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Premática que este año de 1600 se ordenó

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Premática que este año de 1600 se ordenó
de Francisco de Quevedo



PREMÁTICA QUE ESTE AÑO DE 1600 SE ORDENÓ


Por ciertas personas deseosas del bien común y de
que pase adelante la República, sin tropezar ni usar
de bordoncillos inútiles, pues se puede andar sin ellos
y por camino llano en las conversaciones y en el escribir
de cartas con que algunos tienen la buena
prosa corrompida y enfadado el mundo.


A los cuales rogamos por cortesía y si es importante, con imperio, que seis meses después de dada esta nuestra carta y cédula, contando desde el día que se notificare, no usen ni puedan usar de los vocablos y modos de decir que por ésta se les veda; y haciendo lo contrario, se les agravarán y darán las penas merecidas. Y ninguno crea que por gracia ni curiosidad nos hemos puesto en semejante trabajo: que no es sino lástima de que no se conozca ya, ni diferencie el ciudadano del rústico, ni el necio del discreto, por haber empezado el malo y ordinario lenguaje de unos a otros con intenciones supersticiosas.
Primeramente se quitan todos los refranes, y se manda que ni en secreto ni en palabras se aleguen, por gran necesidad que haya de alegarse. Quítanse las significaciones de las colores, que son muy enfadadosas, y no hay para que gasten sus dineros en vestir v erde leonado, para así mostrar que están con esperanza cautivos y acongojados que mucho mejor hablarán ellos, por mal que hablen, que sus vestidos. Quítanse también las letras de anillos o cintillos.
En los poetas hay mucho que reformar, y lo mejor fuera quitarlos del todo; mas porque nos quede de quién hacer burla, se dispensa con ellos; de suerte que, gastados los que hay, no haya más poetillas.
Y quedan con este concierto: que de aquí en adelante no finjan ríos sus ojos, porque no somos servidos de beber lagañas ni agua de cataratas: cada uno llore en su casa si tiene qué, y muera de su muerte natural sin echar la culpa a su dama: que hay a veces más muertes en una copla, que hay en año de peste, Y después de habernos cansado, viven mil años más que por quien morían.
Quitamos más: que no traten del carro de Apolo, la Aurora, Filomena, la Parca, Venus, Cupido, ni se quejen de cabellos, ojos, boca de su dama ni digan:
Ablanda aquese pecho endurecido;

que si es enfermedad y le tiene áspero, por eso se permiten médicos y cirujanos que remedien ese mal.
A los predicadores pedimos que se enmienden en pedirnos atención, «vayan conmigo», dar palmadas, hablar con tonete, ni decir, «Acuérdome que he leído»; que se suelen acordar a tiempo que es hora de comer más que de averiguar memorias. «Dice Dios, y dice bien», se les quita, porque ya sabemos que Dios no puede errar.
Quítanse por nuestra Premática los modos de decir siguientes:
«Los dares y tomares. Lo que mis fuerzas alcanzaren. En realidad de verdad. Ofrecer el alma en sacrificio. Serviré con muchas veras. Mi corta ventura. Una sed de agua. A raíz del estómago. A boca de noche. De las tejas abajo. De las tejas arriba. A banderas desplegadas. Ni en burlas ni en veras. La presente es para hacer saber. La de vuesa merced recibí. Vuesa merced me haga. Ea, ¿mándame algo? El día de marras. El estado de las cosas. Unos negozuelos. Unas tercianillas. Pelitos al mar. Vaya al diablo para puto. Tan amigo como de antes. Diré lo que no querrá oír. Dar una puñada en el cielo. El buey volar. Preguntar por Mahoma en Granada. Como volar. Como si nunca fuera. Eso y lo otro. Fulano y Zutano. Una por una. El mormullo. La canalla. El hilo de la gente. La gente bajuna. De cuando en cuando. Y tan y mientras. El colodrillo. Haberle dado del pie. Dar de mano a las cosas. Tomar negocios a pechos. El hincapié. Echar el pie adelante. La torre de Babilonia. La de mazagatos. La destruición de Troya. La obra de la iglesia mayor. Las uvas de mi majuelo. La viña vendimiada. Más que comer solimán. Entrome acá, que llueve. No es buñuelo de freír. Hogaño en buen año. No tarda si llega. Buenos son mis deseos. Y de ellos está lleno el infierno. La gallardía. El pundonor. Hombre de chapa. Ojos que tal ven. Oídos que tal oyen. Oiránnos los sordos. El descalzar de risa. La fantasía. No hay más Flandes. Ni más que ver ni oír. Hasta ahí pudo llegar. Deshízose como sal en el agua. Tiene los oídos dados a adobar. Hasta el regatón. Ultra desto, Con esta letura. Negocio liso. Cosa llana. Redonda como una redoma. La hoja en el árbol. Dos cuerpos y un alma. Por curso de tiempo. En gustos no hay disputa. Por punta de lanza. Los hierros de Santo Domingo. El herrojo de las cuevas. La toca de la hermandad. Desta agua no beberé. Santa de Pajares. Ollas de Egipto. Los llamados y escogidos. Pueblos en Francia. La dama de paramento. En manos está el pandero. Perrill o de muchas bodas. Amor tronquero. Maricastaña. Perico en la horca. El rey que rabió. Cuando más y mucho. Las Quinientas de Juan de Mena. La honra y la vergüenza. Honra y provecho no caben en un saco. Manta mojada. Agua y lana. Todo es agua de cerrajas. No vale sus orejas llenas de agua. No sabe lo que se pesca. Vale a peso de oro. Teñida la campana. El tiempo doy por testigo. Hombre medio mujer. La más cuerda de lana. Quien ni se oyese ni viese. Beber con guindas. Lindo pico. Tiene garabato. Y un no sé qué. Túvome por los cabellos. Pertinaz. Nació en las mal vas. Habló por boca de ganso. Y soy Marimarica. La piedra en el rollo. Mis puntas y collar. Su tiempo hace. Las pajaritas que vuelan. Satírico. Diabólico. Como a los pies del confesor. Es predicar en desierto. Dar voces al aire. Con la de Calaínos. Buenos días y noches. Para puto si fueran piñas. Oxe, polla. El abolengo. Espetahilas. Emulos. Bien se puede comer. Las tres mil leyes. A las mil maravillas. Para un sábado. Ver por brújulas. El portador de ésta. La capa en el hombro. Juega el sol antes que sale. No sabe lo que se tiene. Es un Alejandro. Un maremágnum. Esto peronia. Es como una dama. Es como unas nueces. Punto en boca. Callar como en misa. La sangre de los brazos. Hacer de tripas corazón. Orejas de mercader. Dar con la carga en tierra. Más sabe que las culebras. Allá voy y no hago mengua. A Roma por todo. El pago que da el mundo. Escarmentar en cabeza ajena. El corazón me quiebra. La soga a la garganta. Tiéneme hasta aquí (señalando la boca). No le debo ni aun esto (tocando un diente con la uña). Romper con todo. La barba sobre el hombro. La vida airada. Hasta matar candelas. Hacer la duz. Mojar la boca. El postrer bocado. No pega sus ojos. No se desayuna. A sabor de su paladar. Ni pena merece el amor. Sáquelo por conjetura. Ya tiene cuyo. No hay qué Fiar. Bien se puede fiar. Puertas al campo. Quien no parece, perece. Mátalas callando. Por sí o por no. Tarde o temprano. Estoy como si me hubiesen dado de palos. Tomar la mañana. A reír del alba. Fresca como una lechuga. No hay más mal en él que en casa caída. A regañadientes. A las que sabes mueras. Es un pelón. Parla como papagayo. Es paloma sin hiel. Pelarse las cejas. Hace hablar una vigüela. Las verdades amargan. Hace corres de viento. Sacaré vientre de mal año. Darse un buen verde. Aunque me voy acá quedo. Si se muriese, enterralle. Dios le guarde hasta el sábado en la tarde. Partir un cabello. No le echarán dado falso. Quien tal hace, que tal pague. Pagar en la misma moneda. Debajo de la capa del cielo. Sobre la capa del justo. A qué quieres boca. Pese a quien pesare. Pintar como querer. A propósito fray Jarro. No me entrará de los dientes adentro. Salvo el guante. Aspavientos. Servicio y muy pequeño. Como el pan de la boca. Si no lo ha por enojo. Manso como un cordero. Bravo como león. Hará cera pabilo. Pagar justos por pecadores. La paz de Judas. Perdiso, haré mate. Como Pedro por demás. Alma de cántaro. Juan de buena alma. Y el de Espera en Dios con sus cinco blancas. El mando y el palo. El cojijo. Las de Villadiego. El pie a la francesa.»
Ítem, salga de las comparaciones: «El rey don Felipe en su estado. Es un Alejandro. Los duques. Condes. Un triste zapatero de lo viejo. Por lo eclesiástico. El arzobispo de Toledo. El cura de la parroquia. Es una Santa Catalina de Sena. Dar gato por liebre. Corrido como una mona. La maza y la mona. El cuerpo y el alma. Cerróse de campiña. Sudar como gato de Algalia. Pase ése, que ha comido cazuela. Harto ciego es quien no ve por tela de cedazo. Quebrar la hiel en el cuerpo. El aire corruto. 6 razón no quiere fuerza. Comerse las manos tras ello. Cuando no me cato. Haga vuesamerced penitencia conmigo. Duelos y quebrantos. Apellidóseme la hierra.»
Y los demás que a este tono dicen los graciosos: «Todos a una mano. Dos al mohíno. Las mangas después de pascua. El camino carretero. La piedra imán. No tiene a nadie en lo que pisa. El jubón de azotes. Con eso no llueve. Ruin sea por quien quedare. Echar piedras atrás. Beber los vientos. Buena erais para retratada. Servidor de vuesamerced usque ad mortem. Por cierto y por su madre», etcétera.
Con esta suma de recordación estará más tratable la gente, si huyen estos modos de decir, de suerte que no den nota de su mudanza de lenguas, para lo cual damos dos meses de dispensación y para que mejor aprendan a huirlos; quedando con esto los discretos más, y los necios, aunque no dejen de serlo, enmendados algo. También por ésta prohibimos no culpen los autores, etcétera.