Romance de los cinco maravedís que pidió el rey

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Romance de los cinco maravedís que pidió el rey
de Anónimo


         En esa ciudad de Burgos                
        en Cortes se habían juntado             
        el rey que venció las Navas             
        con todos los hijosdalgo.               
        Habló con don Diego el rey,      
        con él se había aconsejado,             
        que era señor de Vizcaya,               
        de todos el más privado:                
        -Consejédesme, don Diego,               
        que estoy muy necesitado,        
        que con las guerras que he hecho                
        gran dinero me ha faltado;              
        quería llegarme a Cuenca,               
        no tengo lo necesario;          
        si os pareciese, don Diego,      
        por mí será demandado           
        que cinco maravedís             
        me peche cada hijodalgo.                
        -Grave cosa me parece,          
        le respondiera el de Haro,      
        que querades vos, señor,                
        al libre hacer tributario;              
        mas por lo mucho que os quiero          
        de mí seréis ayudado,           
        porque yo soy principal,         
        de mí os será pagado.           
        Siendo juntos en las Cortes,            
        el rey se lo había hablado;             
        Levantado está don Diego,               
        como ya estaba acordado:        
        -Justo es lo que pide el rey,           
        por nadie le sea negado,                
        mis cinco maravedís             
        helos aquí de buen grado.               
        Don Nuño, conde de Lara,         
        mucho mal se había enojado;             
        pospuesto todo temor,           
        de esta manera ha hablado:              
        -Aquellos donde venimos                 
        nunca tal pecho han pagado,      
        nos, menos lo pagaremos,                
        ni al rey tal será dado;                
        el que quisiere pagarle                 
        quede aquí como villano,                
        váyase luego tras mí     
        el que fuere hijodalgo.                 
        Todos se salen tras él,                 
        de tres mil, tres han quedado.          
        En el campo de la Glera                 
        todos allí se han juntado,       
        el pecho que el rey demanda             
        en las lanzas lo han atado              
        y envíanle a decir              
        que el tributo está llegado,            
        que envíe sus cogedores,         
        que luego será pagado;          
        mas que si él va en persona             
        no será desacatado,             
        pero que enviase aquellos               
        de quien fuera aconsejado.       
        Cuando esto oyera el rey,               
        y que solo se ha quedado,               
        volvióse para don Diego,                
        consejo le ha demandado.                
        Don Diego, como sagaz,   
        este consejo le ha dado:                
        -Desterrédesme, señor,          
        como que yo lo he causado,              
        y así cobraréis la gracia               
        de los vuestros hijosdalgo.      
        Otorgó el rey el consejo:               
        a decir les ha enviado          
        que quien le dio tal consejo            
        será muy bien castigado,                
        que hidalgos de Castilla         
        no son para haber pechado.              
        Muy alegres fueron todos,               
        todo se hubo apaciaguado.               
        Desterraron a don Diego                 
        por lo que no había pecado;      
        mas dende a pocos días          
        a Castilla fue tornado.                 
        El bien de la lealtad           
        por ningún precio es comprado.