Réquiem por una escuela

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Réquiem


 POR UNA ESCUELA

 (POEMARIO)


 Domínguez Hidalgo

OBRA POEMÁTICA COMPLETA
TOMO XVI


Primera Edición 1983.




 Inolvidable

 Fresno

 15...








 ¿Quién habla de victorias?

 El resistir lo es todo

 Rilke






I. INTROITO

Cíclico vaivén de la espiral dialéctica:
todo acaba al principiar lo eterno
y en el término inexacto de sus horas
se vuelca el infinito hacia un instante
que se evapora...

Sutiles inconsciencias regodeándose
en sus altivos yermos,
no escuchan las acústicas precisas
de creerse inmarcesibles cetros
en la oquedad celeste.

Posesos de un amor tan de sí mismos
se olvidan del demás por qué se vive
y aislados en su roca primitiva
se creen los protozoarios siempre vivos
en su ciega fantasía
de orangutanes sedientos de poder
a penas
usufructuando huesos

Si acaso comprendieran el esquema
que diseña fugaz su mente insana
-la muerta carcajada enhiesta-
tal vez ajustarían las cuentas
y entenderían…
-simios erguidos-
la suma de la resta.

Sabrían que su alto engreimiento
es minúsculo residuo de lo inmenso
donde todo es más grande
que la rabia de querer
rellenar sus huecos indivisos
de farsantes reyes
con los retazos de sus carnes frías.

Y captarían los estrépitos del tiempo
que agotan en su riel
la estulticia de sus muecas
donde ruedas que perpetuas giran,
jamás regresan a la misma vuelta.

Como gritos de bestias agoreras
volviéndose murmullos afrentados
al descubrir la pequeñez de ser
espacios mínimos de las moléculas
se arrastrarían en ayes
comprendiendo el hedor
de sus bocetos.

Entonces volverían la cara
cabizbaja hacia la tierra
para pedir piedad
ante su nada…

Pero los fatuos no saben
-pobres miserables del comando-
en su soberbia de larva,
que nunca habrá mariposas
en sus vuelos,
sólo vampiros,
murciélagos encandilados
que no saben de la luz
y de sus fuegos.

Hundidos en la escoria de los oros
dejarían de ladrar
su muchedumbre de venenos
y sucumbirían
sobre la arena del desierto petulante:
sólo somos un segundo sanguinario
que se acaba en un decir Jesús
y sin más cruces
nos ahogamos en océanos insepultos
de vacío.

De qué sirven entonces sus vidas altaneras
ahogadas en el humo
de apariencias,
si una mañana
o una tarde pajareras,
no volverán a escucharse
en sus litigios
y todo habrá acabado
en los inútiles esfuerzos de sentirse
poderosos sobre hiedras
sin silueta.

La muerte dice basta
-nunca dice el día oblicuo
ni la hora torcida
ni el minuto soslayado…
mucho menos el segundo culminante-
Nadie puede renovar sus codicias
degolladas para siempre.
Todo acaba.

Vidas perdidas en fragores de egoísmo
que incesantes retorcieron los caprichos
del incienso
y sus miradas altas,
sus perfiles vacuos,
sus altiveces afamadas
se hundirán al grado cero
de la escarcha.

Sólo los grandes maestros de la luz
se irán a lo alto,
lejos del procaz asesino
de sí mismo
que nunca comprendió
en su cerebro nimio
que los golpes al portón ambicionado
darán fugaz respuesta
al cerrarse en los rasguños de su muerte.

Allí quedarán hechas piltrafas
sus ganas de sentirse emperadores,
de creerse mandamases del negocio ajeno,
de posarse en los cubículos de las discordias,
de apreciarse retrato entre los mustios
que cayeron en los crédulos escaños
de su insolencia.

Arcángeles de la conciencia casta
volarán distanciando a los traidores
que vendiéndose a postores del ladrido,
alardearon de su triunfo estulto;
cruce jactancioso de colmillos
que se auto devoraron…
y quedaron sin siquiera parecer carroña,
sino eructos olvidados.
 
Sólo el vuelo celeste de los folios
que escribieron mis maestros de calvario
labrarán el historial eterno
del lumen espiral de los humanos
y harán que la antorcha continúe
su marcha de estafetas solidarias.

Lucha perenne en el descanso de sus días
perpetúe su luz
sobre los turbios pasajeros
del escarnio
y me ilumine
para honrar la vida.


II. KYRIE

Clemencia divina te llamo…
Al borde del canto,
te clamo…
Al ras de la belleza,
te aclamo…
Al compás de tu armonía,
te alabo...

Pon tu misericordia en ellos…
¡Oh, Dios de la belleza!
y danos la piedad de ser nosotros…
¡Oh, Dios de la poesía!
orlados de recuerdos luminosos.

¡Oh, Dios de la inteligencia!
amparados con su escudo de estrategias
líbranos de laberintos fútiles
y danos el justo equinoccio…
lejos de las burocracias paleras
y los críticos fantoches.

¡Oh, santos de la palabra sabia!
Arrebolen las bondades del perdón
sin olvidar la afrenta…
¡Oh, ángeles que velaron mis letras!
Estudiosos de mi ser en la alegría
de aprender la red del arte
y sus nidales

¡Oh Dioses Maestros!
Aquellos por los cuales vivimos,
¡Ohuaya!
allá donde se encuentren
-si se encuentran-
comprendan el dolor de ver las aulas
enmierdadas de falacias
y acepten nuestro planto:

¡Qué bien que murieron sus gardenias
para no agonizar entre los ascos
de la porquería!

¡Qué bien que sucumbieron sus gaviotas
para no derrumbar sus altos vuelos
ante tanta harpía!

¡Qué bien que sus silencios estrellaron
los espejos de sus nombres olvidados
en la germanía!

¡Qué bien que se borraron de sus horas
las locuras ilusorias de ser hoces
en la yerma ramería!

¡Qué bien su muerte entre las tantas muertes
que se han muerto de su muerte vida
tras de inútil día!

¡Qué mal su vida entre las tantas vidas
que han vivido de vitales muertes
sin más armonía…
y sin fantasía…
y sin poesía…
sin orfebrería
y sin melodía…
sin galantería
y sin varonía…
sin más juglaría
ni caballería…

Sólo egolatría…
y piratería…
y mitología…
y monotonía…
y rata osadía…
sólo oligarquía…
y regatería…
falsa rebeldía…
y rapacería…

Sólo satrapía…
y baratería…
cero algarabía
que al amar crecía…

Nada de energía
que se alzaba en guía
tras la lozanía
de la cortesía…

Nula frenesía
por dar autoría
a la ideología
vuelta librería

Simple rejería
de holgazanería.
Vacua gritería
de la pedrería…
sin sabiduría…
sin quijotería…

Sólo enanería
con su putería
y Cía.

Era una escuela que tenía
Hombres y Mujeres antiguos
-dignos de nombrarse sembradores-
vestidos de humildad tan sabia
que sus pilares eran vigorosos
y la sostenían de los sátrapas que anhelaban
cerrarla como a un antro contagioso
de verdades que no les convenían
a los irredentos piratas
de fragatas falsarias
Y farsantes.

Mucho amor, pero cobrando.

En cambio ellos, aquellos, ellas,
las bellas de cabellos sorjuaninos,
se pasaban de sol a sol;
de luna a luna;
de estrella a estrella
dándonos la virtud pecaminosa
de no amar el dinero
-las plazas-
-mega plazas-
sino usarlo para hacer el giro honesto
-patrimonio del esfuerzo-
y vestirnos con páginas platinas
los libros de sus ojos
aunque el sueldo volara al medio día
y quedaran muchos días sin nada,
sólo la alegría discipular de amar,
lanzar semillas,
alborotar el viento
y cosechar oleajes
que iban y venían en carabelas
de poemas, de ecuaciones y de enigmas.

Descanso eterno para ellos,
los que tanta donación sincera
nos esparcieron…
¡Oh Teotl Ipalnemohuani!
señor de la armonía
y la luz interminable,
resplandece en los etéreos seres
que tanto me amaron
en vida
al darme los vocablos magos
para entender el fuego
e incendiarme.

Alabados sean en todo el Universo.
¡Ohuaya ustedes,
por cual todos supimos!
Padres-Madres de mi cosmos trascendente,
por ustedes ofrezco mis votos de ternura;
hijos iluminados del Teotl
tlatoanis del conocimiento
que me prodigaron
la sabia palabra coronada en sus desvelos,
diáfana en mi mente agradecida;
regocijo del encuentro
bendecido.

¿Qué hubiera sido de mí sin sus destellos,
sin sus centellas,
sin sus estrellas,
sin sus querellas,
sin sus metrallas?

¿Dónde habrían quedado mis lágrimas
tras los fracasos,
rechazos,
golpazos,
y torpezas?

¿Quién las hubiera enjugado hasta secarlas
con aureolas de esperanzas?

Maestros que alegraron mi camino
entre tanto cardo
y me hicieron fuerte
para tocarlo
y no herirme,
sino librarlo de sus espinas.

¡Ohuaya, Teotl!
¡Energía creadora de infinitos!
Atiende a mi palabra activa
que no dice nada más,
sino hace que mi carne
se desmorone de luz ante Ti
porque eres ellos…
los que me dieron el compás de melodías
rociadas de teoremas
y de lucha atiborrada de premisas
verdaderas;
los que me dieron el gozo de loarlos
a la altura de sus vocablos
y purificaron mis extravíos con sabidurías
de soles.

¡Ohuaya Teotl!
Dales eterno descanso florecido
a sus cuerpos fatigados,
no a su mente,
que siga latiendo relumbrante
en las páginas escritas en mi vida,
en la vida de todos los que oyeron
y miraron
la acción de su vida compartida
a cada momento de sus tatuajes gambusinos.

Aferrados en su clarividencia,
vislumbraron las promesas de un futuro
de felicidades colectivas
dentro de las mayores felicidades individuales,
frugales pero ardiendo en maravillas
que les revelaste
para darme el alborozo
de su creación heredada,
tu herencia cósmica,
Ipalnemohuani.

Señor del junto y del cerca,
-la hermandad-
ilumina su nocturno vuelco,
y el mío,
hacia las esferas de tu don silente;
fulgurante en los bullicios de tus auras…
aunque a misérrimos de engreimientos
y de odios,
-nunca supieron amar-
les parezcan osamentas cursis.

Buitres escatológicos
-lástima del nombre
portador de falsos dioses-
vestidos de basura
que arrasaron los muros de la huella
rompiendo las paredes de una historia
y al final
solamente quedaron convertidos
en albañales de excremento
que apestan de maldad;
devoradores de miserias
que perdieron sus alburas
de aves campesinas
en tanto rejuego de caprichos
y vendimias…

Un día también en un sepulcro
estarán para siempre
sin luz…
sin recuerdos alados
sin nostalgias de sus palabras sembradoras
sin los ruegos para su perdón,
porque no atinaron a pensar
-en su vileza-
la inutilidad de su amarilla porqueriza.


III DIES IRAE

¿Quién se encuentra en más locura de poder?
¿Aquél que en vanidades lo ha tenido
o aquése resentido que lo quiere poseer?

¿Quién se quema en más ardida podredumbre?
¿Aquél que se ha vendido por un pan
desmigajado
o aquése que finge no comer saboreándose
su lumbre?

¿Quién caerá más culpable de la peste al horno?
¿Aquél que ha conducido borregadas
de castrados
o aquése que los salva tras su adorno?

¿Quién será más hipócrita en su rama?
¿Aquél que se ha dormido a los dormidos
o aquése que despierta a los que no ama?

¡Día de ira,
ese día de las respuestas
-interminable día-
cuando el mundo desintegre fatuidades
y las pavesas ronden sus orgullos
de nada!

Testigos serán,
Maestros míos,
del fin y del principio nuevo,
cuando locos matricidas,
parricidas paranoicos,
infanticidas esquizoides,
homicidas de los salvos superiores,
sientan el final de su ciclo cogitivo
-corrosivo-
y caigan en pedazos
desde la ilusión apócrifa
de sus mandatos.
-Nada creé
luego no existí.-

Entonces sabrán que sus soberbias
sólo estolidez de huesos eran
y gritando a la penumbra de su cieno
querrán reconstruir sus pasos
perdidos para siempre en la vereda
que royeron a migajas
con decretos de voraces pulgas.

¡Cuántos sismos y derrumbes en sus almas
han de haber
cuando el Juez inmortal los examine
y califique!

Los envidiosos captarán su daño
y su tristeza burda se ahogará en los pozos
del sudario;
los ambiciosos quedarán sin manos
ahogándose en monedas de oro.

Una trompeta esparcirá sonidos feéricos
que aterrarán al orbe
y las regiones de marmóreos sepulcros
y palacios funéreos
se abrirán ante el trueno de justicias.

Quebrantados parirán de pánico
los roncos sapos de la envidia.
Las fauces turbias de sus lacras horas
aullarán sus ambiciones de poderes
y en un tronco derretido de ignominias
gemirán los tecolotes de sus miedos.

Y ante hombres y mujeres redivivos,
malvados del poder
y la hipócrita política,
agiotistas de las hambres
y el abuso,
calañas del engaño y las promesas,
falsarios de divinas esperanzas,
impíos tiranos,
atónitas quedarán las multitudes,
temblorosas de la furia arrasadora
que hará vomitar todas sus pestes
ante el jueceo supremo,
-¡Ohuaya Teotl!-
el castigo a sus falacias usureras.

El Libro en que todo se contiene,
-hojas abiertas del cosmos-
para juzgar al mundo
se abrirá como hidrógeno explosivo.
y cuando el Juez se siente,
lo oculto quedará evidente
-palimsesto sin olvidos-
y todos los castigos
lloverán sin más clemencia
quemando a los perversos,
engreídos poderosos
e insolentes
 que nunca sintieron compasión por las miserias
que ellos mismos causaron
en su imperio de tarántulas
y áspides.

¿Qué dirán entonces, los paganos?
-cuánto les faltará de pago-
¿A qué abogado rogarán
cuando apenas los justos
estarán seguros?

¡Pobres los injustos capataces
que golpearon sin piedad
a los humildes!
Sobre ellos caerán volcanes de cenizas
y la lava aplastará sus culpas.

Maestro de tremenda majestad
y sus discípulos,
-maestros míos-
escogidos por la pura gracia
de sus virtudes,
sálvalos entonces
de la confusión horrenda
-vértigo de los infiernos-
y la fuente de amor que te derrama
ampare a los que dieron su entereza
por nosotros;
los que fuimos niños con la antorcha al hombro
buscando el esplendor de los caminos.

Tenles piedad en tu ira:
ellos te amaron con sus obras,
-aún los ateos-
y de rodillas
te imploro su perdón.
Absuélvelos
de las ataduras traicioneras,
de las voces alucinantes,
de la burla de las fieras.
Ellos me dieron la alegría de nacer
a cada hora,
con la entrega de su guía…
a tu valor,
cada segundo.

Tu gracia vengadora purifique sus errores
y nunca los despojes de tu credo
porque amaron la simiente sana
sembrada por ti en alegorías,
regada de metáforas
y odas
para resarcirla en tus templos de amor
que impúdicos mercachifles escupieron.

¡Perdónalos si acaso se extraviaron mis maestros!
Día de lágrimas es éste
para enjugarles el miedo
y ungirlos en la felicidad
de tu vital providencia.


IV RECORDARE

Acuérdate Maestro piadoso,
que por ti llegaron al mundo
del saber y la poesía,
y desde aquel día nunca los perdiste.
Los construiste letra a letra
Número a número
Historia tras historia
Belleza tras belleza

Fatigados en buscarte,
te miraron clavados en su cruz
y redimidos,
aquí estuvieron
a la luz de la justicia,
iluminados de creación
antes del día de la cuenta;
nos vertieron su pirotecnia de voluntades
y conciencia.
 
Maestros míos
no será inútil su trabajo;
germinará en la cuesta
y volverán a florecer las colinas
donde ya apóstoles de la verdad,
sembradores de la belleza
líderes del bien
ustedes flores fueron.

Gimiendo por sus obras hoy imploro,
como reo de lo que creo:
ilumina mi rostro con todos los colores
de las ideas
y perdona, ¡oh Dios!, te lo suplico
si mi paso se pierde en remolinos
y no alcanzo a pergeñarme en ellos
.
Si a Magdalena absolviste,
-alegradora de todos-
-ahuianime-
y atendiste al ladrón arrepentido
para llevarlo a los trece
cielos del cosmos,
infúndeme otra vez las esperanzas
de esparcir las herencias de sus huertos
y el cultivo de sus lares.

Yo que nunca he sido santo,
sólo un hombre luchando en el desierto,
te suplico por ellos redimirlos,
para ellos consumarlos
y con ellos reiniciar el ciclo.

No me dejes caer en la tentación de la venganza.
Serían indignas mis plegarias
en tu santificado reino;
no permitas que despliegue maldiciones
a los podridos asesinos;
no consientas que mi boca vocifere
cuando estén caídos
y los escupa;
haz benigno de abrasarme
en el sendero eterno de tu llama vida.

Ponme entre tus ovejas para abrirles los caminos
a los creadores
y no darles pastores criminales;
apártame de los machos cabríos
que embisten de rencor por no ser ángeles,
ni arcángeles
ni acaso serafines
coros, querubines, tronos
y nunca virtudes.

Colócame a tu lado
junto a ellos,
mis maestros,
padres y madres que están en tus cielos,
cuando tenga que dejar la tierra

Rechaza a los malditos destructores
de un ensueño apabullado
por los impostores,
y a terribles llamas condenados
hazlos que se arrepientan
y dejen de gritar su cruel infierno.

Aléjalos de los benditos,
Maestros fundadores.
Ruego, suplicante y postrado,
deshecho el corazón como ceniza,
y cuida Tú…
cuando decidas
 el instante de mi dichoso fin
al fin estar contigo
y con ellos
y con ellas
siempre purificado por el bien vertido.

Asombroso aquel día
en que resucitarán del polvo
mis maestros,
para ser juzgados como hombres inculpados,
perdónalos, ¡oh Dios piadoso
de las ciudades y los pueblos!
Dales, Señor
-Teotl Ipalnemohuani-
o como quieran nombrarte los humanos,
el descanso de haber sido,
oh maestros míos,
como Yoshua
salvadores.
Así fueron.
Así seamos.
Amén


V DOMINE

¡Señor del único poder total,
Tlatoani de la Gloria!
Libra a las almas de todos los difuntos
-fieles o infieles-
de las penas del infierno
y del lago profundo.

Líbralas de los hocicos diabólicos;
no las trague el abismo,
ni caigan en tinieblas;
el arcángel de la espada fulminante
las lleve a la luz santa
con que en todo tiempo iluminaste
a tus descendientes.

Te brindo, Señor,
Teotl Ipanemohuani,
hostias y súplicas de alabanza;
tortillas de amaranto,
ofrendas de copal ahumadas
y cempasúchiles de la abundancia;
recíbelas Tú por las almas
de quien hoy hacemos memoria
maestros de mi escuela extinta,
espíritus de su gloria,
ánimas refulgentes
ánimo de mi existencia.

Haz, Señor, que pasen de la muerte a la vida
y puedan verse otra vez,
acaso en nuevo nombre,
seguro en otro cuerpo,
refulgir en los pasillos de mis preclaras aulas
Y recordar su esencia.

Ermilo se paseaba en las palabras
florecientes de sus soles mayas
y su Abreu incendiado con Sor Juana
se metía tan Gómez en el tiempo de las albas

Arqueles volandero entre sus lámparas
ardientes que lo iluminaban Vela,
en cantatas y poemas de esperanza
escurría sus ensueños picaflores.

Rosario murmuraba sus perfiles arduos de María
y su Gutiérrez de floridos campos tropicales
renacía entre su floresta Eskildsen
pregonante de sus blancos mares.

Emilia transfugaba puños altos
en sus sueños de dolientes castellanos,
mientras su Elías recantaba coplas
por la bordada libertad sin demagogia

Antonio Ballesteros de su mano
se brotaba en grandezas manantiales
y ufano en su quehacer tan claro
se derramaba entre los nuevos años.

Margarita en su Paz huracanada
levantaba Paredes transparentes
y su mundo aleteante le bullía
en cada verso de sediento viernes.

José se labraba campesino
y su afán de azadón lo respigaba
en su sed de Vizcaíno Pérez
hasta alcanzar las estrellas esperadas.

Ricardo navegando en el desierto
tras el Salgado horizonte de un Oasis
donde crecer con la semilla náufraga
de su rescoldo amante y desgajado.

Agustín envuelto en sus aromas de odres
con su sutileza desglosaba léxicos;
perdidos Mateos que eclipsó la marcha
en carabelas de letras fantasmas.

Ellos callaron y ya no vieron
el acabose de las barcarolas,
donde hienas procaces de mentiras
traicionaron el olor a rosas.

Náuseas brotaron por todos los ángulos
y vomitados como explosivos
sólo lograron romper el huerto
donde nacían muchos caminos.

Hoy sólo muertos sin sepultura
deambulan en extravíos
y cuando entran a tristes salones…
fantasmas de libros sin ecos perviven
en su anonimia.

Y los ladrillos aúllan de día:
Nadie viene a mirar sus espectros
que pasean en el páramo
de yermas oficinas.

Los corredores testigos acallaron voces
de sacrosantas alturas
y los pasillos decolorados
impregnaron en los muros
sus responsorios nocturnos
que ya nadie oye.

Y pensar que hubo un tiempo
de bullicios escolares,
de algarabías promisorias,
de esfuerzos acumulados
que a sí mismos se esfumaron…


VI SANCTUS

Pajarera solar, Emma Godoy,
moisesina del amor callado,
un día voló con sus salmodias místicas
hacia otros cantos donde la praxis
eclipsó vocablos
y enarbolada pentafácica pulió la brecha
de las canas.

Cantarina fuente de la Fuente Carmen
llevó sus labios emanando rosas
a los misterios de alquitranes idos
en el silencio de tejidos versos.

Y Esther, la de la bíblica espesura,
nacida del amor enamorada,
llevando a cuestas su penar de nácar
también se levantó sobre bajuras.

Y Lénica, viudez de las alturas,
tomó sus sietes velos astronautas
y alzó su desnudez enredadera
para abrazarse al cosmos entre flamas.

Y don Andrés, dispersado por la danza
de los hombres,
crujió sus laberintos de Henestrosa
y fluyendo por sus ojos las mil horas
dejó girar el tiempo de esplendor sin hordas.

Todos se fueron…
¡Ay cuanta soledad sin sus palabras!
Y cuánta estupidez en los dominios
de los cancerberos
que sólo ladran el esperpento de no ser perros,
sino burros manaderos.

Mas algún día…
-nada es eterno al hombre-
también se irán…
pero sin cantos.


VII BENEDICTUS

Santo perenne,
Santo inconmensurable,
Santo sin trabazones ni dogmas,
-nunca convenenciero
ni paidofílico-

Santo Santo santo
Ipalnemohuani Dios.
Poesía vital del Universo.

Señor Dios de las muchedumbres filiales.
-Creced y multiplicaos-
¡Educadnos!
Y lo tendremos todo.
No habrá miedo ni susto
ni enfermedad alguna.
Fuertes seremos.

Alúmbranos la conciencia de tu sabiduría.
Fortifícanos la memoria para no olvidar.
Y danos tu voluntad para ser creadores
como tú
y justos.

¡Bendito seas porque nada te ata
ni detiene!
Tu grandeza es libertad progenitora
de la fuerza creativa que nos une
y a la hora del regalo esplendoroso,
donación de paz creadora,
-Dios se siente en el orgasmo-
manifiestas la más bella fineza
en tus regalos.

Llenos están los cielos
con tu esencia de orgón
y la tierra de tu Gloria
te bendice porque tu amor
nos libera de la muerte
y nos hace sentir la eternidad
abriéndonos los brazos.

Hosanna en las alturas.
Te amo Señor,
por ser Maestro,
magister,
magis,
mago de la sabiduría imperecedera.

Después de todo
antes de la muerte te sentimos Señor
en plena vida
y descubrimos el instante de tu abrazo feliz
-pequeña muerte-
sin que fenezcamos.

Éxtasis místico de unos segundos
que un día se harán eternos.

Bendito el que goza en el nombre de su amor.

¡Hosanna!


VIII AGNUS DEI

¿Dónde estará el muerto sin recuerdo?
¿Dónde estará el vivo si discuerda?
Todo es rota cuerda
Sin concuerdo.
El triunfo es unidad de acuerdo
Y el fracaso…
soledad de mierda.

Cordero de Dios,
quita los pecados del mundo,
y dales el descanso siempre eterno
a mis maestros
y a esa casa del ayer enladrillado,
levantada para darse en esplendores
a los deseosos de saber,
-verdaderos amorosos-
hoy mancillada,
vuélvela símbolo incesante
-doliente-
de la ignominia burocrática.

Hazles sentir a los cobardes que la hollaron
el rayo de tu justicia
para que se arrepientan
y descubran la traición de sus denarios
y colgando entre la soga
no alcancen a saciar sus abandonos.

Año de Dios será cuando levanten la lápida
y descubran como a un Lázaro olvidado
que la escuela de mi ayer
ha vuelto a levantarse
y anda iluminada.


IX LUX AETERNA

Alúmbrales, Señor,
¡Oh Teotl Ipalnemohuani!
Energía creadora por la cual todos vivimos
el camino a mis maestros
y dales claridad eterna.

Sean Santos para siempre
con tus santos,
pues fueron piadosos
como tú
y murieron con su escuela.

Dales, Señor, eterno descanso
y resplandezca sobre ellos la luz inmortal
de la grandeza humana
y divina.
 

X LIBÉRAME

Hoy me tocó la muerte tan en vida
que sentí revivir todas las muertes
y en su agonía…
ninguna mano mía
amortajó los duelos de mi idolatría.

Entre espadas y muros,
claveteado,
quedó mi compulsión de navegante
y hastiado de morir por nada
rompí las piedras y la daga,
desangrante.

Abandonado en soledad andante…
dejé los ataúdes,
ambulante…
crucé los cementerios,
disipante…
y evitando las criptas,
arrogante,
olvídeme de esqueletos,
desafiante.

-Con la muerte nada tengo que rehacer.
Sólo importa la vida que no cesa de crecer…-

El universo es más amplio que la tumba
donde quedan solamente huesos
y miserias de rapiñas antropófagas…
y polvo de cenizos zopilotes
-planeando-
que circulan viciosos la carroña agusanada
que a sí misma muy pronto ha de verse devorada.

Y ya hay brotes…

¡Qué bien que me dejaron en mi muerte
-carcajada-
 para no compartir ni por qué muero
y renacer más libre…
a lo que quiero…

Y PUEDO…!

Lejos de los putrefactos engreídos
de su vanagloria
aplastada en el derrumbe…

Al margen de pedantes energúmenos
que repiten lo de siempre
y se enfundan en coronas.

Distante de ladrones disfrazados
-usufructuados-
en piedades convenientes…

Inmune a las tentaciones de caer
 en el silencio
y enmudecer en la palabra guía.

¡Libérenme Maestros míos!

ÍNDICE
I. INTROITO 7
II. KYRIE 15
III. DIES IRAE 27
IV. RECORDARE 35
V. DOMINE 41
VI. SANCTUS 47
VII. BENEDICTUS 49
VIII. AGNUS DEI 53
IX. LUX ETERNA 55
X. LIBÉRAME 57