha cambiado? ¿Es que los amantes
no quieren estar muy alejados del cuerpo que adoran?
Y entonces me prometiste a todos los dioses por tu dulce esposo
no sin el sacrificio de un toro,
si obtenía el regreso. Él, en no mucho tiempo,
había añadido el Asia conquistada a los territorios de Egipto.
Y yo, entregada a la corte celestial por estos hechos,
cumplo los votos de antaño con la nueva ofrenda.


invita, o regina, tuo de vertice cessi,
     invita: adiuro teque tuumque caput,
digna ferat quod si quis inaniter adiurarit:
     sed qui se ferro postulet esse parem?
ille quoque eversus mons est, quem maximum in oris
     progenies Thiae clara supervehitur,
cum Medi peperere novum mare, cumque iuventus
     per medium classi barbara navit Athon.
quid facient crines, cum ferro talia cedant?

No por gusto, oh reina, me retiré de tu cabeza,
no por voluntad mía: lo juro por ti y por tu vida,
que se lleve su merecido si alguien lo jura en vano:
pero, ¿existe alguien que pretenda ser igual al hierro?
También fue derribado aquel famoso monte, el más alto de las regiones,
sobre el que pasa la ilustre descendencia de Tía,
cuando los medos descubrieron un nuevo mar y cuando la juventud
extranjera navegó con su flota por en medio del Athos.
¿Qué pueden hacer unos bucles cuando cosas tales ceden ante el hierro?


Iuppiter, ut Chalybon omne genus pereat,
et qui principio sub terra quaerere venas
     institit ac ferri stringere duritiem!
abiunctae paulo ante comae mea fata sorores
     lugebant, cum se Memnonis Aethiopis
unigena impellens nutantibus aera pennis
     obtulit Arsinoes Locridis ales equus,
isque per aetherias me tollens avolat umbras
     et Veneris casto collocat in gremio.

¡Por Júpiter!, ¡que perezca toda la raza de los Cálibes
y el que primero se obstinó en buscar venas bajo tierra
y someter la dureza del hierro!
Separadas de mí un poco antes, mis hermanas trenzas lloraban mi destino,
cuando el hermano gemelo del etíope Memnón,
impulsando el aire con el batir de sus alas,
se presentó, caballo alado de Arsínoe de Lócrida;
y él, llevándome, vuela lejos a través de las etéreas sombras
y me deposita en el casto regazo de Venus.


ipsa suum Zephyritis eo famulum legarat,
     Graiia Canopitis incola litoribus.
hic divi vario ne solum in lumine caeli
     ex Ariadnaeis aurea temporibus
fixa corona foret, sed nos quoque fulgeremus
     deuotae flavi verticis exuviae,
vuidulam a fluctu cedentem ad templa deum me
     sidus in antiquis diva novum posuit.

La mismísima Cefirítide había enviado en misión allí a su criado,
ella, habitante griega de las costas de Canopo.
Para que en la luz variada del divino cielo no sólo
estuviera fija la corona de oro de las sienes de Ariadna,
sino que también resplandeciera yo,
devotos despojos de una cabeza rubia,
la diosa a mí, que llegaba a los templos de los dioses algo humedecida por el llanto,
me colocó como un nuevo astro entre los antiguos.



LXVII. de ianua moechae cuiusdam

O dulci iucunda viro, iucunda parenti,
     salve, teque bona Iuppiter auctet ope,
ianua, quam Balbo dicunt servisse benigne
     olim, cum sedes ipse senex tenuit,
quamque ferunt rursus gnato servisse maligne,
     postquam es porrecto facta marita sene.
dic agedum nobis, quare mutata feraris
     in dominum veterem deseruisse fidem.

Oh encantadora para un dulce esposo, encantadora para un padre,
salud, y que Júpiter te favorezca con buena prosperidad,
puerta, que -dicen- has servido benignamente a Balbo
en otro tiempo, cuando el anciano en persona poseyó la casa,
y que -cuentan, en cambio- has servido maliciosamente a su hijo,
después que te has convertido en casada, una vez que el anciano estiró la pata.
¡Anda!, dime por qué se cuenta que, transformada,
has abandonado la antigua lealtad hacia tu dueño.


'Non (ita Caecilio placeam, cui tradita nunc sum)
     culpa mea est, quamquam dicitur esse mea,
nec peccatum a me quisquam pote dicere quicquam:
     verum isti populo ianua quidque facit,
qui, quacumque aliquid reperitur non bene factum,
     ad me omnes clamant: ianua, culpa tua est'.
Non istuc satis est uno te dicere verbo.
     sed facere ut quivis sentiat et videat.
'Qui possum? nemo quaerit nec scire laborat'.
     Nos volumus: nobis dicere ne dubita.

"No (aunque agrade a Cecilio, a quien ahora se me ha entregado),
no es culpa mía, aunque se dice que es mía,
ni nadie puede decir que yo he cometido falta alguna:
pero para esa gente todo lo hace la puerta
y, dondequiera que se encuentra algo no bien hecho,
todos gritan contra mí: ¡puerta, la culpa es tuya!".
En ese punto no es bastante que tú lo digas con sólo las palabras,
sino que debes hacer que cualquiera lo perciba y lo entienda.
"¿Cómo puedo? Nadie pregunta ni se molesta en saberlo".
Yo lo quiero: no dudes en contármelo.


'Primum igitur, virgo quod fertur tradita nobis,
     falsum est. non illam vir prior attigerit,
languidior tenera cui pendens sicula beta
     numquam se mediam sustulit ad tunicam;
sed pater illius gnati violasse cubile
     dicitur et miseram conscelerasse domum,
sive quod impia mens caeco flagrabat amore,
     seu quod iners sterili semine natus erat,
et quaerendum unde foret nervosius illud
     quod posset zonam solvere virgineam'.

"Primero, pues, eso que se cuenta de que se me ha entregado una doncella
es falso. A ella no la habrá llegado a tocar el primero su marido,
cuyo puñalito, que le cuelga más débil que una acelga tierna,
nunca se le levantó ni a la mitad de la túnica;
pero se dice que fue el padre quien ultrajó el lecho de su hijo
y mancilló la desdichada casa,
ya sea porque su impío corazón ardía en ciego amor,
ya sea porque el hijo era inactivo y de semen estéril,
y debía buscarse de donde fuera algo más vigoroso
que pudiera desatar el ceñidor virginal".


Egregium narras mira pietate parentem,
     qui ipse sui gnati minxerit in gremium.
'Atqui non solum hoc dicit se cognitum habere
     Brixia Cycneae supposita speculae,
flavus quam molli praecurrit flumine Mella,
     Brixia Veronae mater amata meae,
sed de Postumio et Corneli narrat amore,
     cum quibus illa malum fecit adulterium.
dixerit hic aliquis: quid? tu istaec, ianua, nosti,
     cui numquam domini limine abesse licet,
nec populum auscultare, sed hic suffixa tigillo
     tantum operire soles aut aperire domum?

Me hablas de un padre extraordinario por su admirable amor filial,
quien en persona habrá orinado en el regazo de su hijo.
"Pero no sólo esto se dice que tiene por sabido
Brixia, situada al pie de la atalaya cicnea,
a la que baña el dorado Mela con su suave corriente,
Brixia, amada madre de mi Verona,
sino que habla sobre Postumio y del amor de Cornelio,
con los que ella cometió un vil adulterio.
Alguien aquí podría decir: ¿Cómo? ¿Sabes tú esas cosas, puerta,
tú, que nunca has podido estar alejada del umbral de tu señor
ni escuchar con atención a la gente, sino que aquí fijada por debajo a la viga pequeña
sueles tan solo cerrar o abrir la casa?


saepe illam audivi furtiva voce loquentem
     solam cum ancillis haec sua flagitia,
nomine dicentem quos diximus, utpote quae mi
     speraret nec linguam esse nec auriculam.
praeterea addebat quendam, quem dicere nolo
     nomine, ne tollat rubra supercilia.
longus homo est, magnas cui lites intulit olim
     falsum mendaci ventre puerperium'.

Con frecuencia la escuché contando con voz furtiva,
a solas con sus criadas, estas deshonras suyas,
llamando por su nombre a los que he dicho, puesto que esperaba ella que yo
no tuviera ni lengua ni oreja delicada.
Además, añadía a otro de quien no quiero decir
su nombre, para que no alce las rojizas cejas.
Es un hombre alto a quien puso en grandes pleitos, hace tiempo,
el falso parto de un vientre mentiroso".



LXVIII. ad Allium

Quod mihi fortuna casuque oppressus acerbo
     conscriptum hoc lacrimis mittis epistolium,
naufragum ut eiectum spumantibus aequoris undis
     sublevem et a mortis limine restituam,
quem neque sancta Venus molli requiescere somno
     desertum in lecto caelibe perpetitur,
nec veterum dulci scriptorum carmine Musae
     oblectant, cum mens anxia pervigilat:
id gratum est mihi, me quoniam tibi dicis amicum,
     muneraque et Musarum hinc petis et Veneris.

Oprimido por la fortuna y la desgracia amarga,
esta cartita inscrita con lágrimas me envías
para que, como náufrago salvado de las espumosas olas del mar,
te ayude y te rescate del umbral de la muerte;
a ti, a quien ni la sagrada Venus tolera descansar en dulce sueño,
abandonado en tu célibe lecho,
ni las Musas con el suave canto de poemas antiguos
te deleitan, cuando tu alma, inquieta, pasa toda la noche en vela:
esto me es grato, porque me consideras amigo tuyo
y, en consecuencia, me pides los dones de las Musas y los de Venus.


sed tibi ne mea sint ignota incommoda, Alli,
     neu me odisse putes hospitis officium,
accipe, quis merser fortunae fluctibus ipse,
     ne amplius a misero dona beata petas.
tempore quo primum vestis mihi tradita pura est,
     iucundum cum aetas florida ver ageret,
multa satis lusi: non est dea nescia nostri,
     quae dulcem curis miscet amaritiem.

Pero, para que no te sean desconocidas mis desdichas, mi Alio,
ni pienses que odio el oficio del huésped,
date cuenta en qué oleajes de la fortuna me hundo yo en persona;
no intentes conseguir más de un desgraciado dichosos dones.
En el tiempo en que por vez primera se me entregó la blanca toga,
cuando recorría mi edad en flor su agradable primavera,
me ejercité bastante en muchas actividades por divertirme:
no me ignora la diosa que la dulce amargura mezcla con las penas.


sed totum hoc studium luctu fraterna mihi mors
     abstulit. o misero frater adempte mihi,
tu mea tu moriens fregisti commoda, frater,
     tecum una tota est nostra sepulta domus,
omnia tecum una perierunt gaudia nostra,
     quae tuus in vita dulcis alebat amor!
cuius ego interitu tota de mente fugavi
     haec studia atque omnes delicias animi.

Pero todo este deseo mío, con su luto, se lo llevó consigo la muerte fraterna.
¡Oh hermano, al desgraciado de mí arrebatado,
con tu muerte quebraste mi situación de comodidad,
toda nuestra casa fue sepultada juntamente contigo,
todas las alegrías nuestras perecieron juntamente contigo,
las que en vida tu dulce amor alimentaba!
Con tu partida he puesto en fuga de todo mi ánimo
estos deseos y todas las delicias del alma.


quare, quod scribis Veronae turpe Catullo
     esse, quod hic quisquis de meliore nota
frigida deserto tepefactet membra cubili,
     id, Alli, non est turpe, magis miserum est.
ignosces igitur si, quae mihi luctus ademit,
     haec tibi non tribuo munera, cum nequeo.

Por lo cual, el que me escribas que para Catulo es vergonzoso estar en Verona,
porque aquí cualquiera de mayor renombre
entibia sus helados miembros en un lecho abandonado,
esto, mi Alio, no es vergonzoso, sino más bien triste.
Me perdonarás, pues, si no te concedo estos dones
que el dolor me ha arrebatado, porque no puedo.


nam, quod scriptorum non magna est copia apud me,
     hoc fit, quod Romae vivimus: illa domus,
illa mihi sedes, illic mea carpitur aetas;
     huc una ex multis capsula me sequitur.
quod cum ita sit, nolim statuas nos mente maligna
     id facere aut animo non satis ingenuo,
quod tibi non utriusque petenti copia posta est:
     ultro ego deferrem, copia siqua foret.

Pues, que no haya una gran cantidad de poemas en mi casa,
esto sucede porque en Roma vivimos: ella es mi casa,
ella mi morada, allí paso la vida;
aquí una cajita de entre muchas me sigue.
Y al ser esto así, no quisiera yo que consideres
que hago esto con intención maliciosa o con ánimo no del todo noble,
porque no te haya sido dispuesto ni uno ni otro recurso de lo que pides:
si alguna riqueza tuviera, yo con gusto te la entregaría.


(Hasta el verso 40)




(Página en construcción)