Reto de los dos caballeros zamoranos

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Reto de los dos caballeros zamoranos
de Anónimo


 		     
        Riberas del Duero arriba		
	cabalgan dos zamoranos: 		
	las divisas llevan verdes, 		
	los caballos alazanos, 		
	ricas espadas ceñidas, 	 
	sus cuerpos muy bien armados, 		
	adargas ante sus pechos, 		
	gruesas lanzas en sus manos, 		
	espuelas llevan ginetas 		
	y los frenos plateados. 		
	Como son tan bien dispuestos 		
	parecen muy bien armados, 		
	y por un repecho arriba 		
	salen más recios que galgos, 		
	y súbenlos a mirar 	 	
	del real del rey Don Sancho. 		
	Desque a otra parte fueron 		
	Dieron vuelta a los caballos, 		
	y al cabo de una gran pieza 		
	soberbios así han hablado: 		
	-¿Tendredes dos para dos, 		
	caballeros castellanos, 		
	que puedan armas hacer 		
	con otros dos zamoranos 		
	para daros a entender, 	 	
	no hace el rey como hidalgo, 		
	en quitar a doña Urraca 		
	lo que su padre le ha dado? 		
	No queremos ser tenidos, 		
	ni queremos ser honrados, 	 	
	ni rey de nos haga cuenta, 		
	ni conde nos ponga al lado, 		
	si a los primeros encuentros 		
	no los hemos derribado, 		
	y siquiera salgan tres, 	
	y siquiera salgan cuatro, 		
	y siquiera salgan cinco, 		
	salga siquiera el diablo, 		
	con tal que no salga el Cid, 		
	ni ese noble rey Don Sancho, 		
	que lo habemos por señor, 		
	y el Cid nos ha por hermanos; 		
	de los otros caballeros, 		
	salgan los más esforzados. 		
	Oídolo habían dos condes, 	 	
	los cuales eran cuñados: 		
	-Atended, los caballeros, 		
	mientras estamos armados. 		
	Piden apriesa las armas, 		
	suben en buenos caballos, 	 	
	caminan para las tiendas 		
	donde yace el rey Don Sancho, 		
	piden que los de licencia 		
	que ellos puedan hacer campo 		
	contra aquellos caballeros, 		
	que con soberbia han hablado. 		
	Allí hablara el buen Cid, 		
	que es de los buenos dechado: 		
	-Los dos contrarios guerreros 		
	no los tengo yo por malos, 		
	porque en muchas lides de armas 		
	su valor habían mostrado, 		
	que en el cerco de Zamora 		
	tuvieron con siete campo: 		
	el mozo mató a los dos, 	
	el viejo mató a los cuatro; 		
	Por uno que se les fuera 		
	las barbas se van pelando. 		
	Enojados van los condes 		
	de lo que el Cid ha hablado, 		
	el rey cuando ir los viera, 		
	que vuelvan está mandando; 		
	otorgó cuanto pedían, 		
	más por fuerza que de grado. 		
	Mientras los condes se arman, 		
	el padre al hijo está hablando: 		
	-Volved, hijo, hacia Zamora, 		
	a Zamora y sus andamios, 		
	mirad dueñas y doncellas, 		
	cómo nos están mirando; 		
	hijo, no miran a mí, 		
	porque ya soy viejo y cano; 		
	mas miran a vos, mi hijo, 		
	que sois mozo y esforzado. 		
	Si vos hacéis como bueno 	 
	seréis de ellas muy honrado; 		
	si lo hacéis de cobarde, 		
	abatido y ultrajado. 		
	Afirmáos en los estribos, 		
	terciad la lanza en las manos, 	
	esa adarga ante los pechos, 		
	y apercibid el caballo, 		
	que al que primero acomete, 		
	tienen por más esforzado. 		
	Apénas esto hubo dicho, 	
	ya los condes han llegado; 		
	el uno viene de negro, 		
	y el otro de colorado: 		
	Vanse unos para otros, 		
	fuertes encuentros se han dado, 	
	mas el que al mozo le cupo 		
	derribólo del caballo, 		
	y el viejo al otro de encuentro 		
	pasóle de claro en claro: 		
	el Conde, de que esto viera, 	 	
	huyendo sale del campo, 		
	y los dos van a Zamora 		
	con victoria muy honrados.