Romance de la infantina

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Romance de la infantina
de Autor anónimo


        A cazar va el caballero,                
        a cazar como solía,             
        los perros lleva cansados,              
        el halcón perdido había;                
        arrimárase a un roble,   
        alto es a maravilla,            
        en una rama más alta,           
        vido estar una infantina,               
        cabellos de su cabeza           
        todo el roble cubrían.   
        -Note espantes, caballero,              
        ni tengas tamaña grima.                 
        Fija soy yo del buen rey                
        y de la reina de Castilla,              
        siete fadas me fadaron   
        en brazos de una ama mía,               
        que andase los siete años               
        sola en esta montiña.           
        Hoy se cumplían los siete años,                 
        o mañana en aquel día;   
        por Dios te ruego, caballero,           
        llévesme en tu compañía,                
        si quisieres, por mujer,                
        si no, sea por amiga.           
        -Esperáisme vos, señora,         
        hasta mañana, aquel día,                
        iré yo tomar consejo            
        de una madre que tenía.                 
        La niña le respondiera          
        y estas palabras decía:          
        -¡Oh, mal haya el caballero             
        que sola deja la niña!          
        Él se va a tomar consejo,               
        y ella queda en la montiña.             
        Aconsejóle su madre      
        que la tomase por amiga.                
        Cuando volvió el caballero              
        no la hallara en la montiña:            
        vídola que la llevaban          
        con muy gran caballería.         
        El caballero, desque la vido,           
        en el suelo se caía;            
        desque en sí hubo tornado,              
        estas palabras decía:           
        -Caballero que tal pierde,       
        muy grande pena merecía:                
        yo mismo seré el alcalde,               
        yo me seré la justicia:                 
        que me corten pies y manos              
        y me arrastren por la villa.