Restauraciones

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El Museo Universal (1869)
Restauraciones
 de Zaid


RESTAURACIONES .


No soy de esos moralistas atrabiliarios que truenan contra las mudas, vinagrillos, pastas é invenciones. Lo malo que encuentro en esto de pintarse las mujeres, es que no se pinten con el arte y perfección de esa Canidia moderna, cuyo taller de restauración, en el centro aristocrático de Lóndres, ha extendido su fama por todos los ámbitos del mundo. Si todo se adoba, pule y perfecciona, procurando- aventajar en lo posible sil apariencia, no hay razón para que en el trato humano salga de esta regla la mujer. Todos nos pintamos más ó ménos; si no física, moralmente, lo cual es mucho peor. Sin hablar de la hipocresía que es como la mano del gato que tapa la fealdad del vicio con colores de virtud, ¿qué es la cortesía, sino la toilette del trato social? ¿Qué la elocuencia, sino el arte de pintar bien los pensamientos? Querer, por ejemplo, que la mujer sola se muestre tal cual es, en un mundo donde todo es artificioso, paréceme necedad propia de entendimientos ramplones, prosaicos y anti-artisticos. Si el beso de la mujer ha de oler á hocico, según Quevedo; ¿porqué no ha de saber el trato á rusticidad, oler la ropa á trasudada, y el alimento á ajos y á cebollas con otros semejantes olores y perfumes que se pasan de puro naturales? La verdad es, que á la mujer como ser débil van todas las pedradas y de sólo ella se dice que disfraza la obra de Dios, como si el trabajo humano fuese dirigido á otra cosa. Comenzando por el traje, ¿no es un verdadero y por demás ridículo disfraz que oculta la belleza de las formas? ¿No disfraza la ciencia coquinaria la aspereza y grosería de la carne que come el salvaje cruda? ¿Quién reconoce el vellón de la oveja, la cápsula del algodonero, el capullo del gusano y las fibras del lino en las preciosas telas de los grandes bazares de la industria? Do quier la vista tendamos ¿noes todo disfraz con que se perfecciona y embellece á la naturaleza? Vaya cualquiera á decir la verdad desnuda y á expresar sus sentimientos au naturel y no habrá trato humano posible. La mujer bien pintada, si es hermosa, es como miel sobre hojuelas; y si fea, débesele agradecer al menos su deseo de agradar, de rectificar los estravíos de la naturaleza y de contribuir á la armonía de la existencia, puesto que lo feo, por natural que sea, no deja de ser una disonancia, con perdón de los moralistas. Ahora, si se pintan mal, no me opondré, no digo á que las censuren pero á que las manden á galeras.

Pues no digo nada de lo que se escandalizan del siglo presente y de las pinturas de sus mujeres, como si este arte ó costumbre fuese cosa nueva cuando es tan antigua como universa], así en los pueblos salvajes, como en los civilizados, con la diferencia de que en aquellos semejan á los demonios y en estos á los ángeles. Para mí tengo, que aunque se siguiesen los consejos de algunos reformadores político-sociales, que en su afán de reformar consideran factible quitar á la hermosura el carácter de privilegio y extenderla á todo el linaje humano, habría siempre en la mujer tendencia á realzar las dotes naturales por medio del artificio, y á perpetuarlas cuando el tiempo empieza á hacer su oficio. Generalmente se observa que las más. hermosas fueron las más aficionadas á pintarse, comenzando por la señora Helena que tenia un agua de virtud rarísima con la cual conservaba la frescura y suavidad de sus carnes. Esto es lógico. ¿Quién no procura conservar y si es posible aumentar el tesoro que posee? ¿Quién no le vé desaparecer con pena y no lucha á brazo partido con el ladrón que viene á arrebatárselo? ¿Por ventura es la mujer algún víolin de Strarivari, que dá mejores notas mientras más vieja? Se necesita todo el estoicismo de Epícteto para ver impasible aparecer una cana en los aladares sin acudir luego á la tintura bienhechora que miente primaveras, ó el Campo Elíseo de la frente surcado por arrugas importunas sin recurrir incontinenti á las aguas regeneradoras de la Fuente Jouvence, con que brindan tantos alquimistas prodigiosos, haciendo creer al bello sexo que, vejez, no es más que una figura retórica, y, fealdad, un pecado de la pereza.

Confesamos que la tentación es poderosa, cuando se rinde hasta el mismo sexo feo. Y a la verdad, que una cosa parezca mejor de lo que és, no lo tengo por delito. ¿Quién pierde en este engaño á que estamos tan acostumbrados? Mentira es, como decía Argensola, ese cielo azul que todos vemos; mentira el drama que en el teatro hace crispar los nervios, y la comedía que hace echar los entresijos; mentiroso el color cambiante de las ondas del Océano; mentira esa púrpura que embellece á distancia edificios carcormidos, blanquecinas nubes y ásperas montañas. Y si esto hace la naturaleza; ¿porqué censurar al arte que la imita? El orbe no es como Hamlet, que detesta las apariencias, y el que quiera detestarlas acabará en Leganés, porque el mundo es el reinado de las ilusiones. No me vengan con el refrán de que la belleza sin adornos hace mejor. Esto será bueno para artistas que estudian el natural, ó algún polisson como Voltaire. Contra ese corte tiene otro la filosofía vulgar española, que dice: La mujer compuesta quita al marido de otra puerta. ¿Quién señala el límite á esta composición? Puede extenderse desde la más sencilla policía personal, hasta la más complicada toilette. Pero aun concediendo que la belleza fuese en paños menores, que eso quisieran mas de cuatro, la máxima ó refrán no reza con las mujeres, que, sin ser prodigios, lindan con los confines de la hermosura, ó se acercan á los límites de la fealdad. Un palo vestido no parece palo, dice Cervantes: ¿pues qué no parecerá, bien adeliñada, una mujer medianamente hermosa?

(Se continuará.)

Zaid.


Según cálculos y estadísticas recientes, el área de Lóndres es de 122 millas cuadradas, ó lo que es lo mismo, igual á una plaza de 18 kilómetros cada lado. La población vive en 400,778 casas, y se eleva hoy á 3.150,000 almas. Ocho compañías surtan de agua á Lóndres, a más de la que dan varios pozos, y la cantidad de este liquido suplido, es de 3.000,000 de toneladas diarias, ó sea próximamente una tonelada por cada casa.

El ministro M. Rouher, en medio de sus ocupaciones, está escribiendo y lleva muy adelantada una Historia de la opinión pública en Francia.

En Nueva-Granada, que hoy nombran Estados-Unidos de Colombia, se han descubierto vastísimos terrenos carboníferos, cerca de la costa del Atlántico, en la provincia de Rio-Hacha. Por la proximidad ni mar, se aumenta en mucho el valor de este producto, y el gobierno á quien pertenecen estas minas, reportará grandes beneficios surtiendo de carbón los grandes buques de vapor que tocan en los puertos del Atlántico de esta república y en las del Istmo de Panamá. Ya se han proyectado varias líneas férreas desde los criaderos á la cósta, y la seguridad del éxito facilitará la concurrencia de capitales para su pronta construcción.

Ha comenzado en Nottingham la venta de la colección de cuadros perteneciente al marqués de Hastings. Entre ellos figuran paisajes de Ruysdael y Hobbima, y escenas, por Teniers. Retratos de Samuel Buller, el autor del Hudibras ó Quijote inglés, y del duque de Buckingham, por Kneller; un retrato del famoso doctor Harvey, por Van-Dyk, y bustos de Cromwell, Epicuro, Pedro el Grande y otros personajes.