Responde el ERP

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Este artículo es la transcripción de un trabajo realizado por un grupo de militantes del ERP, desde la Cárcel de Encausados de Córdoba, entre abril y mayo de 1971. Fue publicado en la revista Militancia Peronista para la Liberación (n.º 94, del 5 de julio de 1973). Es una respuesta a la entrevista realizada a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y a uno de sus miembros fundadores (Carlos Olmedo). Constituye un documento histórico de singular importancia para el estudio de la violencia armada desatada en Argentina en los años 1970.

Queridos compañeros:

Hemos leído atentamente el reportaje en el cual ustedes se definen ideológicamente y fijan su posición ante la actual coyuntura política.

Consideramos un deber de revolucionarios hacerles llegar estas críticas al reportaje. Nos mueve una imperiosa necesidad de seguir luchando por la causa de la revolución socialista y la creación del «hombre nuevo» en nuestra patria, y decir y buscar la verdad saliéndole al cruce a toda manifestación desviacionista y confusionista que pueda lesionar los intereses de la clase obrera y por lo tanto de la revolución socialista. Algo de todo esto encontramos en el reportaje, el que no solamente es confuso en muchos aspectos, sino también en el lenguaje que utiliza.

En el reportaje en cuestión definen su estrategia como expresando un nacionalismo revolucionario que implicaría la valoración positiva de la experiencia peronista «que sería mucho más difícil saber cómo construir sin el aporte de Marx y Lenin, pero que no se construye con el mero aporte de Marx y Lenin, sino con el nuestro, con el de la experiencia de nuestro pueblo...», etc. La primera crítica que corresponde es a la utilización de términos de una manera abstracta, que impide la definición categórica ante problemas políticos centrales, como es hablar de un nacionalismo revolucionario, definición que no aclara absolutamente nada, como tampoco aclara hablar de socialismo sin aclarar de qué clase de socialismo. Pues esta manoseada palabra sirve al socialismo de Egipto, al socialismo israelí, y también a Barrientos, Ovando y ahora Torres en Bolivia, o desde Perón, Horacio Sueldo y esa rara mixtura que es «La hora de los pueblos» en la Argentina. Quienes también, unos más y otros menos hablaron de nacionalismo y se titularon y se titulan revolucionarios. El marxismo enseña a los comunistas a luchar también por sus palabras y sus significados y es el vocabulario preciso uno de los objetivos de esa lucha, pues una de las tareas fundamentales de la vanguardia de la clase obrera es la de llevar claridad y rigor científico a las masas, ya que vigor revolucionario les sobra.

De ahí que una definición categórica sobre el tipo de socialismo por el cual se está luchando sea de vital importancia. Y esto es así porque no es que sea mucho más difícil tan sólo saber como construir el socialismo sin el aporte de Marx y Lenin, sino que no se puede construir el socialismo científico (entendiendo por tal, aquel que destruya el Estado burgués eliminando su base fundamental, la propiedad privada, y como consecuencia haga desaparecer las clases sociales, mediante la dictadura del proletariado, planificando la producción en base a la cooperación socialista, y formando paralelamente el hombre nuevo que necesita esta sociedad), pues como dice Engels en su libro Socialismo utópico y socialismo científico, el primero surge de la voluntad y las buenas intenciones de aquellos que se rebelan contra las injusticias de la sociedad capitalista, pero no puede triunfar, o lo que es lo mismo, terminar con el Estado burgués, porque carece de un análisis científico de la economía capitalista y sus manifestaciones en el plano social, político, jurídico, ideológico, etc. Y cuando en el mejor de los cases llegan a conquistar el poder político se quedan en la mitad del camino.

Ejemplos históricos sobran: el caso de Bolivia, en donde las milicias obreras destrozaron al ejército burgués, pero como contaban con una dirección policlasista burguesa, vieron renacer el ejército de la burguesía y vuelta a empezar. Tenemos también el socialismo de Egipto, cuya reforma agraria redistribuyó entre los campesinos solo el diez por ciento de la tierra cultivable ―como lo señalara el Che Guevara en el comentario de su viaje a ese país― dejando intacto el Estado burgués.

Están los casos contrarios, los países donde se construye el socialismo con una concepción marxista-leninista, como China, Corea, Vietnam y Cuba, pudiendo también incluirse los países del Este de Europa, que a pesar de sufrir las consecuencias lógicas de una revolución hecha desde arriba, y no como producto de las luchas de las masas, produjeron una reacción opositora de izquierda, como en las últimas movilizaciones de los obreros polacos que buscaban acelerar el proceso, y por último Rusia, donde ni la casta burocrática puede detener el proceso de construcción del socialismo. Es decir que con altibajos, detenciones y aun retrocesos, estos países continúan avanzando hacia el comunismo, y esto por la ideología que sustentan sus direcciones y que supieron transmitir a las masas. Estos ejemplos nos demuestran la vigencia histórica de la frase de Lenin: «Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario», siendo correcto que cada pueblo dé su propia fisonomía a la construcción del socialismo, que deberá corresponder a sus características propias, y esto, porque el marxismo es una guía para la acción y no un dogma, pero debemos ser fieles a una serie de principios que surgen del análisis científico de la sociedad capitalista y que hacen a la construcción del verdadero socialismo.

Más adelante, al referirse a la ideología, y como respuesta a la forma de integrar el peronismo con los aportes del marxismo, ignoran tales aportes para dar una definición de ideología. El reportaje dice: «Quisiera decirle que el concepto de ideología ha llevado y lleva a numerosos equívocos. Sin necesidad de hacer consideraciones académicas, le propongo que al hablar de ideología nos refiramos fundamentalmente a la conciencia que los hombres van logrando de su propia situación. Esta conciencia puede ser clara...», etc, etc. ¡Cuánto embrollo, compañeros!

Veamos qué nos dice Lenin de la ideología en su libro ¿Qué hacer?:

Ya que no puede ni hablarse de una ideología independiente elaborada por las masas obreras en el curso de su movimiento, el problema se plantea así: ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio (pues la humanidad no ha elaborado ninguna tercera ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella, equivale a fortalecer la ideología burguesa.
Lenin: ¿Qué hacer?

No existiendo una tercera ideología porque científicamente no puede responder a ninguna clase, tan solo puede ser una variante de la burguesa, deformada y deformante, que se viste con ropajes clasistas y revolucionarios cuando en realidad está expresando un populismo (como el peronismo en nuestra realidad histórica).

Es por eso que se puede ser capitalista como Jorge Antonio y ser peronista, ser un burócrata sindical como Rucci y ser peronista ortodoxo, ser general del ejército argentino y ser peronista, ser funcionario de la dictadura y ser peronista, es decir que ser peronista no es obstáculo para mantenerse en cualquier capa o clase social sin ser inconsecuente. En cambio no se puede ser marxista y ser capitalista, no se puede general del ejército o mantenerse en cualquier capa u otra clase que sea la obrera sin ser inconsecuente, y esto porque es una ideología independiente de la burguesa y que busca la destrucción del régimen burgués. De lo expuesto podemos deducir que la afirmación de ustedes de que «el marxismo no es una bandera política universal» es falsa, y esto porque: dado que en esta etapa de la revolución mundial ―donde el imperialismo como fase superior y última del capitalismo, ha sometido a las más remotas regiones del globo a las leyes del modo de producción capitalista, dividiendo a la población mundial en capitalistas y asalariados; se hace necesario que el proletariado, como única clase capaz de producir la transformación de la sociedad, adopte una ideología independiente de la burguesa en sus distintas variantes, una ideología que se manifieste en una política internacional, basada en los mismos principios marxistas, común a todos los hombres explotados del sistema capitalista y por lo tanto mundial.

Una política marxista a nivel mundial es posible por la fidelidad de los comunistas que luchan en todos los continentes, a los principios fundamentales de esta ideología, principios surgidos del estudio científico del modo de producción capitalista, aunque dicha política debe dar respuesta concreta a una situación concreta como quería Lenin.

En cuanto a la cita de las palabras del Che: «En ciencia social nosotros somos marxistas así como en física podemos definirnos como einstenianos...», falta agregarle lo siguiente que dijo a continuación en dicha oportunidad: «Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que ya es inútil discutirlas».

Y son verdades porque el marxismo es algo más que el aspecto metódico instrumental (mal aplicado por ustedes); es además una concepción del mun­do, y es justamente en su concepción de lo humano y de lo natural humano donde adquiere su más significativa relevancia. La ciencia de la historia, es decir, el materialismo histórico, está fundamentado en el materialismo dialéctico o filosofía marxista, que es quien le da su método dialéctico de análisis.

De este carácter científico carece la doctrina justicialista, que habiendo na­cido policlasista hoy habla de socialismo nacional y cristiano, como necesidad de adaptarse empíricamente a la etapa que estamos viviendo, empíricamente porque no obedece a ningún análisis científico de nuestra realidad, pues si no podría hablar de un socialismo nacional y cristiano, salvo que la explotación del capitalismo sobre los obreros argentinos sea distinta a la explotación capitalismo sobre los demás obreros del mundo. Ese empirismo los hace ver a la clase obre­ra realizar sus intereses históricos espontáneamente, porque es espontaneísmo suponer que el proletariado conquiste el poder político sin construir previamen­te y mediante la lucha armada el partido revolucionario formado por su vanguar­dia que lo dirigirá en su lucha contra el Estado burgués y su ejército.

Tan sólo un partido marxista-leninista podrá acaudillar y dirigir a la clase obrera en una auténtica lucha por la liberación nacional y social. No podemos exigir tamaña tarea al Movimiento Peronista dado su policlasismo, su compromiso con los partidos burgueses en el camino de las elecciones y por lo tanto no constituir una ideología independiente para la clase obrera.

El esfuerzo por presentar al peronismo como expresión de la clase obrera co­rre igual suerte que la pretensión de la vigencia de la antinomia peronismo-antiperonismo. El interés manifiesto expresado desde Lanusse hasta Balbín, pasando por toda la gama de partidos y partiditos de nuestro país, en el regreso de Perón demuestra que tampoco ellos creen en las ideas socializantes de Perón, y que lo conocen mejor quo los propios peronistas, lo que sirve para demostrar que la famosa antinomia no existe, lo que existe es una lucha de clases que se da cada vez con mayor intensidad y no es el peronismo el más adecuado para acaudillar a la clase desposeída, desde el momento que se está buscando la vuel­ta de su líder para que calme los ímpetus revolucionarios de las masas.

El reconocimiento manifiesto en el reportaje, del liderazgo de Perón, ava­la consecuentemente la representación de Paladino como delegado personal y ese policlasismo desnudo en la que dos peronismos, uno mejor que otro, com­piten para demostrar cuál es el mejor, aunque sea contra el régimen, se podrá llamar de muchos modos: política pendular de Perón, policlasismo, oportunismo, etc., pero lo que queda perfectamente claro es el eclecticismo de una Ter­cera Posición que no es tal y que busca reacomodarse llamándose ahora socia­lismo nacional.

Están en lo cierto al afirmar que el policlasismo es una palabra ambigua, pero el esfuerzo que hacen para explicar el tipo de policlasismo que es el pe­ronismo, no lo realizan para explicar la revolución vietnamita que califican de policlasista a secas, sin considerar que su policlasismo responde a las condi­ciones específicas en que se desenvuelve la guerra de liberación nacional y so­cial vietnamita, con un invasor extranjero en su territorio y bajo la hegemonía absoluta de la clase obrera y el campesinado, acaudillados por su partido mar­xista-leninista. Y nada aclara mejor que leer a Giap en su libro Partido y ejército en la guerra del pueblo:

La dirección del partido es la clave que garantiza al ejército las condiciones que le permitirán mantener su carácter de cla­se y realizar su tarea revolucionaria. Para el ejército es fundamental. Debe realizarse en el terreno político: llevar la línea y la política del partido al ejército a fin de hacer de éste el instrumento fiel del partido en la realización de las tareas revolucionarias. Debe realizarse en el plano ideológico: inculcar al ejército la ideología de la clase obrera, el marxismo leninismo, hacer de la ideología marxista-leninista la guía de nuestro ejército en todas sus ac­ciones y su único pensamiento directriz. Debe realizarse también en el aspec­to organizativo: introducir el concepto de clase del partido tanto en la organización del partido como en el trabajo de cuadros en el ejército. Únicamente podrá así conservar este su carácter auténticamente popular y mantenerse a cumplir sus tareas revolucionarias en todas las circunstancias y por ello engrandecerse cada día más y marchar siempre hacia nuevas victorias.
Giap: Partido y ejército en la guerra del pueblo

Pero volvamos al comienzo, o sea cuando ustedes se plantean una estrategia y una táctica para la toma del poder por la clase obrera y el pueblo en la Argentina y construir una sociedad socialista en la Argentina. Allí tratan a nuestro país como si fuera una isla separándola de los demás pueblos explotados del mundo que luchan contra el mismo enemigo que nosotros, como si el triunfo o la derrota del pueblo vietnamita no repercutiera sobre nuestra realidad, no debilitara o fortaleciera a nuestro enemigo.

En el reportaje se dice:

Se trata en primer lugar de determinar cuál es, en una sociedad, la fuerza social capaz de protagonizar un proceso cabal­mente revolucionario, liderando en él a otras fuerzas y sectores sociales.

Esto, compañeros, nada tiene que ver con el marxismo-leninismo, pues en todo caso (aceptando aislar a la Argentina) tendríamos que haber empezado por de­terminar cuál es la clase social en condiciones de dirigir la revolución, lo que por supuesto arrastraría a otros sectores de otras clases produciendo así una fuerza social. Pero como creemos que esta aplicación distorsionada del marxismo-leninismo es por desconocimiento del mismo (esto lo aclaramos porque ustedes dicen que utilizan el método marxista-leninista de análisis), creemos necesario exponer como se trataría en forma correcta, a la luz del marxismoleninismo, el problema de la estrategia y la táctica del poder: los requisitos generales que todo marxista exige cuando se consideran los problemas de la es­trategia del poder y la lucha armada son los siguientes:

En primer lugar, debemos hacer un análisis de la situación económica capitalista mundial y de la lucha revolucionaria internacional teniendo en cuenta que la revolución socialista es internacional por su contenido y nacio­nal por su forma. Debemos pasar luego a efectuar un análisis de la situación económica y de la lucha revolucionaria en la región y el mundo, tomando en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas que nos permitirá tener un pri­mer criterio para estimar las posibilidades de una verdadera revolución (si el capitalismo aun puede desarrollar o no las fuerzas productivas), la existencia o no de clases revolucionarias, la relación entre la superestructura política y la estructura social, el desarrollo desigual de la economía, las fuerzas revolucio­narias país a país, región a región, etc.; las posibles combinaciones concretas de factores tanto económicos como políticos, etc.

Este análisis nos permite establecer:

a) las posibilidades de desarrollo de la revolución y su ritmo desigual en las distintas regiones del mundo y del país;

b) cuál es la clase revolucionaria y sus posibles aliados;

c) cual es la combinación especifica de tareas y consignas de la revolución en sus distintas etapas (tareas democráticas, socialistas, nacionalistas, etc.) para cada región y país.

En segundo lugar debemos hacer un análisis de la relación de fuerzas entre las clases. Debemos ver el grado de organización y cohesión de las fuer­zas sociales contrarrevolucionarias, la complejidad de nivel de su Estado, el desarrollo de la técnica militar y de su ejército, sus contradicciones internas, tanto en el orden nacional internacional. Debemos ver también el grado de organización y fuerzas de las clases revolucionarias, su experiencia y concien­cia revolucionarias, si han logrado construir un sólido partido revolucionario, si han logrado desarrollar una fuerza militar y las características de esta fuerza. Este segundo aspecto en combinación con el primero nos permitirá establecer:

a) la dinámica futura de la lucha revolucionaria (si será corta o prolon­gada, si será una guerra nacional o civil o una combinación de ambas, las características que adquirirá la lucha en cada período de acuerdo a las formas especificas de lucha de cada clase y a la relación de fuerzas existentes). Es muy importante este análisis ya que de él dependen las tareas y la política que nos demos en cada etapa y nos permita establecer las características de ésta y su estrategia (defensiva u ofensiva, de lucha armada parcial o generalizada, etc.). Teniendo en cuenta no sólo las necesidades de la etapa actual sino la preparación de nuestras fuerzas para lo que sigue.

b) Las condiciones concretas para la victoria de la revolución que varían de país a país y difieren en cada época histórica.

Resumiendo: para establecer las bases de una estrategia de poder debemos considerar las condiciones que abarcan la situación económica, política y militar de conjunto: en el mundo, en el continente, en la región y en el país. Del estudio de la situación de conjunto podemos formarnos una idea clara de las etapas y fases de la guerra revolucionaria, de las tareas principales y secunda­rias y de cada etapa su duración aproximada, de sus características político-militares y de las formas y condiciones en que se producirá la toma del poder por la revolución.

Todo este conjunto es lo que denominamos estrategia de poder político-militar.

Sin una apreciación justa de la situación de conjunto ―estratégica―, y de las varias fases de la etapa que la componen, procederemos a ciegas y no podremos dirigir a las masas a la victoria de la revolución. Permaneceremos atados a la empiria de lo inmediato en la convicción de que el éxito estratégico de la revolución es la mera suma aritmética de éxitos parciales tácticos, sin tener en cuenta el papel determinante del resultado de la guerra revolucionaria; la aten­ción que debemos prestar al conjunto de la situación incluyendo las diversas etapas. Porque la comprensión del conjunto nos facilita el manejo de las partes integrantes del todo, siendo la única posibilidad de no perderse en la visión meramente táctica de las etapas y caer en el aventurerismo y/o el oportunismo.

No es este un análisis muy minucioso del reportaje a ustedes, la falta de materiales dadas las condiciones en que nos encontramos nos limita muchísimo pero esperamos que a través de las discusiones e intercambio de ideas con ustedes iremos profundizando y aclarando todos estos problemas que son tan caros a los revolucionarios.

Es este un esfuerzo que lo consideramos un deber para todos los combatientes comprometidos en esta lucha contra las fuerzas reaccionarias de la historia, para implantar una patria socialista, única capaz de dar a la luz el «hombre nuevo», como lo quería nuestro comandante Che Guevara. Nos sentimos en la misma trinchera junto a ustedes, apuntando el fusil hacia el mismo enemigo, pero en la medida en que seamos consecuentes con los intereses de la clase obrera determinará que nos encontremos al final de la lucha.

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