Reflexiones o sentencias: 33

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§ 321. La compasion es ordinariamente un conocimiento de nuestros propios males en los males de otro: es una sagaz prevision de las infelicidades en que podemos caer. Socorremos á los otros para obligarlos á hacer otro tanto con nosotros en semejantes ocasiones; y estos servicios que les hacemos son, hablando con propiedad, beneficios adelantados que nos hacemos á nosotros mismos.


§ 322. La pequenez de espíritu produce la terca obstinacion: no podemos resolvernos á creer fácilmente lo que excede nuestros alcances.


§ 323. Es un engaño el creer que solo las pasiones violentas, como la ambicion y el amor, pueden triunfar de las otras. La pereza, aunque tan débil, no deja de ser muchas veces la soberana: se señorea de todos los designios y acciones de la vida, y destruye y consume insensiblemente las pasiones y las virtudes.


§ 324. De todas las pasiones la mas desconocida de nosotros mismos es la pereza. Es la mas ardiente y maligna de todas; á pesar de ser insensible su violencia y muy ocultos los daños que causa. Si consideramos atentamente su poder, veremos que se hace en todos lances señora de nuestros sentimientos, de nuestros intereses y de nuestros placeres: es la rémora que tiene la fuerza de detener los mayores bajeles: es una bonanza mas peligrosa para los mas importantes negocios, que los escollos y las mas deshechas tempestades. Es el reposo de la pereza un secreto encanto del alma, que suspende repentinamente los mas ardientes conatos y las mas porfiadas resoluciones: en fin, para dar la verdadera idea de esta pasion, es preciso decir, que la pereza es como una bienaventuranza del alma, que la consuela de todas sus pérdidas, y que ocupa en ella el vacío de todos los bienes.


§ 325. La prontitud en creer el mal, sin haberlo bien examinado, es un efecto del orgullo y de la pereza. Queremos bailar á los bombres culpables, y no queremos tomarnos el trabajo de examinar los crímenes.


§ 326. Recusamos los jueces en materia de pequeños intereses; y llevamos á bien que nuestra reputacion y gloria dependan del juicio de los hombres, que todos nos son contrarios, ó por envidia, ó por preocupacion, ó por ignorancia: y por solo hacerlos pronunciar en nuestro favor, exponemos de tantos modos nuestro reposo y nuestra vida.


§ 327. Apenas hay hombre tan hábil que conozca todo el mal que hace.


§ 328. De muchas acciones diferentes, que ordena como quiere la fortuna, se forman muchas virtudes.


§ 329. El honor adquirido es un fiador del que se debe adquirir.


§ 330. La juventud es una continua embriaguez: es la fiebre de la razon.