Revista de España: Boletín 33

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Boletín bibliográfico de Revista de España: Tomo IX#Número 33
En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


BOLETIN BIBLIOGRÁFICO.[editar]

LIBROS ESPAÑOLES.[editar]


Memoria sobre las causas del atraso de la industria española, é indicacion de los medios para hacerlas desaparecer, por vários Ingenieros industriales. — Madrid, 1869.

Ciento cincuenta y seis Ingenieros Industriales firman esta Memoria, que bien puede considerarse como el programa de las aspiraciones de una clase del Estado. Por esta razon, sin duda, es sólo un resumen de doctrina y no un tratado prolijo, histórico y teórico, como pudiera dar á entender su título en el estado actual de esta clase de conocimientos.

Empiezan los autores por definir la industria y explicar la influencia favorable y poderosa que su desarrollo tiene en los países, deduciendo «que son los más importantes, militarmente considerados, aquellos que, como los Estados-Unidos, están en disposición de efectuar, en semanas, construcciones que en otros pueblos exigen años; testigos sus arsenales, donde se reformó la marina militar, y sus fundiciones donde se ha creado la artillería que hace doce años se hubiera tomado como sueño irrealizable; que son los más morales aquellos que, como Sajonia y Suiza, han popularizado la industria, formando de ella la base de la ocupación de sus habitantes; que son los más instruidos aquellos que, como Prusia y Bélgica, demuestran prácticamente á cada ciudadano que su bienestar está en razón directa de su instrucción.» «No terminaríamos, añaden, si hubiésemos de exponer en este sentido cuanto puede decirse: todos sabemos que la riqueza, la moralidad y la instrucción son patrimonio de los pueblos industriales; que la miseria, la inmoralidad y la ignorancia se encuentran con preferencia en los que carecen de industria; que los más graves problemas sociales tienden á resolverse pacíficamente en los primeros, mientras las más pequeñas dificultades son orígen de colisiones estériles, cuando no perjudiciales, en los segundos; que en aquellos el orden está asentado sobre firmísimas bases; que en éstos el desorden es el estado normal.»

Los países no pueden ser exclusivamente agrícolas, porque para producir barato se necesitan máquinas costosas y delicadas; medios de comunicación, trabajos de riegos, desecaciones, encauzamientos y saneamientos; sustancias fertilizantes procedentes de los tres reinos de la naturaleza; capitales en abundancia y á bajo precio; salida fácil, expedita y segura de los productos. Y desde la trilladora ingeniosa hasta el modesto zapapico, desde las máquinas de vapor hasta las perforadoras, cavadoras, y las de fabricar tubos de desecación, todas tienen que ser objeto de los trabajos mecánicos de la industria, así como la química hace falta para los abonos y para las tareas de la minería. Por su parte el comercio sería mezquino sin industria, y ésta sería indispensable aunque sólo fuera para formar el personal idóneo para manejar la maquinaria adquirida en el extranjero, y para recomponerla. Pero nos parece que ya los Ingenieros escritores exageran algo al decir: «Muchos de estos aparatos son exigidos en un momento dado por la agricultura; no se puede prever su necesidad en épocas críticas, en las cuales no se dispone de tiempo bastante para pedirlos, traerlos y montarlos; pero sí le hay suficiente para establecerlos cuando una industria activa coadyuva al resultado. Nuestro país vio perdida el año último una gran parte de la cosecha por falta de agua. ¿Hubiera ocurrido lo mismo si hubiésemos tenido una gran industria de construcción de máquinas? Seguramente que no: muchos puntos veian agotarse sus campos, cuando el subsuelo era un mar inutilizable, porque no habia una locomóvil y una bomba que ocurriese á la necesidad.»

Después de demostrar que España puede ser industrial y que posee muchas y buenas primeras materias, así del reino animal como del vegetal y del mineral, pasan los firmantes de la Memoria á enumerar los medios que, en su dictamen, harían desaparecer las causas del actual atraso. Son principalmente los siguientes: que se arregle la situación del Tesoro público, porque no puede haber capitales disponibles á buen precio para la industria mientras el dinero gane un 10 ó un 12 por 100 con la garantía del Estado y sin otro trabajo que presentarse su dueño dos dias al año á cobrar esos intereses, que suponen un rédito muy superior al 25 por 100 en negocios industriales; que al lado de los Ingenieros Industriales se formen clases auxiliares de personal subalterno; que se modifiquen en sentido liberal muchas medidas restrictivas que rigen en materia de aranceles, de sanidad y en otros ramos; que se aumenten las vias de comunicación; que se supriman los tres cuerpos de Ingenieros Civiles; que se dé nueva organización á la enseñanza industrial, combinando la dada actualmente á los Ingenieros Mecánicos y Químicos con la de los de Minas y de Caminos; que se suprima lodo monopolio, pues no es justo que cuando no se exige título oficial para construir un ferro-carril, se requiera para otros trabajos menos importantes; que se apresure el planteamiento del nuevo sistema de pesas y medidas; que se decreten los desentancos; que cesen las industrias del Estado que éste sostiene en los arsenales, en las minas, en los montes; que se conceda protección directa á la industria, dando premios á los que creen alguna nueva, utilicen primeras materias ó mejoren los procedimientos por medio de las ciencias aplicadas; que se remuevan los obstáculos; que cuente el Estado con la fabricación nacional para los suministros de conservas al ejército y armada, y la adquisición de armas y máquinas; que se establezcan por los particulares asociaciones industriales; que se estimule el estudio de las ciencias fisico-químicas; que se hagan Exposiciones públicas, se aumenten los Museos y se sostengan pensionados en el extranjero. Por último, recuerdan los Ingenieros las distintas tareas oficiales en que los individuos de su profesión pudieran ser empleados, y recuerdan las diferentes promesas que en varias disposiciones ministeriales se les ha hecho de quince años á esta parte. Acerca de esta cuestión, que personalmente les interesa, concluyen diciendo: «No se pierda de vista, y no nos cansaremos de repetirlo, que estas indicaciones son para el caso en que el Gobierno no adopte un sistema completamente descentralizador, que es el más vivo deseo de los Ingenieros Industriales, lo cual, unido á las medidas apuntadas en esta Memoria, permitirán formar una industria lozana y vigorosa, á lo que coadyuvaremos con todas nuestras fuerzas, proclamando para entonces la libertad completa de profesiones y servicios.»


LIBROS EXTRANJEROS.[editar]


Oeuvres Drámatiques de Lope de Vega, traducidas por M. Eugène Baret, decano de la Facultad de Letras de Clermont. — Tomo I: Dramas. — Paris, 1869. — Librería de Didier y Compañía.

M. Baret, que escribió hace poco una Histoire de la litterature espagnole, se ha propuesto dar á sus compatriotas la traducción francesa de varias obras dramáticas del Fénix de los Ingenios. En dos volúmenes las divide, y dice que el primero comprende dramas y el segundo comedias. Siete son aquellos: La Estrella de Sevilla, El Mejor Alcalde el Rey, Guerras de Amor y Honor, El Caballero de Olmedo, El Casamiento en la muerte, El Castigo sin venganza y El Bastardo Mudarra.


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