Programa de la Liga Panamericana del Trabajo

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Programa de la Liga Panamericana del Trabajo
de Práxedis G. Guerrero



Esta organización, como su nombre lo indica, es de los trabajadores de ambos sexos de todas las naciones de América, y su programa, dirigido al mejoramiento de la especie humana, tiene como principios los siguientes:


  1. Propaganda y sostenimiento de la Enseñanza Racionalista.
  2. Emancipación de la mujer.
  3. Destrucción de los prejuicios de raza y nacionalidad que al presente dividen a la humanidad.
  4. Participación de los proletarios de todas las naciones de América en los asuntos de carácter social que afecten a cualquiera de ellas.
  5. Mejoria de salarios y demás condiciones de trabajo.
  6. Abolición de la guerra.

Plan de organización[editar]

  1. Los compañeros o compañeras, no menos de cinco, que vivan en el mismo lugar o distrito podrán formar un grupo.
  2. Individuos aislados también podrán formar parte de la Liga inscribiéndose en el grupo más cercano a su residencia o pidiendo su tarjeta de miembro a la Oficina Internacional.
  3. Cada grupo tendrá un secretario, un organizador y un tesorero internacionales, que funcionarán provisionalmente hasta que se reúna la primera Convención de Delegados de los Grupos.
  4. Un año será el término de las comisiones de todos los funcionarios.
  5. La cuota inicial de todos los miembros será de cinco centavos oro, e igual cantidad se pagará como cuota regular semanariamente.
  6. Los grupos formarán un fondo de emergencia que conservarán en su poder, dando solamente aviso mensual de las cantidades existentes a la Oficina Internacional.
  7. El producto de las cuotas de iniciación y regulares se aplicará a los gastos de organización y propaganda.
  8. El fondo de emergencia se empleará en casos de huelga y otros movimientos obreros análogos.
  9. Las compañeras o compañeros que tengan una misma ocupación u oficio podrán formar Uniones Especiales dentro de la Liga.
  10. En cualquier tiempo pueden los miembros de la Liga deponer a los funcionarios que se hagan indignos de ella, nombrando otros en su lugar.
  11. Todas y todos tienen derecho a iniciar y a revisar.
  12. Cuando el número de grupos organizados lo requiera, el Secretario Internacional convocará una Convención, en la cual los delegados de los grupos de la Liga formarán los estatutos definitivos de ella, de acuerdo con los principios de su programa.

Exposición[editar]

La Liga Pan-Americana toma como campo de acción el Nuevo Continente y las islas que le rodean, sin perjuicio de apoyar y contribuir solidariamente a los movimientos obreros de otras partes del mundo: simple cuestión de táctica es la que motiva que la organización sea regional teniendo como base principios universales.

Por mucho tiempo ha estado la educación escolar de la niñez proletaria en manos de las clases dominantes y explotadoras, que han podido con ese medio modelada para la obediencia y la servidumbre. Hay muchos obreros que luchan contra los amos en diferentes formas, pero cuyos hijos acuden a las escuelas que éstos mantienen para encarrilar a la humanidad por el camino que a ellos les place. Así, con el enemigo en casa, apoderado de los cerebros en formación, resulta casi del todo estéril la lucha de los proletarios, que suelen alcanzar en una generación victorias y ventajas que la generación siguiente deja perder o desaprovecha porque ha sido educada por su enemigo.

La educación del proletariado debe estar en manos de proletarios para que sea benéfica, responda a sus necesidades y sea fuente verdadera de emancipación. La Liga trabajará por la Enseñanza Racionalista, fundando escuelas, bibliotecas, centros de estudios sociales y fomentando prensa libertaria.

Al decir mejoramiento de la especie humana claro está que en él se comprenden todos los problemas que a ella se relacionan, inclusive la emancipación de la mujer; pero la Liga ha hecho de ésta uno de sus principios porque la considera un punto de gran importancia, descuidado deplorablemente por muchos individuos que manteniendo despotismos en el hogar buscan en otros campos la libertad. La injusticia de las condiciones sociales existentes si es pesada para los hombres, lo es más, y de una manera abrumadora, para las mujeres. Si en realidad se quiere hacer labor libertadora en el mundo debe ésta empezarse en la familia, ayudando a dignificarse a la que es nuestra madre, nuestra hija, nuestra compañera o nuestra hermana. Interesar a la mujer en los trabajos de la emancipación común, facilitarle los medios y las oportunidades de desarrollar libremente su individualidad fuera del molde deformador de las supersticiones y las llamadas conveniencias sociales que en muchos países la oprimen, será tarea que desempeñará la Liga.

Un río, una cadena de montañas, una hilera de pequeños monumentos bastan para mantener extraños y hasta enemigos a dos pueblos; de un lado y de otro vive la desconfianza, la envidia y el rencor por actos de generaciones pasadas. Cada nacionalidad pretende estar en cualquier sentido por encima de las demás, y las clases dominadoras, que son dueñas de la enseñanza y dueñas de la riqueza de las naciones, alimentan en los proletarios la creencia de superioridades y orgullos tontos a fin de imposibilitar la unión de los trabajadores en el esfuerzo que separadamente hacen por libertarse del Capital. Los odios de raza, y sobre todo las enemistades de nacionalidades contra nacionalidades tienen su origen, en lo general, de crímenes de unos cuantos cometidos con la fuerza inconsciente de las multitudes fanatizadas por la patriotería.

Los prejuicios de raza y de nacionalidad, hábilmente manejados por los tiranos y los capitalistas, impiden a los pueblos acercarse entre sí fraternalmente; destruyéndolos se quitará a los ambiciosos una arma poderosa. Muchas organizaciones e individuos se han ocupado ya del asunto; la Pan-Americana no hace más que secundar el movimiento.

Si los trabajadores de todas las naciones de América tomasen participación directa en las cuestiones de carácter social que afecten a uno o más grupos proletarios se conseguiría resolver pronto y felizmente muchas dificultades; huelgas, reformas de todas clases, movimientos libertadores, triunfarían fácilmente en la región donde se produjeran teniendo el apoyo solidario del proletariado internacional, a cuya completa emancipación contribuyen las victorias logradas en cualquier punto. La Liga tomará empeño en hacer efectiva la acción solidaria del proletariado de América.

El aumento de salarios, la disminución de horas en las jornadas de labor; la humanización de todas las condiciones de los lugares de trabajo traerá consigo mejores medios y oportunidades para la evolución de los obreros; estas pequeñas ventajas, reformas indispensables del momento, valen la pena de no desdeñarlas mientras se consigue hacer desaparecer el sistema injusto del salariado.

Con armas fabricadas por manos proletarias, con riquezas arrebatadas a masas proletarias, con sangre y sacrificios de proletarios, se hacen las guerras para provecho de capitalistas y tiranos. El principal elemento para las guerras son las multitudes proletarias, de donde salen ejércitos y contribuciones: quitando ese elemento a las clases dominantes, haciendo que cuando menos una parte numerosa de los trabajadores se opongan decididamente a las intervenciones, las conquistas y los robos enmascarados con pretextos de humanitarismo, de honor nacional y patriotismo, se harán imposibles esas horribles matanzas colectivas que los famosos Congresos de Paz de los gobiernos no impiden porque están formados por instrumentos de los mismos que se interesan en hacerlas. La civilización demanda la abolición de la guerra, nosotros, los proletarios, podemos impedirla presentando a los gobiernos que quieran hacerla la protesta colectiva en las más eficaces formas.

Ningún pueblo que luche en estos tiempos por su verdadera emancipación puede contar como únicos enemigos a los opresores de casa; tiene que tomar en cuenta la fuerza que reciben de los de afuera; tiene que combatir con un enemigo internacional; tiene que disputar sus derechos con el enemigo común de los trabajadores mundiales; necesita, pues, la solidaridad de todos ellos, y está obligado por conveniencia propia a apoyar con la suya a los demás.

La Liga no trae ideas nuevas; viene solamente como nueva unidad de lucha para hacer prácticos los principios que orientan a la humanidad a su mejoramiento.

Trabajadores, meditad en los principios de este Programa y si los halláis justos y merecedores de vuestro esfuerzo organizaos con ellos.

Unidos hemos estado para obedecer y sometemos a la voluntad de los amos y el resultado ha sido el engrandecimiento de unos pocos y la miseria de muchos. Unámonos ahora para luchar, y el resultado será la emancipación de todos.

Práxedis G. Guerrero

Regeneración, N° 8 del 22 de Octubre de 1910.